El más allá no es un viaje del Imserso
Hay que reconocerle al cristianismo que al menos es compatible con una vida en el más acá y el más allá, el cielo, puede esperar. Lo digo porque esas visiones espirituales de más allaces llenos de placeres materiales, esos que parecen oasis paradisiacos en medio de un desierto insoportable, esos en los que el alma, el ánima, recorre una interface poblada de sombras y sueños que uno mismo ha creado hasta que esa transmigración nos conduzca a un nivel diferente de conciencia o esa reencarnación pura y dura en que volvemos a renacer en un cuerpo mortal, a mí, que soy inocente, señorías, me recuerda un viaje organizado, no sé si del Imserso, pero me lo recuerda sobre todo en el caso de la reencarnación, viajamos a otro lugar, a veces en compañías agradables o no, nos asomamos a territorios desconocidos, total para volver a todo aquello de lo que deseamos escapar o no. Vaya, aquí estoy yo en una nueva vida con los mismos problemas de siempre, tanto rollo para esto, por favor, puedo darle a la flechita de retroceso a mi vida anterior, me gustaba más que esta, vaya basura de reencarnación me ha tocado, pero si mi jefe de ahora es mi suegra de mi vida anterior, por favor, me desapunto de la reencarnación y me quedo de cristiano, que tengo una vida en el más acá y el más allá ya se verá, que si he aguantado a pie más o menos firme los avatares del más acá por qué no iba a aguantar los del más allá, entrenamiento no me falta y valor se me supone, o eso al menos me dijeron en la mili. El cielo puede esperar, las facturas no.
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