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Palabras Clave es el espacio de opinión, análisis y reflexión de eldiario.es Castilla-La Mancha, un punto de encuentro y participación colectiva.

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Los ríos han hablado

Río Záncara

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Los ríos de mi país han hablado durante días y noches, borrachos de sí mismos, ebrios, tan ebrios como al principio del mundo. “Hacia ti extiendo las manos; me haces falta, como el agua a la tierra seca. Selah, dice el Salmo 143:6. Cuando ellos estaban mudos le cantábamos al cielo La rogativa de Valdestillas: ”Danos el agua Señora, aunque no lo merezcamos, qué si por merecer fuera ni la tierra que pisamos. Danos el agua Señora, aunque sea inmerecido“.

Y los ríos hablaron.

Habló el Jerte, el Yeltes, el río de la Hija, el Aillons, el Valdemeca, el Unhais, el Gran Coa, el Tirteafuera y el Árrago; habló el Irati, el Paivô, el río Ega, el Adra, un tal Eresma, el río de las Uces; hablaron los dos Guadarranques, el de las Villuercas y el del Sur, y el Alagón, el Azuer, el Pusa y Gévalo; hablaron el Urumea, el Esca, el Ason, habló el bello Zézere; no dejaron de hablar durante noches enteras el río de Onor, el Seixe, la rivera de Nisa y la de Benalija, el Ebron, el río Pas, el Ucero, el oculto Turia, el Sillo, el rio Corneja, el Múrtiga, el río de los Ausines, el Albarregas, un tal Eo, los Jilón y Jiloca, el Dâo y el rio de Sertâ; hablaron las gargantas de Alardos y Minchones, los ríos Nansa, Eirogô, Cáster, y Cavalum, el río Mente y el Pancrudo; allí, más lejos todavía hablaron el Odleite, el Azúmara, el Túa y el Sabor; hablaron el Matachel, el Nervión y el Tinto, el Gran Sil, el río Fráncias; volvieron hablar los pequeños ríos, la Garganta de la Eliza, el Sangrera, el Limia y el Ponsul; en los días oscuros se oyó al Ter, al Odiel y al Eume, el Ortiga, el Retín y Ruecas.

Hablaron todos los ríos, el Pozo de los Humos, el Añamaza, el Guadiato, Jándula, el río Gárgaligas, el Búrdalo, el Sot, Ubierna, Golmayo, el Borbona, el Gran Mondego de Coimbra, el Pranto, el río que llora y llora hasta que anega los ojos de los puentes; habló el Almonte, el Cea, el Guadiela y el Bullaque, el dulce Genil, el Alhárabe, el Narbâo, el gran Zujar o Sujaira, el Uso, Gallo, Cinca, el Alhama, el bello Cabriel, el Rechiceruelo y el Arbillas, el Tera, el Guadyerbas; habló el río Cuerpo de hombre, el Nalón y el Bidasoa, el Avión y el Ebrillos, la rivera de Táliga, el Usagre, el Carbo y el Cervol, el Bodión, hablaron el Lillas, Henares y el Ungría en las tierras frías, el Clariano, el río de los Ojos, el Lucena y el Palancia, el río de la Miel, el Andarax, el Manubles, el bello Guadaira y el rio Víboras, el Zadora y el Matapan, el Vernisa, el río de los Santos, el río Eva, el río de los Ojos, el Vaca y el Piedra, el Agadón, el Magasca y el Magasquilla, el Montenegro; hablaron muchos días el Bernesga y el Bembezar, el Estena, el río Guadalupe, el Mundo, Francolí, Tambre y Jabalón, el Támega y el Adaja.

Hablaron sin cesar y muy borrachos la Ribeira Meimon, el Pera, el Yeguas y el Porma; habló el Duraton, el Ullaque, Picuezo, Guadalimiar, el Navia, el Paz y el Sella, el Vez, el Adrâo, el Ardila y el Záncara; hablaron el bello Sever y el gran Tiétar, el río de los Ángeles, Alva, Ceira, Arunca, el Gállego, el sucio Jarama, el río Seco de Borriol, el Lácara y el Sorbe, Turones, la rambla de la Viuda, el Esgueva, Zumel, el Cerneja y el Úrbel, el Tumbafrailes, Sellumbres, el Godoliz, la Froya, el Badiel y el Bullones, el río Dulce y los cuatro ríos Fríos, el Omecillos, Bonhabal y Valvanera; hablaron el Valderaduey, el Seco, el río Cigüela y el Salor, el Ambroz, la rivera del Ladrillar y el Hurdano, el gran Alberche de mi infancia, el Ramacastañas, el Viar, el Gebora, el Erjas, la rivera de Alge y el Isna, el Cabril, el río Magro, el Guadalhorce y el Guadiato, el Taibilla; no dejaron en la noche de hablar el Serpis, el Caañamares y el río Cifuentes, el Pilde y el Trema, los pequeños ríos Izana, Mazos y el Arandilla, el Tus, el Mundo, el río Cañoles y el Córcoles, el Revinuesa y el Henar; los ríos de las otras tierras frías, el Arlanza, el Najerilla y el Nela, más allá el Oca y el Odra, el Queiles; donde sale el sol, el Sonella y el Rodeche, el Tajuña, el Aliendre; hablaron el Huelmes, el Quilamas y el Azaba, y más allá el Águeda, los Almar, Gamo y Huebra.

No dejamos de oir al Zela y al Alén, a los ríos pequeños del más allá del Alén, al Avia y al río Judeu, el Carrión, Eria y Almucera, y muy lejos del río Silves al Hijar y al Asma; oímos al río Sordo, y los nacederos de Urederra, al río Homem y al Alhama, al Marnel, al Carapito, Lozoya y Besaya; hacia el Este el Aguasvivas, el Griegos y cerca del Matarrañas el Moyuela; no dejó de llover Señora, durante muchos días llovió y se salieron el Safarujo, el Pitarque y el Tartavias, la Rivera de Ulme, el río Agadaô y el Angueira, el Oinha y el Degebe; los ríos Bergantes y Alfambra, el Sado, el Cueza y el Piran.

Todos ellos, gracias a ti señora, han hablado.

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