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Guía de Nueva York: El distrito financiero, un paseo por el gran templo del capitalismo mundial

La niña sin miedo. Esta escultura frente a la Bolsa de Wall Street se ha convertido en un símbolo inesperado e involuntario de resistencia ante la maquinaria del capitalismo financiero.

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Wall Street es uno de los grandes iconos de la trama urbana de la ciudad de Nueva York. Aquí se encuentra el Edificio de la Bolsa (11 Wall Street), quizás el mayor de los iconos del capitalismo ultra globalizado que nos gobierna con mano de hierro. El edificio, con ese aspecto de viejo templo clásico de piedra rodeado de gigantes de cristal y acero, se inauguró a principios del siglo XX y en aquel entonces aún se erguía dominante sobre un ‘skyline’ de los icónicos edificios de ladrillo rojo de cinco o seis plantas. La gente llega aquí y busca con ansiedad el famoso Charging Bull (Bowling Green) sin saber que el famoso toro que embiste con toda la fuerza del ‘libre mercado’ se encuentra a varias cuadras de aquí.

Frente al gigante de las finanzas lo que hay es una niña menuda que mira desafiante la fachada del gran templo del capitalismo mundial. La Fearless Girl (2-26 Broad Street), literalmente la niña intrépida, se situó originalmente frente al toro. Pero ante las quejas del autor del animal que embiste se trasladó frente al edificio de la bolsa. La idea era reivindicar el papel de la mujer en las grandes empresas. Pero el nuevo emplazamiento dotó a la estatua de un nuevo sentido: la resistencia del débil frente a los poderosos. Les salió el tiro por la culata.

El Distrito Financiero de Nueva York ocupa el extremo sur de la isla de Manhattan. Es un lugar contradictorio. Se supone que aquí se fundó la ciudad de Nueva York. La propia Wall Street, que cruza la isla de este a oeste, marta el lugar donde se levantó la primitiva muralla de la vieja Nueva Ámsterdam a principios del siglo XVII. LO que hoy es el símbolo de la globalización capitalista era una muralla para impedir que otros entraran a la ciudad. Curioso. De aquellos primeros siglos queda muy poco. Hoy reina el rascacielos de oficina. Pero aún así este lugar es uno de los barrios imprescindibles de cualquier visita a la ciudad. Un lugar marcado por la verticalidad donde también hay pequeños huecos para la historia y la arquitectura de nivel.

Edificio de La Bolsa. Templo supremo de las finanzas en Wall Street, el lugar donde se encontraba la muralla de Nueva Ámsterdam.

Ya te hemos situado sobre el epicentro de Financial: A dos pasos de Wall Street tienes otros lugares de interés: el Federal Hall (26 Wall Street), un edificio del siglo XIX construido sobre el lugar donde se celebró el primer congreso de representantes de las 13 colonias previo al quilombo de la guerra de la independencia; la Trinity Church (89 Broadway), un fantástico templo neogótico del XIX que ocupa el lugar de la iglesia más antigua de la ciudad o el Convene Building (101 Greenwich), uno de los primeros rascacielos de Nueva York.

Cicatriz. Uno de los grandes huecos dejados por las Torres Gemelas.

Las cicatrices del World Trade Center (180 Greenwich Street).- La cicatriz no acaba de cerrar la herida. Encontrarse ante los dos enormes huecos que dejaron las Torres Gemelas es una de las experiencias más intensas que se pueden vivir en la Gran Manzana. Este lugar se ha convertido en otro templo del Financial. Un hueco gigantesco abierto en una de las tramas urbanas más apretadas y agobiantes del mundo. El Memorial del 11 de Septiembre articula un gran espacio urbano que resalta la ausencia. ¿Merece la pena visitar el museo? A nosotros no nos dijo mucho la verdad. Nos pareció mucho más potente el espacio en sí que el contenido del memorial.

Nuevos iconos. El 'Oculus' de Santiago Calatrava y el 'One World' reinan en la Zona Cero de Nueva York.

Pero más allá del significado simbólico de los dos grandes huecos que simbolizan las torres desaparecidas, este lugar es también un monumento a la ‘oportunidad’ que siempre aprovecha el ‘libre mercado’. La zona sufrió una enorme reconversión urbana con nuevos iconos arquitectónicos. El más notable desde el punto de vista estético es el ‘Oculus’ (185 Greenwich Street), el nuevo intercambiador de transporte público diseñado por Santiago Calatrava que aprovechando la coyuntura también sirve de gran centro comercial. Y el más brutal es el One World (117 West Street), un rascacielos enorme -es el más alto de Estados Unidos- que culmina en uno de esos miradores con vistas alucinantes sobre toda la ciudad (al módico precio de 49 dólares la entrada).

Charging Bull. Uno de los símbolos del Distrito Financiero de Nueva York.

City Hall Park, el límite norte del Distrito Financiero.- Tomaremos al City Hall Park como extremo norte de este paseo por el Distrito Financiero antes de encaminar los pasos hacia el extremo sur del ‘barrio’. Aprovecha la ocasión para darte un vuelteo por la Capilla de San Pablo (209 Broadway) que es el único edificio religioso anterior a la independencia de toda la ciudad (es del siglo XVIII). A este pequeño templo neoclásico lo llaman el milagro del 11-S ya que apenas sufrió daños pese a estar al lado de las torres (no se rompieron ni las vidrieras). Ya en Citi Hall Park detente en tres edificios. El más obvio es el del Ayuntamiento, un palacio cívico de inicios del XIX que se construyó poco después de la independencia. Y a ambos lados del parque tenemos dos verdaderas joyas: el Edificio Woolworth (233 Broadway), un precioso rascacielos neogótico de inicios del siglo XX (muy bonito de ver con un vestíbulo alucinante) y la mole del Manhattan Municipal Building (1 Centre Street).

Stone Street. Uno de los pocos sectores del Distrito Financiero de Nueva York que ha sobrevivido a la voracidad de la especulación inmobiliaria.

Stone Street y algunos secretos de Nueva Ámsterdam.- Recibe el nombre por haber sido la primera calle pavimentada de toda la ciudad. Esta vía peatonal supone un descanso en el ‘ecosistema’ de grandes rascacielos impersonales que marcan el paisaje urbano del Lower. Aquí se conserva una pequeña foto fija de finales del siglo XIX con edificios de ladrillo rojo de entre tres y seis pisos que nos dan un respiro. Pero no te engañes. Stone Street no se escapa del dominio del dios capital. El lugar es una sucesión de bares y restaurantes. En torno a esta calle hay dos lugares de interés para los amantes de la historia. En el número 63 de Pearl Street puedes ver, protegidos por una cristalera, los restos de la Lovelace Tavern, una vieja taberna de los primeros años de vida de la ciudad. Y yendo hacia el lado contrario, ya en plena costa, tienes el Clinton Castle (Battery Place), una vieja batería artillera de principios del siglo XIX que se construyó a toda prisa para defender la ciudad ante un eventual ataque de los ingleses (que habían sido expulsados del país apenas unos años antes).

El siglo XVIII mira de frente al XXI. Fraunces Tavern, un lugar con mucha historia donde el mismísimo George Washington brindó por la independencia del país.

Una pinta histórica en Fraunces Tavern (54, Pearl Street).- Este local situado a dos pasos de Stone Street es el pub más antiguo de la ciudad (1762) y en sus salas se urdieron algunos de los planes que desembocaron en la independencia del país. Aquí, el mismísimo George Washington reunió a sus hombres de confianza nueve días después de la partida de los últimos ingleses para celebrar la independencia. Y en honor a él se sigue sirviendo el pastel de pollo que volvía loco al general y primer presidente del país. Es un lugar muy bonito de ver y no es excesivamente caro para comer.

El Museo Nacional de los Indios Americanos (1 Bowling Green).- Ubicado en un magnífico edificio del XIX que sirvió de aduana general de la ciudad este impresionante museo atesora una colección de objetos arqueológicos y antropológicos que abarcan a la práctica totalidad de las sociedades originarias de América. Ojo, no de Norteamérica. De todo el continente. Es un lugar digno de visitarse, aunque inabarcable en un par de horas. Si tienes un hueco aprovecha, pero esto es gigantesco.

Barcos históricos en el Sea Port de la vieja Nueva York.

El Sea Port de Nueva York.- Este pequeño barrio es una joya que muy poca gente viene a ver. Aquí puedes encontrar algunos de los edificios más antiguos de la ciudad, mucha vida marinera y vistas alucinantes al mítico Puente de Brooklyn. Durante varios siglos, este complejo de amarres y dársenas (piers -muelles- 15, 16 y 17) concentraban buena parte del tráfico marítimo que arribaba o salía de la ciudad. Los conjuntos de casas de estilo federal (finales del XVIII y principios del XIX) se concentran en Fulton Street, Front Street y Water Street. No dejes de pasarte por Fulton Market Building (Fulton Street), un antiguo mercado de pescado reconvertido en polo gastronómico y el Cannon’s Walk, un patio de vecinos congelado en el tiempo.

Edificios de ladrillo en Sea Port.

La relación de la ciudad con el mar capitaliza la oferta cultural y museística de esta zona de Nueva York. En la esquina de las calles Fulton y Pearl se erige un faro de 18 metros levantado en honor de las víctimas de un barco que debió llegar a Nueva York en abril de 1912 pero que se perdió en el mar. Obviamente hablamos del Titanic. El Schermerhorn Row, South Street Seaport Museum (12 Fulton Street) atesora todo ese legado marítimo de Nueva York y custodia, entre otras naves, dos buques históricos que pueden visitarse: el Ambrose, uno de los buques faro más famosos del mundo, y el Wavertree, un clipper de finales del XIX que representa a la última de las grandes eras de la navegación a vela. Para los amantes de la cultura marítima, este museo es una delicia.

Fotos bajo Licencia CC: Michael Daddino; Thank You; Billy Wilson; Mack Male; patrick janicek; Anthony Quintano; William Warby; Billie Grace Ward; Phillip Capper

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