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La estupidez funcional, la IA y las universidades españolas

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En 2012 Alvesson y Spicer, catedráticos de comportamiento organizativo de la universidad de Lund (Suecia) y de la londinense Bayes Business School, respectivamente, acuñaron el concepto de “estupidez funcional” para explicar el comportamiento de las empresas y organizaciones contemporáneas. En la actualidad, para que las empresas funcionen, es necesario que los trabajadores acepten de manera acrítica las órdenes de los superiores. Y los superiores, a menudo, se limitan a copiar de manera acrítica, a hacer lo que otros hacen, siguiendo modas de gestión y no parándose a pensar hasta qué punto lo que resulta útil en otros contextos lo es en el suyo. Un buen ejemplo de organizaciones en las que domina este tipo de prácticas lo constituyen las universidades. Y un buen ejemplo de una práctica que sigue este modo de actuar es la manera que tenemos como sociedad de relacionarnos con la tecnología. ¿Por qué tomamos las decisiones que tomamos? Pues, a menudo, y cada vez más, porque es lo que nos ha recomendado la IA. Y, aunque la propia IA avisa de que sus respuestas pueden contener errores, como se usa de manera acrítica acaba conformando la realidad del mundo en que nos toca vivir. 

En la actualidad parece que se ha aceptado que lo que las universidades tienen que hacer es impartir títulos “prácticos” que ayuden al alumnado a encontrar un empleo, y a los empleadores a encontrar personal preparado. Gracias a la extensión de este tipo de ideas que el Grado en Administración y Dirección de Empresas es el que más alumnado concentra en las universidades españolas. Yo imparto clases de Sociología, asignatura que van a eliminar, en un Grado en Contabilidad y Finanzas, que podría considerarse el primo pobre de ADE (muchas personas que no consiguen entrar en ese grado se matriculan en él). Todos los años, al empezar el curso, pregunto al alumnado por qué han elegido sus estudios, y muchas personas responden “porque es una carrera que tiene muchas salidas”. Aunque en Sociología ya aprenderán que hay que operacionalizar conceptos antes de intentar dar respuestas a cualquier fenómeno social, este año, para hacerme una idea del tipo de información al que accede mi alumnado, he hecho el experimento de preguntar a la IA gratuita de un conocido buscador si el Grado en Contabilidad y Finanzas tiene muchas salidas. La respuesta de la IA: “Sí, el grado en Contabilidad y Finanzas es una de las titulaciones con mayor tasa de empleabilidad y más salidas laborales del sistema universitario español”. Tras intentar “dialogar” y hacer preguntas a la IA, conseguí que me dijera en qué datos se basa para realizar esa afirmación, y me remitió a las dos principales fuentes que existen al respecto, el Sistema Integrado de Información Universitaria (SIIU) y el U-Ranking, elaborado por la Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie). 

Así que accedí a este último, y busqué el área “Finanzas y Contabilidad”. Las estadísticas que se ofrecen señalan que, de las 1.446 personas que obtuvieron dicho título en 2020, estaban afiliadas a la Seguridad Social cuatro años después un 81,2%. La mayoría de la gente necesita trabajar para vivir. Así que, salvo que sigan estudiando, lo normal es que la mayoría de quienes terminaron unos estudios estén, cuatro años después, dados de alta en la Seguridad Social. Los dos indicadores siguientes sí son más interesantes. El ajuste al nivel de estudios de esta área es de un 32%: una de cada tres personas que obtienen un título universitario en esas áreas, cuatro años después de haberlo obtenido, cotizan a la seguridad social en un grupo que requiere nivel de estudios universitarios. O, como le digo yo a mi alumnado: la mayoría de ustedes (dos terceras partes) acabarán trabajando en algo relacionado con la contabilidad y/o las finanzas, pero en algo para lo que hace falta título universitario. Y la base media de cotización de cotización anual de los titulados que trabajan a tiempo completo era de 28.057 euros. 

Hace ya 130 años, en Las Reglas del método sociológico, Durkheim, uno de los padres fundadores de la disciplina, decía que la sociología comparativa no es una rama de la sociología, sino la sociología misma. Así que, para contextualizar los datos anteriores se me ocurrió compararlos con los del Grado en Sociología. Es un grado que obtienen menos personas, 845; su tasa de afiliación a la Seguridad Social a los cuatro años es algo menor (71,2%) al igual que su base de cotización (27.237 euros). Pero el ajuste al nivel de estudios era mucho mayor, un 42,2%. Así que, con los datos en la mano, mientras que sólo uno de cada 3 personas con un título en Contabilidad y Finanzas acaban cuatro años después trabajando de lo suyo (de universitarios), 4,2 de cada 10 personas que obtiene un título de Sociología lo hacen. ¿Y el título en ADE? Lo obtuvieron, en 2020, 14.988 personas en toda España. Cuatro años después (2024) estaban afiliados el 80,3% de esas personas, con una base media de cotización de 32.427 euros, y un ajuste al nivel de estudios casi calcado al de Sociología, 42,1%. 

Las universidades españolas son un magnífico ejemplo de “estupidez funcional”. Muchas de las personas a las que imparto clase en primero en la Facultad de Economía y Empresa reconocen que lo que les apasiona es otra cosa, pero piensan que a la universidad han de ir a estudiar algo “que tenga salidas”. Pues resulta que quienes estudian Sociología, normalmente porque les gusta, acaban teniendo tantas salidas como ellos. Y ahora parece que muchas universidades españolas se están planteando suprimir la enseñanza de la sociología. Si para que las organizaciones funcionen es necesario que quienes participan en las mismas abdiquen de su capacidad de pensar y se comporten como estúpidos(as) es seguramente una buena idea. Claro que, según Alvesson y Spicer, la estupidez funcional es práctica a corto plazo, pero acaba siendo letal, a largo plazo. 

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