Cómo la “colosal” catedral de Toledo se convirtió en el centro neurálgico de la ciudad en la Edad Media y sigue definiendo nuestro imaginario
Toledo puede ser recordada por muchas cosas. Gastronómicas, como sus carcamusas, o naturales, como el río Tajo, pero si hay un elemento que protagoniza el imaginario de cualquier persona que visita o vive en la ciudad —junto al Alcázar— es su catedral. Una obra imponente, colosal, que se alza por encima de cualquier otra edificación en su Casco Histórico y que corona la Ciudad de las Tres Culturas, cumpliendo este 2026 su octavo centenario.
Al igual que el autor Ken Follett en Los Pilares de la Tierra marca con la construcción de la catedral de Kingsbridge el eje vertebrador de la sociedad inglesa medieval, el templo toledano refleja esa transición de la Castilla del medievo hacia nuevas corrientes de pensamiento y otras formas de entender el arte y la cultura. Un edificio que a lo largo de 800 años ha visto cambiar a Toledo y a sus gentes.
El proceso de europeización de Toledo a través de la arquitectura
Antes de comenzar las obras de la catedral de Toledo en 1226, allí ya había una catedral de época visigoda, “que después fue mezquita durante la época islámica y con la reconquista de Alfonso VI vuelve a ser catedral”, explica Guillermo Alvar, profesor de la Universidad de Alcalá (UAH) que forma parte del Grupo de Investigación en Edad Media y Siglo de Oro.
Asegura que en los siglos XII y XIII convergen diferentes circunstancias que van a posibilitar la creación de este templo gótico. Primeramente, el triunfo del Escolasticismo, un movimiento intelectual “con mucho arraigo en Francia”. Allí, la dinastía de los Capetos, a través del abad Suger, crea una simbología para los reyes de Francia en paralelo a “propaganda literaria, ya que él escribió la gran crónica de los reyes franceses para Luis VI, pero el abad también es el gran patrocinador de un nuevo movimiento arquitectónico, que es ‘la arquitectura de la luz’, como la llamó el gran especialista Erwin Panofsky”.
Esta ‘arquitectura de la luz’ es lo que se conoce como arquitectura gótica, con ejemplos como la Abadía de Saint-Denis, cuya reforma llevó a cabo el abad Suger, que goza de un estilo gótico y que se convertirá en panteón real. “Esta nueva simbología arquitectónica se va ir expandiendo y va a ir llegando a España a través de iniciativas como el Camino de Santiago”, expone Alvar.
Hasta el momento en el reino de Castilla “el gran dominante cultural, intelectual y militar son los musulmanes, pero Alfonso VI debe tomar la decisión de qué hacer con nuestro paradigma cultural, ¿seguimos islamizados o nos europeizamos y conectamos con nuestras raíces cristianas o latinas? Y esa es la decisión que toman, la de reconectar”, matiza.
El gran dominante cultural, intelectual y militar eran los musulmanes, pero Alfonso VI debe tomar la decisión de qué hacer con nuestro paradigma cultural, ¿seguimos islamizados o nos europeizamos y conectamos con nuestras raíces cristianas o latinas? Y esa es la decisión que toman, la de reconectar
Guillermo Alvar señala que el rey Alfonso nombra como arzobispo en Toledo a Bernardo de Seridac en 1186, que es un monje cluniacense francés: “Conecta el mundo hispano con Francia, ya que él viene con su propia gente, intelectuales y va a marcar la tendencia toledana, convirtiendo Toledo en la gran archidiócesis haciendo la competencia a Santiago de Compostela”.
La construcción del templo
El historiador nos cuenta que Francia en el siglo XIII era uno de los grandes centros intelectuales, ya que en París se encontraba la Universidad de la Sorbona, “que es el centro teológico de Europa, y esas influencias se están dejando sentir en Toledo”.
El arzobispo Rodrigo Jiménez de Rada, “que es prácticamente legendario por todo lo que hizo en la ciudad de Toledo”, es un gran creyente de la nueva tendencia del escolasticismo francés “y quiere incorporar el lenguaje arquitectónico gótico en la catedral de Toledo”. Y así lo hace, en 1226 se comienza a construir, durante el reinado de Fernando III el Santo ese templo colosal.
Alvar considera que “sin lugar a dudas” la construcción de esta obra artística sin parangón es una demostración de poder de la realeza castellana. Nos recuerda que las catedrales hispanas, “sobre todo las más importantes” tienen un apellido o un mote. “Por ejemplo la de Oviedo es la Sancta Ovetensis, porque allí se albergaron reliquias de San Isidoro durante un tiempo, la de Sevilla se la conoce como la Magna Hispalensis, la catedral gigante, porque es el segundo templo más importante de la cristiandad después del Vaticano”, explica.
La catedral de Toledo recibió el nombre de Dives Toletana es decir, la catedral rica de Toledo, ya que alberga el Arzobispado, donde el arzobispo toledano es el segundo poder más importante de la península ibérica después de los reyes y el segundo poder de la Iglesia después del Papa
La catedral de Toledo recibe el nombre de Dives Toletana “es decir, la catedral rica de Toledo, ya que alberga el Arzobispado, donde el arzobispo toledano es el segundo poder más importante de la península ibérica después de los reyes y el segundo poder de la Iglesia después del Papa”.
Al igual que ocurrió con grandes obras arquitectónicas durante la Edad Media, la catedral de Toledo tardó en verse completa más de 260 años. Alvar se pregunta “si algún arquitecto actual sería capaz de construir una”, ya que es necesario contar con agentes de todo tipo como “carpinteros, canteros, obreros, capataces, orfebres, gente que es capaz incluso de labrar la piedra con mimo, ya que en la catedral está finamente tallada y es una locura tremenda”.
¿Cómo se financia un templo de estas características? El docente apunta que se hizo a través de los recursos que pudo proporcionar la propia Iglesia católica, así como el arzobispo de Toledo “que era el personaje más rico de España tras los reyes”. Cuenta que la colocación de la primera piedra por Jiménez de Rada “muestra ya una voluntad regia de ayudar en esa empresa” y que para poder seguir con la construcción de la catedral hubo que “atraer a una cantidad enorme de gente que se movió también por la fe”.
De esta forma, “se va a favorecer la espiritualidad de la gente, ofreciendo salvoconductos al paraíso, de tal manera que la combinación de dinero, más piedad más tiempo van a permitir que se construya un templo tan enorme”, apunta.
Al contar con la estructura de la catedral visigoda hace que la obra no se demore tanto como otras catedrales hispanas y europeas, pero se posterga más de dos siglos.
El esplendor de la catedral con el cardenal Cisneros
Con el auge del Renacimiento y el Humanismo, el nuevo referente se encuentra en los territorios italianos. “El foco de interés, a través de lo filológico y el estudio de textos de la Antigüedad va a favorecer un cambio de paradigma. En lo arquitectónico volvemos al arco de medio punto, a Roma”, explica Alvar.
En este momento histórico Carlos I es rey de Castilla y Aragón, pero a esta segunda Corona pertenece también el reino de las Dos Sicilias —al sur de lo que hoy es Italia—.
Alvar apunta que el discurso humanista italiano va estar impregnado de “un fuerte nacionalismo, con una intensa visión del pasado un poco idealizada”, tratando de “volver a la época del Imperio Romano cuando dominaban el mundo”.
Esa perspectiva va a recalar también en España, de tal manera que “si los italianos tenían Roma, la primera gran ciudad que podemos considerar que dominó la zona hispana es Toledo”. Toledo, que va a ser nombrada Ciudad Imperial, y aunque la Corte en esa época es itinerante, también va a gozar de gran importancia: “Habrá imprentas, un número notabilísimo de intelectuales moviéndose en la zona toledana”, expresa.
La ciudad de Toledo, y en concreto la propia catedral, va a tener un resurgimiento intelectual y artístico con la llegada de Francisco Jiménez de Cisneros —más conocido como el cardenal Cisnero—, un religioso que “tras sufrir una crisis espiritual, se retira a un monasterio. Allí la reina Isabel de Castilla ve en él un personaje de una profundísima cultura y le encomienda una serie de misiones, pero la principal es que haga un informe sobre el estado de los monasterios de Castilla y sus integrantes”, explica Guillermo Alvar.
El profesor de la UAH asegura que ese informe resulta “demoledor”, ya que el clero de Castilla tiene “una formación deplorable, y es ahí cuando en 1495 la reina Isabel decide nombrar arzobispo de Toledo a Cisneros”.
Este cardenal va a vivir en un momento en el que la religión y la fe penden de un hilo y “va a anticipar” las corrientes contrarias a Roma, como el luteranismo, el calvinismo y posteriormente el anglicanismo, por lo que él se plantea “reformar la Iglesia católica desde dentro, sin romper con ella”.
Comienza a elaborar una Biblia ajena a “la creada en la Sorbona parisina”, que “no deje pie a interpretaciones variopintas y a la herejía” y se encarga de fundar la Universidad de Alcalá de Henares “que en realidad ya era un Estudio General” en 1499.
Es en esta institución educativa donde van a empezar a formarse en teología, arte, filosofía, medicina y derecho canónico “todos los personajes del clero castellano, algunos de los cuales van a acabar en Toledo, de tal manera que la ciudad sufre un impulso revitalizador, del conocimiento de la teología, los clásicos y de la tradición hispana”.
El templo como custodia del arte renacentista y de leyendas
Guillermo Alvar expone que Toledo se va a situar en “una dimensión nueva” también en el arte. La influencia de la corte flamenca y borgoñona en la que se cría el rey Carlos I de España va a traer a esos artistas a participar en la construcción y decoración del interior de la catedral.
Figuras como Juan de Borgoña, Francisco de Amberes o los escultores Petit Juan y Diego Copín de Holanda crean obras donde la catedral de Toledo se convierte “en un lienzo magnífico” de las corrientes artísticas del Renacimiento. Nacen así ejemplos del estilo gótico renacentista que “te dejan absolutamente abrumado” como el retablo de la capilla mayor, la sala capitular o sus vidrieras.
La catedral de Toledo encierra la historia en sus paredes, guardando los restos de los reyes visigodos y otros miembros de la realeza de Castilla, así como la Custodia que cada Corpus Christi sale en procesión por las calles de la ciudad.
Le preguntamos a Guillermo Alvar cuál es el elemento de la catedral que considera más interesante y aunque señala que “es muy difícil elegir” considera “precioso que se conserve la leyenda de San Ildefonso”.
El profesor señala que “la leyenda cuenta que en la época visigoda la Virgen se le apareció y le dejó una casulla, y en la catedral queda el pedacito de mármol donde se supone que posó su piececito la Virgen. Es una leyenda muy potente y se cuenta que cuando los musulmanes arrasan la península ibérica tuvieron mucho cuidado de respetar ese lugar tan sagrado, lo que permite construir la identidad de Toledo de una forma absolutamente fascinante”.
Por otro lado, en una visita guiada a la catedral, Alvar explica que le “encantó” conocer que durante la Edad Media el templo debió “estar pintado entero por dentro, policromado. Aunque vemos la piedra desnuda, se conserva en una esquina de las naves de la catedral una de las bóvedas pintadas, que es el último resto de policromía. O sea que si ahora nos impresiona en la Edad Media debía de ser algo sobrecogedor”.