Diez marineros senegaleses abandonan sin solución un atunero vasco bloqueado en Lanzarote tras meses sin sueldo

Los once marineros senegaleses que llevan meses abandonados en Lanzarote

El último barco que puede observarse en el Puerto de Naos, Lanzarote, es el Gaztelugaitz. La posición de este atunero vasco permanece estática desde hace seis meses en todos los radares de localización de buques. El barco pesquero de 30 metros de eslora y 7 de manga llegó a Arrecife desde Dajla a finales de febrero, después de que la sobreexplotación de la pesca en Senegal obligara al armador a buscar alternativas. Sin embargo, el desenlace ha sido el abandono de una tripulación de once senegaleses en un muelle sin comida suficiente, sueldo, ni documentación. Desde este miércoles, de este grupo de marineros solo queda uno en el interior del buque. Lejos de haber llegado a un acuerdo con el armador, los senegaleses han optado por buscar una solución por su cuenta y mudarse a casas de familiares en distintos puntos de España. 

Fuentes próximas a los pescadores han asegurado que la noche del martes 13 de julio el armador fue a bordo junto a la Policía Nacional de Fronteras y les hizo un pequeño pago. Estas mismas fuentes apuntan que el jefe les “amenazó” con denunciarlos si no abandonaban el buque. “La intención del armador es cansarlos y que se marchen para denunciar que han abandonado el barco”, valoran. “A causa del miedo”, casi todos los marinos se han marchado ya. Esta redacción ha intentado contactar con algunos de los pescadores que han salido del barco, pero se han negado.

El inspector en Canarias de la International Transport Worker’s Federation (ITF), Gonzalo Galán, explica que desde su sindicato han interpuesto una denuncia, y ahora es la Inspección de Trabajo la que debe actuar de oficio. “No entendemos por qué han traído a los tripulantes si no tienen permiso para trabajar en España”, defiende. Además, lamenta que los pescadores hayan quedado en una situación de desamparo. 

El mecánico del barco es el último marinero que queda dentro del Gaztelugaitz, y sigue confiando en que el armador ofrecerá una solución. “Me han dicho que el 21 de julio podré volver a Senegal”, cuenta en declaraciones a Canarias Ahora.

Hasta este momento, todos habían subsistido dentro del pequeño barco gracias a la solidaridad de los vecinos y las vecinas. En especial de Moussa, un compatriota residente en la isla que les proporcionaba alimentos. También ha formado parte de esta red el Apostolado del Mar, que ha sido además apoyado por Cáritas. Esta organización, pese a que no ha realizado una atención directa, colaboró ofreciendo alimentos a la Iglesia dedicada a asistir a las personas que trabajan en el mar. 

El conflicto de los atuneros vascos 

La presencia de atuneros vascos procedentes de Senegal en los puertos de Canarias en los últimos meses ha desatado la tensión entre los pescadores isleños. El Gaztelugaitz no es el único pesquero de País Vasco que ha aparecido en las islas en 2021. En marzo, el Aita Fraxku atracó en Santa Cruz de Tenerife. Su armador, según fuentes del sector, es el mismo que el de la tripulación senegalesa abandonada en Lanzarote. Ahora.plus ha intentado localizarlo sin éxito. 

La Federación Regional de Cofradías de Pescadores de Canarias denunció entonces que el Aita Fraxku estuvo faenando en las costas de Tenerife. Los marineros canarios se vieron “amenazados por la entrada de competidores”, mientras que el Gobierno vasco pedía al Ejecutivo canario los permisos necesarios para que tres atuneros cañeros de Euskadi pescaran cebo vivo en aguas cercanas a las Islas. Su propósito era “intentar recuperar parte de su actividad” mientras durara la prohibición de pescar en Senegal por la sobreexplotación de los recursos.

El pescado de Senegal

La Unión Europea paga a Senegal 1,7 millones de euros al año para que barcos europeos puedan faenar en aguas senegalesas. Al menos 20 barcos de bandera española se benefician de estos permisos para capturar principalmente merluza y atún, en un territorio donde la pesca alimenta a la mayor parte de la población local. A estas embarcaciones también se suman buques de China o Rusia, con la consecuente sobreexplotación de los recursos de la zona que obligan a los pescadores locales a adentrarse más en el océano para poder acceder a sus propios recursos.

Esta es una de las principales causas del aumento de llegadas de jóvenes senegaleses a Canarias en pateras y cayucos en los últimos años. Según un informe de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), al menos un 33% de las personas que parten de Senegal rumbo a España trabajan en la pesca. En especial, en el caso de los migrantes que provienen de Saint Louis y Mbour, dos de los puntos clave en la salida de cayucos hacia el Archipiélago tanto en la crisis de acogida de 2020 como en la denominada crisis de los cayucos de 2006. 

A partir de octubre de 2020 aumentó el número de cayucos que llegaban a las costas canarias, en especial a Tenerife. Fuentes del sector pesquero explican que en esta época del año se produce el paro biológico en la pesca artesanal, una medida que prevé que durante un mes y medio los peces puedan reproducirse para así no acabar con los caladeros. Para las familias que subsisten gracias a este sector, un mes y medio sin pesca supone la ruina.

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