Una iniciativa para ganar el Senado: senadoras y senadores por la Democracia
Siendo minoría en votos, de repetirse los resultados electorales de 2023 la derecha del Partido Popular podría decidir por sí sola que el Tribunal Constitucional quede escorado hacia sus postulados durante una década al menos.
A falta de cuatro senadores más, las derechas podrían designar sin negociación ni contrapeso alguno a los cuatro nuevos miembros del Constitucional que sustituyan a los que tienen ya su mandamiento caducado y cuya renovación tiene paralizada el PP -incumpliendo el mandato constitucional- a la espera de tiempos mejores. Es decir, a que se celebren las elecciones del 29-N, en las que esperan obtener una mayoría cualificada de tres quintos.
Milagros de la aritmética electoral y del sistema de su elección, podrían también hacerse con la totalidad de los miembros del Consejo del Poder Judicial -diez- que le corresponden nombrar al Senado. Y así, siendo minoría en voto popular, podrían imponer a la mayoría el control de la judicatura y del garante supremo de la Constitución. Algunos piensan ya en una (contra)reforma de la Carta magna.
La curiosa matemática electoral es, por poner solo un ejemplo cercano, la que permite que el PP, con el 44,2% de los votos (los que obtuvo su primera senadora) alcanzara el 75% de los senadores (tres) a elegir en la provincia de Ciudad Real mientras que el PSOE, con el 36,1% , hubo de conformarse con obtener el 25% (uno). El resto de candidaturas no consiguieron nada.
En el conjunto de territorios (el Senado es, nominalmente, la Cámara territorial), las derechas obtuvieron el 49,9% de los votos y el 57,7% (127) de los senadores. Siendo más, las izquierdas, con el 50,1% de los votos solo alcanzaron el 38,9% (81). Con un apunte necesario: ni VOX (10,7%) ni Sumar (11,1%) tuvieron ninguno. Y entiéndase lo anterior referido a los 208 senadores de elección directa, ya que los otros 58 (hasta completar el número de 266 actuales) lo son por designación de los Parlamentos de las Comunidades autónomas. La suma de electos y designados dan 160 senadores a las derechas, y a las izquierdas 106.
Y así estando, el PP, con el 34,7% de los votos obtuvo el 57,7% de los miembros y, por tanto, la mayoría absoluta de la Cámara. Lo dicho, milagros de la ingeniería electoral, que regala una sobrerrepresentación a la candidatura más votada aunque lo haya sido por un solo voto: en cada provincia, tres de los cuatro senadores a elegir, yendo el restante a la segunda candidatura más votada. Es lo que ha venido ocurriendo hasta ahora.
Lo preocupante es, sin embargo, más que cómo se obtiene, cómo se emplea. Con esa mayoría absoluta, el PP ha convertido el Senado en su búnker político y, desnaturalizando su papel y sus funciones, en ariete contra el Gobierno, creando fricciones permanentes y planteando conflicto de atribuciones con la otra Cámara, el Congreso de los diputados, y con el Gobierno. La última función, el rechazo del Tratado de amistad con la República de Francia previamente aprobado por el Congreso y declarado plenamente constitucional por el Tribunal Constitucional.
El PP ha convertido el Senado en su búnker político y, desnaturalizando su papel y sus funciones, en ariete contra el Gobierno, creando fricciones permanentes y planteando conflicto de atribuciones con la otra Cámara, el Congreso de los diputados, y con el Gobierno
Recuperar la institucionalidad del Senado y la plenitud democrática de sus funciones (más allá de su necesaria reforma) requiere tan solo de la voluntad de las fuerzas progresistas y de izquierdas para arrebatar al PP y a las derechas su actual mayoría. Porque la misma aritmética electoral deja bien a las claras que una candidatura conjunta del PSOE y las izquierdas no nacionalistas podrían dar el vuelco y ‘recuperar’ hasta 45 de los 120 senadores por elección que ahora tiene el PP.
Basta con unir. Con presentar en cada provincia tres candidatos comunes. Allí donde el PSOE tiene uno podría aspirar hasta a doblar el número, y donde Sumar no consiguió ninguno a tener uno de los tres elegibles. Presentando a personas con reconocido talante progresista y, de ser posible, con perfil unitario y dialogante sería aún más fácil. Trabajando juntos y llamando al voto a ese amplio club de corazones solidarios que son/somos mayoría social.
No hace falta un programa unitario, ni entrar en debate sobre los futuros grupos parlamentarios, ni tejer alianzas de otra naturaleza que no sea la del pragmatismo de quien quiere -limpiamente- ganar. Sin renuncias de ningún tipo.
Nadie pierde, todos ganamos. Y, sobre todo, gana la democracia y el buen uso político de las instituciones para lo que están creadas y respetando sus funciones. Unir para ser mayoría: ese es el objetivo de la iniciativa Senadoras y senadores por la Democracia de la que nos reclamamos.
Para ello, y yendo a nuestro espacio territorial, llamamos al PSOE y a los demás partidos y organizaciones políticas de la izquierda a que presenten candidaturas unitarias en todas y cada una de las provincias de Castilla-La Mancha. Está en juego un futuro más limpio, más justo y de horizonte más claro. A la izquierda y para todos.
(*) Pedro Pablo Novillo Cicuéndez y Juan Garrido Morales, enseñantes y jubilados.
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