¿Democracias o totalitarismos? La importancia de enseñar Sociología
Mañana alguien dirá que las cosas son así, porque no pueden ser de otra manera. Porque ellos tienen el conocimiento científico, y saben cómo en verdad son las cosas. Y, cómo hemos permitido que en nuestra sociedad no se enseñe sociología, sino la versión simplificada y simplona de la teoría económica que en tantísimas facultades se enseña como “Economía”, mucha gente se lo acabará creyendo. Y entonces, quienes tienen el poder y los medios acabarán consiguiendo que la sociedad sea lo que ellos quieren que sea, y no lo que las personas, que son quienes constituyen la sociedad, quieren que sea. Entonces dejaremos de vivir en sociedades democráticas y, como sueñan algunos, viviremos en sociedades tecnocráticas.
Gary Becker, economista neoliberal de la Escuela de Chicago, obtuvo el Premio de Ciencias Económicas del Banco de Suecia en Memoria de Alfred Nobel en 1992 por aplicar la teoría económica neoclásica a temas como la desviación social, el crimen o la familia, que tradicionalmente eran estudiados por la Sociología. En Internet circula una anécdota acerca de cómo se le ocurrió la idea: llegaba tarde a una reunión; sólo podía aparcar en un sitio en que estaba prohibido aparcar, lo que posiblemente implicaría que no llegaría a tiempo a esa reunión y perdería los cuantiosos fondos que ahí se repartían. Así que decidió hacer un cálculo costes beneficios: ¿cuánto puedo ganar si voy a la reunión? ¿cuánto puedo perder si me ponen la multa? Decidió saltarse las normas socialmente establecidas acerca de cómo debía comportarse porque “le compensaba”. Mi madre, a la que el Banco de Suecia nunca le ha dado ningún premio en Economía (“Normas para la gestión de la casa”, que es lo que significa, etimológicamente Economía, (de, griego, eco (casa) nomía, normas), en memoria del inventor de la dinamita (Alfred Nobel) hubiera dicho que Gary Becker, por más doctorados que pudiera tener, podrá ser inteligente pero no es una persona bien educada. Porque la educación consiste en que la gente menuda aprenda cosas del tipo “niño/a, esto no se hace, caca”. No está bien robar o matar, por más que los beneficios de hacerlo sean mayores que los costes. Y punto. Y ahora hay gente que pretende que a la gente hay que educarla diciendo: “niño/a, esto puede ser caca, pero si la gente te paga bien por hacerlo, hazlo”.
Gary Becker fue también el autor de la teoría del Capital Humano. Y es en gran medida gracias a la influencia que han tenido sus ideas que la educación superior ha pasado en poco más de medio siglo de ser algo reservado a una élite privilegiada a ser algo a lo que pensamos que debe acceder casi la mitad de la población en edad de hacerlo. Y dedicamos muchos recursos, públicos y privados, para ello. De hecho, se tiende a pensar que, para construir una sociedad con “hombres y mujeres de provecho” es necesario que la juventud se esfuerce por serlo y se saque una carrera. ¿Y qué carreras le decimos a la juventud que tienen que sacarse para convertirse en hombres y mujeres de provecho? Algunas son las que ya estudian: Económicas, Empresariales, ADE, Derecho. Otras, como las ingenierías, no las estudian tanto como quisiéramos. Pero, aunque, al menos hasta ahora, en la práctica totalidad de carreras de Económicas, Empresariales, ADE y muchas otras se estudiaba Sociología, no se suele pensar en la importancia de que es importante que la gente aprenda Sociología. O quizá es sencillamente que, si la sociedad que se quiere construir es totalitaria, es mejor no enseñar Sociología.
En teoría social se considera que lo que plantea Becker parte del paradigma del Homo Economicus: la idea de que el comportamiento colectivo de los seres humanos se explica a partir del SUPUESTO de que las personas son agentes que calculan racionalmente costes y beneficios y que optan por los comportamientos que maximizan su función de utilidad. Yo, que enseño Sociología, explico en clase que el homo sociologicus parte de supuestos muy distintos: las personas somos miembros de grupos sociales, tenemos una cultura, y, para cada situación, intentamos adaptar nuestro comportamiento a las pautas establecidas en función de a qué grupo pertenecemos y de cómo se defina socialmente la situación. Mi madre decía: es que una madre hace lo que haga falta por sus hijos, si hace falta se quita la comida de la boca para dársela a sus hijos. Si sabes a qué grupo perteneces (madre) ya sabes cómo tienes que comportarte, no hace falta que te matricules en una Facultad de Economía para aprender a hacer a hacer análisis costes- beneficios para ver si es mejor comprarte un bolso de diseño nuevo o invertir ese dinero en la educación de tus hijos.
En las últimas décadas las corrientes que han dominado tanto en las Facultades de Economía como en los think tanks que han teledirigido muchos gobiernos han planteado que el orden social es el resultado de procesos “naturales” (el mercado, la ley de la oferta y demanda). Desde su punto de vista no tiene sentido la cuestión de qué tipo de sociedades queremos construir: como siguen una interpretación simplona, simple y simplificadora de la teoría de la evolución piensan que, por aquello de “la adaptación del más fuerte”, al final todas las sociedades acabarán convergiendo en un tipo de organización centrado en las sociedades de mercado capitalistas, siguiendo el modelo de los países anglosajones, en los que desde la década de 1980 domina el modelo neoliberal, y que se enseña, en muchas facultades, como la “evolución natural” de todas las sociedades, el ideal al que todos deberíamos intentar aspirar.
Si se enseñara Sociología en la universidad cualquier persona con un título superior entendería que lo que acabamos de hablar es un ejemplo claro de lo que Gramsci denominaba “hegemonía cultural”. Y, si aprendiera Sociología en las Facultades de Economía y Empresa, cualquier persona con un título superior sabría que no hay uno, sino varios “modelos y caminos hacia el desarrollo”: la especialización flexible propia de la Tercera Italia, de Alemania o de Japón, el capitalismo de Estado de Corea o Singapur o la combinación china entre capitalismo y comunismo. Ser una sociedad “digna” (léase, desarrollada) es algo más que ser una copia más o menos imperfecta de las sociedades anglosajonas. Pero como ahora en las Facultades de Economía ya no se aprende Sociología, me temo que vamos de proa al marisco, como hubiera dicho uno de mis abuelos, que era marino. En las sociedades anglosajonas la democracia ha sido raptada por el tecno feudalismo. Los magnates de Silly.com Valley, que son muy listos para programar código, y auténticos borderline en habilidades sociales, creen que la democracia no es importante, que debe sustituirse por una tecnocracia en que quienes manden deben ser aquellos que tienen el conocimiento científico. Y los economistas pretenden, con sus ideas acercas de las leyes naturales que rigen el comportamiento de las sociedades, ser quienes tienen el conocimiento científico acerca de cómo han de organizarse las sociedades.
Ahora mismo en España y en Canarias hay universidades públicas que quieren eliminar la enseñanza de la Sociología, especialmente en títulos de Economía y Empresa, con el argumento de que lo que tienen que hacer es adaptarse a lo que piden empleadores e impartir asignaturas más “prácticas”. Los neoliberales hablaban de provisión privada de servicios públicos, es decir, que si el mercado puede dar servicios educativos o sanitarios de manera más eficaz y eficiente que el Estado la privatización de servicios públicos contribuye al bienestar general. Ahora parece que de lo que se está hablando es de la provisión pública de servicios privados: para qué van las empresas en formar a la gente en las cualificaciones que requieren cuando eso puede hacerlo el Estado, y así ellos ahorrar tiempo y dinero (a costa del contribuyente, claro). Y la última moda son las asignaturas y cátedras en que profesorado que es funcionario se debe dedicar a dar clases de “emprendiduría”. Mi otro abuelo, que era maestro de la escuela pública en la época de Franco, tenía que impartir clases de “Formación del espíritu Nacional”. Ahora hay quien piensa que yo no soy apto para impartir clase en la universidad pública de Economía porque no imparto “Formación del Espíritu Capitalista”. En la época de mis abuelos las monedas decían “Francisco Franco, Caudillo de España por la Gracia de Dios”. Es decir, el orden social, en el que el que mandaba era Franco, se presentaba como resultado de un designio natural, divino, y no como el resultado de luchas y de equilibrios sociales. Por lo visto, Franco no era Caudillo de España por haber ganado una guerra incivil, sino por la gracia de Dios.
Por lo visto, ahora vamos por el mismo camino. Parece que hay quien piensa que ya no se debe enseñar Sociología, disciplina que si algo enseña es que el orden social es el resultado de equilibrios y pactos sociales. Sino materias supuestamente más “favorables a la creación de empresas” ¸ como la Economía y/o la Organización de Empresas, que nos pretenden hacer creer que el orden social es el resultado de un orden divino, o al menos el resultado de procesos naturales sobre los que los seres humanos no podemos incidir, y que lo mejor que podemos hacer es dejarnos aconsejar por quienes tienen el conocimiento experto (sacerdotes, economistas) acerca de cómo son en realidad las cosas.
Qué quieren que les digan: si no quieren enseñar Sociología, no sé por qué, directamente, no dicen que quieren volver a los tiempos del Antiguo Régimen y enseñar Formación del Espíritu Nacional, Historia Sagrada o Catecismo. Quizá es porque entonces, al menos de manera formal, en esas asignaturas se enseñaba que matar y robar estaba mal, y punto. Ahora al “sistema” le resulta más útil que a la gente, en vez de enseñarle que matar a un ser humano, sea como sea, está mal, se les enseñe que hay que aprender a hacer análisis costes- beneficios, y si millones de personas mueren extrayendo coltán, pero a cambio hay grandes empresas que obtienen beneficios, eso no está mal (el balance coste/beneficio es positivo). ¿Qué tipo de sociedades queremos construir? La importancia de enseñar Sociología tiene que ver con que los miembros de la sociedad entiendan que no es un fenómeno natural el que unas personas tengan que perder su vida extrayendo materias primas o energía para que otras puedan, por ejemplo, consultar cuando quieran la IA. Que entiendan que si muchos se organizan pueden cambiar cómo son las cosas, aunque ello implica pérdidas para algunos pocos. Lo que está claro es que esos pocos, que tienen el poder y los recursos, no tienen interés en que se enseñe materias, como la Sociología, en que se explique que su preeminencia social no es un fenómeno natural, y que, por lo tanto, se puede cambiar.
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