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Carta de agradecimiento a la Residencia San José de Toledo

Mari Paz Ruiz González

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Hace ya unos días que familiares y amigos dábamos el último adiós a mi padre, Fermín.

En las últimas semanas, su salud se había ido deteriorando notablemente, lo que hizo necesario acudir al Servicio de Urgencias del Hospital Universitario de Toledo, donde los protocolos y la toma de decisiones fueron caóticos y representativos de un nivel de deshumanización que, por mi profesión, me cuesta reconocer y asimilar, y, posteriormente, su ingreso en el Hospital Virgen del Valle, dotado con profesionales bien cualificados, que no tiran la toalla por complicada que sea la situación de sus pacientes.

Tras recibir el alta hospitalaria, y por el estado de salud en que se encontraba mi padre, tuvimos que enfrentarnos a la difícil decisión de internarle en un centro donde pudieran darle la atención profesional que requería: la Residencia San José. Y es a esta, a todo su personal, a quien va dirigida esta carta de agradecimiento.

Gracias por la atención, el acompañamiento, el trato humano y la empatía que brindáis, no solo a los residentes, sino también a los familiares. Vuestra actitud refleja la dignidad y el valor que corresponde a toda persona, por muy mayor que sea.

Durante nuestra corta estancia, hemos podido comprobar la variedad y especialización de los servicios que allí se prestan, las buenísimas preparación y disposición de su personal, tanto a nivel sanitario como social (personal médico, enfermería, fisioterapia, psicología, auxiliares, podología, peluquería, limpieza, cocina, personal de administración, etc.), en definitiva, la extraordinaria calidad del centro, ignorada por la mayor parte de la sociedad toledana.

Como hija de residente y compañera vuestra, os animo a que sigáis realizando vuestra labor con la dedicación y el cariño que habéis demostrado con mi padre hasta el último momento.

Por último, me dirijo a las instituciones sanitarias, pidiéndoles que tomen nota de este gran ejemplo que es la Residencia San José.

Gracias de veras.

Hace ya unos días que familiares y amigos dábamos el último adiós a mi padre, Fermín.

En las últimas semanas, su salud se había ido deteriorando notablemente, lo que hizo necesario acudir al Servicio de Urgencias del Hospital Universitario de Toledo, donde los protocolos y la toma de decisiones fueron caóticos y representativos de un nivel de deshumanización que, por mi profesión, me cuesta reconocer y asimilar, y, posteriormente, su ingreso en el Hospital Virgen del Valle, dotado con profesionales bien cualificados, que no tiran la toalla por complicada que sea la situación de sus pacientes.