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Los que faltan, las que se ignoran

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Hay tanta alegría por el posible cambio de nombre en 15 calles de Santander que a día de hoy están contramarcadas por el franquismo que cuesta musitar una queja o un reclamo. Parece que debemos poner en un altar a la Fiscalía de Derechos Humanos y Memoria Democrática —es como hacer la ola a cada obrero que levanta muro a prueba de nivel— y felicitar al oculista de la alcaldesa que le ha hecho ver que mejor cumplir la ley que seguir en rebeldía —tampoco se le puede aplaudir la 'epifanía' cuando el Ayuntamiento de la capital cántabra lleva 18 años haciéndose el 'despistado' para burlar la ley—. Parece que ya no hay nada que decir, aunque lo hay. Y mucho.

Primero porque faltan muchas calles por revisar. La Fiscalía, en una estrategia inteligente, advirtió al Ayuntamiento sobre aquellas calles que la propia institución pública había señalado como susceptibles de cambio. Se trataba pues de una rebeldía sobre la rebeldía. Pero hay muchas más calles a revisar. Desde Calvo Sotelo a Tomás Soto Pidal, desde Emilio Pino o González Mesones a Joaquín Reguera Sevilla, desde Capitán Palacios hasta Pancho Cossío… En un recuento rápido y torpe podríamos sumar casi 20 calles o plazas más al listado 'oficial', que ya nadie recuerda por quién fue elaborado, aunque todo comienza por un informe dirigido desde el despacho de Alcaldía allá por 2011.

Tampoco recordamos los diversos comités de expertos convocados que han ido dejando un reguero de escombros en este trabajo incompleto. La hemeroteca no engaña. Por ejemplo, en 2016 se reunían unos “expertos” convocados por la concejala de Cultura del momento que no dejaba duda de los sesgos: Antonio Santoveña, José Ramón Saiz Viajero, Francisco Gutiérrez Díaz (Centro de Estudios Montañeses), Juan Antonio González Fuentes, Jesús Laínz, Salvador Carretero (MAS), Manuel Ángel Castañeda (Ateneo de Santander) y Francisco Ignacio de Cáceres. Todos hombres, todos con bastantes años, todos —excepto Saiz Viadero— con raíces muy conservadoras, representantes de la “gente de bien”… una foto como sacada de otro tiempo en la que, curiosamente, solo desentonaba la concejala —mujer, joven— . Las recomendaciones de este grupo sobre las calles que debían cambiar de nombre no podía ser rupturista y el listado reducido y limitado de 18 calles (del que ya salieron División Azul, Columna Sagardía y Alcázar de Toledo) sigue marcando los pasos legales y políticos de nuestra maltrecha memoria histórica.

Faltan muchos nombres por cambiar que no figuran en lista oficial alguna y son ignoradas de nuevo mujeres importantes en la historia cultural, política y social de la ciudad o eventos, instituciones populares o momentos históricos que nos explican

En mayo 2017, otro grupo, esta vez de Patrimonio, Historia e Identidad —con participación de entidades independientes, expertos y concejales—, determinó los criterios a la hora de elegir nombres para calles y plazas de la ciudad y aquí sí se sentía algún paso adelante fruto del debate entre sectores diversos (ya no personas individuales). Este grupo recomendaba “conservar o recuperar las denominaciones antiguas u originales, si existiesen, especialmente si son populares o están arraigadas. (…) establecían como prioritarios los nombres femeninos, con el objetivo de tender un equilibrio en cuanto a presencia de hombres y mujeres en el nomenclátor (…) recomendaban introducir no solo nombres de personas sino también de entidades, valores sociales reconocidos, hechos históricos, lugares, fechas significativas para la ciudad, actividades asociadas históricamente a áreas urbanas, y en general, sobre bienes pertenecientes al patrimonio inmaterial de la ciudad”. 

Nadie les hizo caso en 2022, cuando apareció de la noche a la mañana una propuesta en la Comisión de Cultura del Ayuntamiento, esta vez redactada por Javier Ceruti —sin más—. Aquella propuesta será la que ahora, según ha anunciado el Ayuntamiento, se va a aplicar. Increíble, el extinto partido Ciudadanos por fin dejará huella indeleble en la ciudad. Es realmente un hecho alucinante. Un listado de calles que responde al ánimo individual de un concejal (véase la sobre representación de marinos en una lista hecha por un reservista de la Armada) será el que se imponga sin una sola consulta a la ciudadanía. Igual que nadie preguntó a las vecinas y vecinos de Alcázar de Toledo por el nuevo nombre de su calle, nadie lo ha hecho sobre las otras 15 calles que serán renombradas.

Por tanto, 13 hombres, solo dos mujeres que nadie puede identificar con su propia historia, decenas de ausencias llamativas y un silencio extraño y abrumador por parte de la mayoría de partidos políticos limitando así el asunto a un tema casi personal entre un fiscal y una alcaldesa; cuando el nomenclátor es la huella narrativa que cada sociedad deja en el territorio. Y nuestra huella ha estado marcada por los sesgos ideológicos de los alcaldes y alcaldesas, por la validación de esos sesgos por parte de “expertos” sin alma ni osadía y por la reproducción de los olvidos por parte de los medios de comunicación. Vaya historia.

Faltan muchos nombres por cambiar que no figuran en lista oficial alguna y son ignoradas de nuevo mujeres importantes en la historia cultural, política y social de la ciudad o eventos, instituciones populares o momentos históricos que nos explican. Este supuesto cambio de nombres previsto solo nos evita lo innombrable pero vuelve a fallarle a la sociedad y al derecho a reparación simbólica.

PD. La Fiscalía no ha hecho más que su trabajo, pero sí es de agradecer el bajo perfil del fiscal Carlos Yáñez y la sensibilidad para escuchar a los colectivos memorialistas. En tiempos de abismos entre las instituciones y la sociedad civil, se agradecen los seres que construyen puentes para devolver la credibilidad al Estado.