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Corridas de toros subvencionadas contra la despoblación en Cantabria: 132.000 euros para cuatro nuevos habitantes en tres años

Un informe reciente de la Fundación Franz Weber (FFW) señala que los cinco municipios rurales de Cantabria beneficiados con ayudas publicas para eventos taurinos -Rasines, Pesaguero, Bárcena de Pie de Concha, Molledo y Tudanca- han registrado cuatro nuevos habitantes en tres años. El coste de este 'éxito' demográfico asciende a 132.000 euros, de lo que se desprende que cada nuevo residente - financiado bajo la premisa de que los toros fijan población- ha costado a las arcas públicas unos 33.000 euros.

Rubén Pérez Sueiras, portavoz de incidencia política de FFW, advierte igualmente que varios de los municipios que organizan este tipo de eventos comparten una misma empresa organizadora: Tudanca Toros. El portavoz denuncia que estas ayudas son, en la práctica, un “mantenimiento artificial”. Las subvenciones, que en municipios como Tresviso o Valle de Villaverde pueden cubrir hasta el 100% del gasto, llegan a pagar desde la organización hasta la publicidad de los eventos. “Cubren absolutamente todo”, explica Pérez, “lo que permite a los promotores no arriesgar su propio dinero” y que resulte “un negocio redondo”.

Pérez trabaja para la fundación desde 2012 y se ha convertido en la sombra de las administraciones que intentan sostener artificialmente la tauromaquia. El activista antitaurino explica cómo en un informe de 14 páginas que el Ejecutivo de Sáenz de Buruaga (PP) le remitió el pasado mes de marzo -en respuesta a una consulta pública que realizó-, lejos de aclarar el impacto económico de las subvenciones a la tauromaquia, se enumeran una serie de medidas genéricas que no aclaran en ningún caso el impacto económico de las mismas. “Dedica páginas enteras a hablar de becas universitarias, mejoras en consultorios rurales, exenciones en el canon del agua o deducciones por gastos de guardería”, advierte el portavoz.

La “excusa” de la despoblación

En el documento firmado por el subdirector general de Seguridad y Protección Ciudadana José Manuel Rios Salinas, al que ha tenido acceso elDiario.es, hay únicamente dos menciones directas a la tauramoquia, asunto que motivaba la consulta. “El Gobierno de Cantabria no tiene la más mínima idea ni dato que sustente que estas subvenciones han tenido un impacto real”, afirma Pérez con rotundidad. “Te contestan con una relación de todas las actuaciones del Gobierno en todos los ámbitos, pero no resuelven la pregunta concreta sobre el impacto de los toros”.

La respuesta oficial que recibió la fundación no contiene cifras concretas sobre venta de entradas o movimiento de personas no empadronadas en estos eventos subvencionados. En su lugar, el Ejecutivo se limita a defender que la tauromaquia es una “medida favorecedora del desarrollo” y el “fomento de la economía”.

“Es un debate que debe darse a nivel político y social: ¿qué modelo de cultura u ocio necesitan estos municipios?”, reflexiona el portavoz. “Si el presupuesto de las fiestas se va en gran parte a los toros, no queda nada para ludotecas, actividades familiares o programación cultural de pequeño formato que sí podría ayudar a las familias”. Pérez subraya que, mientras el 97,7% de la ciudadanía cántabra declara no asistir a eventos taurinos, el Gobierno se empeña en una “dinamización” que solo beneficia a un lobby muy concreto.

Incluso es habitual inflar los datos de asistencia a estos eventos, según la FFW. Pérez menciona el caso de la última corrida de toros celebrada en Pesaguero, el pasado septiembre, donde el gobierno habló de 1.800 asistentes: “Vimos las fotos de aquel día y ahí no había esa cantidad ni de broma”. El portavoz cuestiona además cómo se barema la presencia en un encierro: “¿Cuentas a la gente que corre unos minutos o a los que se asoman a ver qué pasa?”, se pregunta.

Fomento de violencia animal entre menores

Más allá del despilfarro económico, el punto más crítico para la Fundación Franz Weber es la exposición de menores a la violencia. Recientemente, la entidad ha denunciado que el Ayuntamiento de Castañeda ha patrocinado entradas gratis para niños de 0 a 7 años para asistir a una suelta de vaquillas. Esta práctica ignora las advertencias directas del Comité de los Derechos del Niño de Naciones Unidas, que en 2018 y en febrero de este año reiteró su recomendación de alejar a los menores de 18 años de la violencia taurina.

“La participación de menores en la tauromaquia preocupa a la ONU, y Cantabria tiene que hacer los deberes si no quiere ser interpelada de nuevo”, advierte Pérez. El portavoz señala casos como la suelta de becerros en Rasines, donde se permite la participación infantil en un ambiente que refuerza la normalización del sufrimiento animal. La justificación del Gobierno cántabro para no sancionar estos eventos en 2025 fue, según Pérez, el “absurdo máximo”: alegaron que el animal no pertenecía a una raza brava y que, por tanto, no representaba un riesgo para los menores.

Desde un punto de vista científico, Pérez recuerda que existe un consenso sobre los efectos negativos de esta exposición: “Diferentes especialistas han advertido alteraciones en el comportamiento, niveles de agresividad y ansiedad posterior en menores expuestos a contenidos violentos”. Para la fundación, regalar entradas a niños de seis o siete años es una estrategia del lobby para buscar un “relevo generacional” a través de la insensibilización temprana.

Falsa vinculación con la identidad cántabria

Otro tema recurrente, denuncia Pérez, es la supuesta vinculación de la tauromaquia con la identidad cántabra, algo que la consejera de Cultura ha defendido recientemente. “Es algo impostado”, sostiene el activista. “Sociológicamente, Cantabria es cada vez más parecida a Asturias o Galicia, donde la afición es mínima fuera de ferias muy específicas sostenidas por turistas, como la de Santiago en Santander o la de Pontevedra”.

La conclusión de Pérez es clara: el dinero público debería destinarse a servicios básicos y no a financiar “sangre y violencia” bajo una excusa demográfica que los propios datos desmienten, ya que el conjunto de municipios rurales sigue perdiendo población.

Desde la Fundación Franz Weber adelantan que van a seguir vigilantes, analizando cada expediente de subvención y cada oferta infantil, en una Cantabria donde, en esta legislatura, las vaquillas parecen tener más prioridad presupuestaria que otro tipo de ocio en línea con la ley de bienestar animal.