Dinámicas fluviales, meandros y Peraleda
La inusual cadena de borrascas atlánticas que está afectando a nuestra geografía, resultado del aumento de la temperatura media del planeta y de su consiguiente incremento de la carga de humedad de la atmósfera, está reactivando el comportamiento de los ríos, la necesidad de previsión meteorológica para prevenir catástrofes y la urgencia de mejorar los sistemas de laminación del agua para reducir daños. Precipitaciones muy por encima de lo normal, como las de Grazalema, Ubrique, Jerez de la Frontera, ponen a prueba la sostenibilidad de los lugares y la importancia de no construir en zonas de inundación.
El Sistema Nacional de Cartografía de Zonas Inundables (SNCZI), de acuerdo con la Directiva 2007/60 sobre Evaluación y Gestión de los Riesgos de Inundación, identifica las zonas de inundación de nuestros ríos, sus riesgos para la población y la actividad económica, pero no puede prever todas las situaciones a partir de dinámicas atmosféricas del pasado y de proyecciones a veces superadas por la realidad, aunque siempre explicables por el conocimiento de la circulación atmosférica. Contemplamos así inundaciones que ocupan la máxima extensión prevista para los periodos más largos de recurrencia según el SNCZI. Lo vimos en Levante en 2024 y ahora en Andalucía, Extremadura y otros muchos lugares.
En todos los casos, se manifiesta la necesidad de prestar máxima atención a las zonas inundables, pero también a las dinámicas fluviales, a los mecanismos que regulan el funcionamiento de los ríos, como organismos vivos y cambiantes que son; no sorprende así que sus sistemas de regulación se vean superados en circunstancias extremas. Multitud de embalses españoles abren estos días sus compuertas y desagües de fondo para no sufrir desbordamientos y riesgos de ruptura, entre ellos los de la Comunidad de Madrid que controlan aguas de los ríos que vierten al Tajo. Embalses también cerca de Toledo abren sus compuertas, el del Torcón y el del Guajaraz en Argés. Y cuando el Anticiclón de las Azores vuelva a ocupar su posición habitual para estas fechas y se inicie una subida de las temperaturas, el deshielo de la nieve acumulada en el Sistema Central volverá a provocar crecidas, a lo que podrían sumarse nuevas precipitaciones, desencadenando otras alarmas naranja o roja en sus riberas e inmediaciones de sus afluentes y arroyos.
En situación de cambio climático, con aumento de la frecuencia de eventos meteorológicos extraordinarios, la dinámica fluvial se volverá previsiblemente más activa que en décadas anteriores, con comportamientos de medios subtropicales, el agua seguirá discurriendo por los cauces de los ríos, pero con estiajes más acusados y crecidas más intensas y extensas. La erosión lineal, desde la cabecera a la desembocadura, y la erosión aerolar, de sus vertientes, se intensificarán también; los ríos recuperarán capacidad de carga y arrastre de materiales en momentos de crecida y los meandros de los ríos, como los del Tajo, desde Aranjuez hasta Talavera, se volverán más activos. Todos los meandros son parte de la llanura de inundación de los ríos y muchos quedan sumergidos por las aguas en tiempos de máximas crecidas, como ha sucedido en tantas ocasiones en la Huerta del Rey, y otros, solo parcialmente, como el de La Peraleda, salvo en circunstancias muy extraordinarias, y siempre con alto grado de encharcamiento por la horizontalidad del suelo (antiguo fondo del río) y la composición de sus suelos: depósitos aluviales cuaternarios arrastrados por el río, arenas, limos, gravas y arcillas. Son materiales finos, poco adecuados para la construcción por riesgos de inundación, y poco portantes, lo que obliga a elevados costes de cimentación. Además, son suelos inestables por las oscilaciones verticales del manto freático según el nivel de base de las aguas del río y sus ciclos de crecida y estiaje, lo que puede ocasionar problemas de humedad, de filtraciones en sótanos y garajes, de agrietamientos en los muros y falta de solidez de los edificios. A ello se añade que La Peraleda recoge aguas de numerosos arroyos de carácter torrencial que vierten al Tajo desde San Bernardo y Montesión.
Por eso, resultan preferibles los aprovechamientos agrarios y forestales en los suelos de los meandros a cualquier otro uso, como sucede en la Huerta del Rey y en La Peraleda. De ahí la importancia de esas zonas como “suelo rústico protegido y no urbanizable”, además de funcionar como corredores de biodiversidad que permiten atender las recomendaciones de naturalización urbana, descarbonización y neutralidad climática para 2050, hoy de obligado cumplimiento por la legislación europea, autonómica y nacional (Orden PCM/735/2021, de 9 de julio, que aprueba la Estrategia Nacional de Infraestructura Verde y de la Conectividad y Restauración Ecológicas en España y Decreto por el que se aprueba la Estrategia Regional de Infraestructura Verde, Conectividad y Restauración Ecológica de Castilla-La Mancha en fase final para su aprobación). Nuestra ciudad no puede posicionarse en contra de directrices y estrategias que son soporte de la planificación municipal reciente de todas las ciudades, no se debe, pues, construir e impermeabilizar el suelo de un espacio de calidad ambiental que resulta fundamental en la lucha contra los efectos 'isla de calor' de la ciudad y especialmente del Casco Histórico. La Peraleda es un pulmón natural para la ciudad dado que los vientos soplan predominantemente desde el oeste, desde ella, hacia la ciudad, como se aprecia en el mapa adjunto.
Hacer artificial el meandro de La Peraleda, sea cual sea la altura de sus construcciones y la tipología urbanística, dificultaría el efecto de brisa de fondo de valle hacia el resto de la ciudad, al este, agravando en ella los rigores estivales de las altas temperaturas, con olas de calor cada vez más largas e intensas. Por otro lado, la impermeabilización del suelo dificultaría la recarga del acuífero por precipitaciones y el mantenimiento de la humedad en superficie, con efectos negativos sobre las plantas, las aves y el resto de seres vivos, es decir, se provocaría una pérdida de biodiversidad y de capacidad de absorción de CO2. Toledo estaría haciendo todo lo contrario de lo recomendado para las ciudades: la sostenibilidad medioambiental y la descarbonización mediante la naturalización para alcanzar la neutralidad climática en 2050 y el 65 % en 2030, con reducción de emisiones de gases y partículas contaminantes a la atmósfera.
Considerando lo dicho y que parte de La Peraleda es inundable, recordemos como la UME tuvo que proteger el Hospital de Parapléjicos en marzo de 2025 en previsión de inundación con un caudal del río de 470 metros cúbicos por segundo. Pensemos lo que sucedería en situaciones excepcionales de crecida como la de 1947, con un caudal del río de más de 3.500 metros cúbicos por segundo, algo que parecía imposible de repetirse tras la regulación de las cabeceras del Tajo y de sus afluentes por grandes embalses, pero que hoy vemos más cerca al contemplar como muchos de ellos se ven obligados a abrir sus compuertas para evitar males mayores, provocando crecidas en los afluentes del Tajo y en la ciudad de Toledo, como la de estos días de febrero de 2026, sin que puedan excluirse mayores subidas del nivel del río en un futuro.
A la vista de los acontecimientos recientes, el nuevo POM de Toledo no debería aprobarse sobre criterios medioambientales no recientes para determinar usos del suelo en La Peraleda que parecen no tener otra justificación que materializar un proyecto de urbanización del anulado POM de 2007, de la Modificación Puntual 29 del PGOUM de 1986 en 2018 y del POM de 2022, de la anterior corporación socialista. En este contexto de cambio climático no parece, pues, razonable sustituir la calificación de 'suelos protegidos y no urbanizables' de las vegas por la de 'urbanizables'. No hay falta de suelo para desarrollos residenciales en otras zonas que lo justifique, todavía existe en la ciudad suelo urbano sin edificar y según el Censo de viviendas de 2021, había 2.521 vacías y 8.176 no principales, susceptibles todas de entrar el mercado inmobiliario siempre que se garanticen condiciones de seguridad jurídica para sus propietarios y se limiten con mayor rigor y eficacia los usos turísticos.
Hoy, en 2026, no se puede iniciar la planificación del futuro de Toledo con criterios medioambientales del pasado, de espaldas a las estrategias de renaturalización del urbanismo moderno y sin tener en cuenta la realidad que nos muestran los hechos: veranos cada vez más largos, secos y tórridos, y estaciones de lluvias cada vez más intensas e imprevisibles. Ante estas evidencias, ¿no convendría revisar el avance de nuevo POM de Toledo para adaptarlo a criterios medioambientales actuales y no de 2007, antes de iniciar su tramitación oficial? El cambio de uso del suelo de las vegas, de 'protegido y no urbanizable' a 'urbanizable' no parece la forma más adecuada de responder a criterios de sostenibilidad. Por otro lado, nadie duda de los valores culturales, paisajísticos y patrimoniales de Toledo, pero también tiene condiciones excepcionales para convertirse en modelo de ciudad “verde y azul” y mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos. ¡No renunciemos a ello!, respondamos a las necesidades de nuestro tiempo y construyamos la ciudad del futuro, lo que solo es posible a través de criterios de sostenibilidad, de renaturalización, de calidad de vida y participación ciudadana.