9M: el silencio de las mujeres de la despoblación
El silencio de la despoblación siempre llega un día después, cuando se apagan los focos y el país cambia de tema. Yo llevo unos años escribiendo precisamente ahí, en el día después.
En una España que presume de igualdad, hay un silencio que casi nunca entra en los discursos: el de las mujeres de los pueblos que pierden gente, servicios y oportunidades. Ellas no salen en las fotos del 8M ni encajan en el relato amable del feminismo que queda bien en los escaparates. Rara vez se sientan en un plató, pero llevan décadas sosteniendo pueblos, familias y economías enteras sin que nadie se pare a preguntarles qué les pasa, qué necesitan o qué piensan de verdad.
Mientras en las capitales discutimos sobre cuotas, ministerios y grandes leyes, ellas siguen haciendo las cuentas con el tiempo y el dinero justos para llegar a fin de mes. Son las que se levantan antes de que amanezca para encadenar cuidados, trabajos mal pagados, explotaciones agrarias o pequeños comercios en lugares donde cada cierre es una despedida. A su alrededor se vacían las aulas, se cierran consultorios, se recortan líneas de autobús. Y, sin embargo, cuando se habla de igualdad, casi nadie gira el mapa hacia esos territorios donde el morado de las manifestaciones apenas se ve.
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