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La hija de Buesa se pregunta si, tras 25 años en prisión, los asesinos de su padre hacen “una lectura crítica” de ETA

El monolito que recuerda a Fernando Buesa y Jorge Díez, asesinados por ETA, en Vitoria

elDiario.es Euskadi

Vitoria —
21 de febrero de 2026 21:16 h

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Sara Buesa, hija del dirigente del PSE-EE Fernando Buesa, asesinado por ETA en 2000, ha dicho ser “consciente” de que el momento de la puesta en libertad o de disfrute de beneficios penitenciarios de los condenados por el atentado contra su padre y su escolta “tenía que llegar” y se ha preguntado si, después de 25 años en prisión, los asesinos de su padre hacen “una lectura crítica” de su militancia en ETA, si “se cuestionan que arrebataron vidas” y si son capaces de sentir “el inmenso daño que nos causaron”.

Sara Buesa ha intervenido este sábado en el actual anual de la Fundación Fernando Buesa Blanco, de la que es vicepresidenta, el 'in memoriam' en honor de su padre y del escolta de este, el ertzaina Jorge Díez, asesinados en 2000 por ETA en un atentado con coche bomba en Vitoria. El acto, que se ha celebrado en el palacio de congresos Europa, ha contado con la participación especial de Alejandro Ruiz-Huerta, sobreviviente del atentado de los abogados de Atocha.

La hija del político socialista ha señalado que “ahora estamos en otro tiempo, un tiempo de paz” y “el terrorismo y la convivencia ya no figuran entre las principales preocupaciones de la sociedad vasca”. “A la gente le preocupan la vivienda, el empleo, la sanidad, la seguridad ciudadana, cosas que impactan en la vida cotidiana y es normal”, ha dicho, para reconocer que no puede evitar “cierta desazón”, porque para ella “no es un ciclo cerrado ni superado”, según recoge Europa Press.

“Hay heridas abiertas que escuecen. Asumo que la realidad siempre va a ser imperfecta a nuestros ojos, que es imposible tener una reparación a la altura de nuestro daño”, ha manifestado, para añadir que “hay situaciones difíciles, con las que tenemos que convivir, aunque nos duelan, porque creemos en los principios democráticos de los que nos hemos dotado para la vida en común”. En ese sentido, ha recordado que las personas que asesinaron a su padre y a su escolta, Luis Mariñelarena Garciandía, Diego Ugarte López de Arkaute y Asier Carrera Arenzana, han salido de prisión en tercer grado los dos primeros y en libertad condicional el tercero.

Tras reconocer que era “consciente de que este momento tenía que llegar”, ha explicado que para su familia “fue importante que se hiciera justicia, que se supiera la verdad de quién dio la orden de matar a aita, quien lo planificó, quien lo ejecutó, que esas personas fueran juzgadas y hayan cumplido sus penas”. Ahora, según ha dicho, lo más significativo para ella “no es tanto el tiempo en prisión, 25 años no son pocos, sino el proceso personal de reflexión que hayan podido hacer”. “Si hacen una lectura crítica de su militancia en ETA. Si se cuestionan que arrebataron vidas. Si Asier, Luis y Diego son capaces de ver las personas que eran Fernando y Jorge, de conectar con el dolor y sentir el inmenso daño que nos causaron”.

Sara Buesa ha recordado que el pasado mes de enero “30.000 personas se manifestaron recientemente exigiendo el final de la política de excepción para los presos de ETA”, pero ha lamentado que “nunca esas reivindicaciones van acompañadas de una consideración o mensaje de empatía hacia las víctimas”. Según ha señalado, Etxerat “denuncia que están naciendo niños que tienen a sus abuelos en prisión y que eso no es normal, pero ni mis hijos ni ninguno de los siete nietos y nietas de aita conocieron a su abuelo, porque otros abuelos decidieron que así fuera”. “Y, como ellos, cientos de niños y niñas no han podido conocer a sus abuelos porque ETA acabó con sus vidas”, ha advertido.

Sara Buesa ha asegurado entender “la dureza que supone para la vida de un niño o niña tener a su aita, su ama, o su abuelo en prisión” y ha considerado que “hay reivindicaciones legítimas, como el acercamiento de presos a sus familiares”, pero se ha preguntado “cómo puede ignorarse el drama humano de tantas vidas segadas y familias destrozadas”.

La hija de Buesa ha explicado que cuando se vive una experiencia traumática, “las muestras de solidaridad y los gestos de cariño alivian esa sensación de desarraigo y soledad, sostienen en el dolor”, pero ha lamentado que las víctimas de ETA “sufríamos la frialdad, la crueldad y la falta de empatía de una parte de la sociedad vasca, que, en lugar de arroparnos, celebraba el asesinato de nuestros familiares”. Según ha manifestado, “la necesidad de sentir el abrazo social en nuestra tierra sigue en nosotras y los ecos de épica y legitimación que todavía persisten en torno al terrorismo de ETA nos siguen doliendo y son rescoldos que contaminan nuestro ambiente”.

“La violencia vuelve a ganar espacio”

Por otro lado, ha advertido que “la violencia vuelve a ganar espacio en nuestras calles” y que “las generaciones jóvenes de hoy toleran y justifican más la violencia que las de hace una década”. “Los extremos y la radicalidad crecen, frente a la moderación, que no está de moda”, ha alertado, para apuntar que “casi un 25% de la juventud vasca de entre 18 y 25 años se identifica con posiciones de extrema izquierda o de extrema derecha, todo ello en un contexto global en el que cada vez se valoran y respetan menos la democracia y las instituciones”.

En un mundo en el que, según ha indicado, “imperan las lógicas de poder, las injusticias y las desigualdades, se va instalando un clima de desconfianza, en el sistema, en la justicia, en la política, en los medios de comunicación y en las propias personas”. “La insatisfacción y el malestar crecientes son el caldo de cultivo para el miedo, los discursos de odio y la violencia”, ha advertido, para afirmar que “donde la polarización prevalece, la cooperación desaparece y se extienden la desesperanza y la desafección”. A veces, ha reconocido, dan ganas de “bajarse” de este mundo, de “tirar la toalla”, pero, según ha afirmado, “situarnos en una posición catastrofista no ayuda”.

Sara Buesa ha deseado que “todas las personas puedan ejercer su libertad, respetándonos y conviviendo las unas con las otras” y ha subrayado que “la democracia es un proyecto de vida en común”. “Hay personas con las que sentimos que no tenemos nada que ver, que tienen comportamientos despreciables que nos hacen daño, a veces mucho daño, y, aun así, son seres humanos, con dignidad y con derechos”, ha dicho. Para concluir, ha asegurado que “solo hay una única comunidad integradora posible, la enraizada en los derechos humanos y, como decía aita, en la condición de ciudadanía, que es la que nos da derechos y obligaciones, sin hacer distinciones ni discriminar a nadie”.

Tras su intervención, Sara Buesa ha mantenido un diálogo con Alejandro Ruiz-Huerta Carbonell, último sobreviviente del atentado de los abogados de Atocha ocurrido el 24 de enero de 1977, que ha versado en gran parte sobre su último libro titulado “Violencia, compasión, memoria”. Para finalizar el acto, tres bailarinas de Noralai-Escuela de Danza de Vitoria han interpretado una pieza que ha resumido todo lo abordado en el acto.

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