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La política espectáculo

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Hace dos meses que en Puente Viesgo no tienen médico, y no lo tendrán hasta octubre, como mínimo. Tampoco lo hay en Luena, ni en Valderredible, ni en Cartes. No descartemos que haya más centros de salud fantasma en la geografía cántabra. Y eso que aún no ha venido el plato fuerte del cierre de consultorios con las vacaciones estivales, que ahora nuestro Gobierno programa y comunica con la mayor de las naturalidades.

Desde las ventanas de las estancias presidenciales no se escuchan los lamentos, las esperas y los contratiempos. A la Consejería de Sanidad la rebautizaron como Consejería de Salud, pero necesitaría algún prefijo más privativo para responder a su verdadera naturaleza.

Mientras tanto, a varios kilómetros de distancia de la realidad, después de dos años de legislatura, se ha hecho un plan de salud que se ha presentado en una gala de política espectáculo –ya es una moda incorregible– con música en directo y vistas al mar. Se ve que presentarlo, por ejemplo, en el Parlamento de Cantabria, les pareció excesivamente aburrido y convencional.

El documento dice que va a revolucionar y humanizar el cuidado. Pero, ojo, desde la larga distancia. Va a haber 'salud para las personas', dice un epígrafe, porque de la salud para los animales al parecer seguirán encargándose los veterinarios. Pero, ojo, aquí viene lo interesante. Vamos a evolucionar a la telemedicina con inteligencia artificial, nuevos modelos de teleasistencia sin que usted tenga que desplazarse. Son todo facilidades. Ya no hacen falta ni médicos. Alexa o cualquier otro asistente, el propio robot Jano que nos citaba para las vacunas COVID podrá pasarnos consulta a través de un chat de WhatsApp.

Es un futuro que suena extraordinariamente inquietante, pero allí estaban los responsables de sanidad y algunos invitados disfrutando de un concierto de lugares comunes, pedantes bautismos léxicos y jerga administrativa en un plácido auditorio con vistas a la bahía santanderina.

Así estamos, en los despachos germinan las ocurrencias para justificar algo de acción. El consejero, por ejemplo, se fue unos días a Estados Unidos acompañado por otros tres directivos. Un viaje tan interesante y necesario que nos lo confesó 15 días después en un comunicado sin foto. Presumiblemente porque el asunto bien se podría haber resuelto a golpe de videoconferencia, ahora que otro compañero de moqueta, el consejero de Industria, también nos habla tanto del reto digital.

Para rematar el desasosiego de la semana del esperpento político, el consejero de Salud inauguró el vallado del futuro agujero donde se instalará la protonterapia y su homólogo de Industria inauguró con efusivo entusiasmo un Mercadona en Solares. La modernidad nos rodea.