Obituario de Alfonso Muñoz Durán
El día de la festividad de San Roque, patrono de muchos pueblos de la provincia de Cuenca recibo la noticia, por mi buen y común amigo Ricardo Fernández de la Cruz, de que Alfonso Muñoz Durán nos dejaba. Una dilatada vida de un hombre bueno, como sus propios compañeros decían “incansable para el trabajo”.
Alfonso ha pertenecido a una extraordinaria generación de personas que desde su formación académica contribuyeron a modernizar España, generar riqueza y trabajar para los demás, con escasos medios materiales y económicos. El campo conquense le debe estar muy agradecido por su labor al frente del Servicio de Concentración Parcelaria, donde no escatimó toda clase de ayuda, ideas, sugerencias y buena disposición para que nuestros agricultores vieran mejoradas sus explotaciones y su trabajo fuera rentable, allá por los años sesenta y setenta del siglo pasado.
Su excelente conocimiento de la provincia de Cuenca le llevó en junio de 1974 a ser presidente de la Excelentísima Diputación de Cuenca donde dedicó horas y horas a resolver los problemas de la provincia, sin guardar tiempo para el descanso, en aras a que nuestros pueblos contasen con las mejores infraestructuras, especialmente saneamiento, abastecimiento y calles.
Desde su casa en El Tejar, rodeado de paz y serenidad como él era, hace un par de años despidió a su inseparable Gloria.
Siempre atento y solícito nos escuchaba a todos, se interesaba por nuestros problemas y su mano siempre estaba tendida.
Cuesta aceptar una despedida, pero su huella y su legado permanecerá en muchos rincones de la provincia, aunque sea desde el anonimato, como a él le gustó servir y vivir.
Gracias Alfonso: hoy también tus perritos te estarán echando de menos.
Descansa en paz.
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