Las marcas de la colada que ya cargan los bomberos de La Palma
Carlos Ayudarte casi nació predestinado para el oficio que desempeña, un trabajo en el que ha tenido que fajarse con varios incendios forestales de envergadura, el último este verano. Desde hace un mes, este bombero de La Palma se traga su impotencia ante momentos que le están dejando “marcado”.
Carlos espera en el punto de control de acceso a La Laguna, en Los Llanos de Aridane, a que le toque el turno de acompañar a algún vecino que quiera seguir vaciando su casa, poniendo todos sus recuerdos a salvo de la colada que lleva días parada a la entrada del pueblo, pegada ya a la oficina de La Caixa, a solo unos metros de la iglesia.
Así han pasado días: la colada, de unos cinco metros de altura, no avanza, pero por detrás el volcán sigue alimentando de lava toda la ladera. Es algo que ya se vivió en Todoque, el barrio que desapareció hace semanas, pero todos quieren pensar que quizás la Laguna tenga otra suerte y se salve. Carlos y varios de sus compañeros están entre ellos.