Prioridad industrial en Extremadura
Tras las elecciones en Extremadura, el concepto de “prioridad nacional” ha quedado incorporado al acuerdo de gobierno entre PP y VOX en nuestra comunidad autónoma, presentándose como una medida supuestamente beneficiosa para nuestra tierra. Sin embargo, detrás de esa expresión se esconde una visión vergonzante, cerrada y profundamente discriminatoria, que ataca derechos humanos básicos y que pretende señalar y criminalizar a las personas migrantes.
UGT Extremadura no comparte ese planteamiento y lo denuncia con claridad. El futuro de nuestra región no se construye levantando fronteras, alimentando consignas identitarias ni dando cobertura a discursos que, en demasiadas ocasiones, derivan en posiciones racistas y excluyentes. El futuro se construye afrontando con valentía los problemas reales de Extremadura.
Y en Extremadura la prioridad no puede depender del origen de las personas que vienen a nuestra tierra. La prioridad debe ser otra: crear empleo, fijar población, generar riqueza y ofrecer oportunidades.
Porque Extremadura no necesita más discursos de odio que dividan. Extremadura necesita futuro.
Llevamos demasiado tiempo viendo cómo nuestros jóvenes hacen las maletas, cómo nuestros pueblos pierden población y cómo nuestra economía continúa dependiendo de sectores que, por sí solos, no son capaces de garantizar empleo estable, de calidad y con perspectivas de desarrollo sostenido. Mientras tanto, seguimos atrapados en debates estériles, mientras las oportunidades pasan de largo.
La verdadera pregunta es sencilla: ¿qué necesita hoy Extremadura? Y la respuesta también lo es: una prioridad industrial clara, ambiciosa y valiente.
Ahí sí deberíamos poner el foco. Ahí sí deberíamos hablar de prioridad.
Extremadura necesita industria para transformar aquí lo que produce, para generar valor añadido, para retener talento y para dejar de ser una tierra de salida y convertirse en una tierra de oportunidades. Desde UGT Extremadura llevamos mucho tiempo defendiendo precisamente eso: la necesidad de una estrategia industrial seria, planificada y consensuada, capaz de marcar el rumbo de nuestra región para las próximas décadas.
No hablamos de medidas aisladas ni de anuncios puntuales. Hablamos de una visión de futuro. Por eso consideramos que la política industrial debe convertirse en la primera gran negociación del nuevo diálogo social. El futuro de Extremadura no puede seguir esperando.
Y esa estrategia exige inversión. Extremadura tiene que ser también un proyecto de país.
Vivimos en un mundo globalizado en el que las empresas invierten allí donde encuentran oportunidades, estabilidad y posibilidades de crecimiento. Y, afortunadamente, cuando hablamos de atraer inversiones a Extremadura, no suele escucharse aquello de la “prioridad nacional”. En ese terreno, parece que todo el mundo entiende que cerrarse no es una opción, que necesitamos abrir puertas y competir para atraer proyectos que generen desarrollo.
Pretender que una región como Extremadura pueda industrializarse dando la espalda a las empresas, a la inversión y al talento sería condenarla, una vez más, a quedarse atrás.
Pero con las personas debería ocurrir exactamente lo mismo.
Quien nace en un lugar con pocas oportunidades intenta buscar una vida mejor allí donde puede encontrar un empleo digno, estabilidad y un futuro para su familia. Ha ocurrido siempre. Lo hicieron nuestros padres y nuestras madres, nuestros abuelos y nuestras abuelas, cuando tuvieron que emigrar. Y lo siguen haciendo millones de personas en todo el mundo.
Extremadura lo sabe bien, porque Extremadura también es tierra de migrantes.
En el fondo, capital y personas responden a un mismo impulso: buscar futuro. Por eso resulta profundamente contradictorio defender la libre circulación del dinero mientras se cuestiona la movilidad de quienes buscan trabajo, dignidad y una oportunidad. No se le pueden poner puertas al campo.
La cuestión no debería ser de dónde vienen unas personas u otras. La cuestión es qué hacemos con esa realidad.
Si llega inversión, bienvenida sea, pero con exigencia: que genere empleo de calidad, que deje riqueza en el territorio, que tribute aquí, que transforme aquí y que contribuya a construir una Extremadura más fuerte.
Si llegan personas buscando una oportunidad, la respuesta tampoco puede ser el miedo ni el rechazo. La respuesta debe ser la inteligencia, la convivencia, la integración y el trabajo digno. Porque una sociedad abierta es también una sociedad más fuerte.
Eso también es defender nuestra tierra.
Defender Extremadura no es encerrarla. Defender Extremadura es abrirla al mundo con confianza, con ambición y con un proyecto propio.
Es entender que nuestra prioridad no puede ser una consigna identitaria basada en la raza, el origen o el país de nacimiento de las personas. Nuestra prioridad debe ser un proyecto colectivo.
Un proyecto que se llama industria.
Industria para crear empleo. Industria para fijar población. Industria para generar riqueza. Industria para transformar nuestro modelo productivo. Industria para que nuestros jóvenes puedan elegir quedarse.
Extremadura no necesita más resignación ni más debates estériles. Necesita decisiones. Necesita ambición. Necesita futuro.
Extremadura necesita una prioridad industrial. Y la necesita ya.
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