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La desoladora destrucción del sistema de salud sirio

La ciudad de Alepo en Siria ©Pablo Tosco / Oxfam Intermón

Blanca Blay

Antes del inicio del conflicto en Siria el sistema sanitario consistía en la coexistencia de un sistema público que ofrecía la mayoría de servicios de atención primaria y un sector privado que ofrecía los servicios más avanzados, concentrado en las áreas urbanas. “En las últimas tres décadas Siria se había caracterizado por una mejora global de la capacidad del sistema sanitario y una mejora de indicadores de salud como la caída de la mortalidad infantil y el aumento de los niveles de inmunización”, constata el informe 'War and Infectious Diseases: Challenges of the Syrian Civil War'. Pero la población civil que continúa viviendo en Siria, un país que ha cumplido cinco años de guerra, ve su salud fuertemente amenazada y las condiciones en las que trabajan los profesionales sanitarios que quedan son muy precarias. “En lugar de proveer un lugar seguro de refugio y atención, el sistema sanitario sirio ha sido integrado en el campo de batalla de la guerra civil”, escriben los autores del informe.

Y es que pese a que la Convención de Ginebra prohíbe a las partes de un conflicto atacar a doctores, ambulancias, hospitales u hospitales de campaña con el emblema de la Cruz Roja o la Luna Creciente, y hacerlo es considerado un crimen de guerra, en Siria ninguna de estas normas o convenciones son respetadas, alerta la Sociedad de Medicina Siria-Americana. “A no ser que sientan que su vida corre peligro, la mayoría de la gente no irá a un hospital porque sabe que este es objetivo de bombardeo”, relata un médico sirio en el informe 'Syrian Medical Voices from the Ground: The ordeal of Syria s Healthcare Profesionales'.

Hospitales destruidos y falta de equipamientos

La OMS estima que un 58% de los hospitales públicos y un 49% de los centros de atención primaria en Siria o bien han cerrado o bien funcionan parcialmente, debido a la destrucción de los edificios, la falta de personal, equipamientos médicos o medicamentos. Este hecho y el peligro de ser bombardeado ha provocado que algunos de los hospitales de campaña se hayan instalado en sótanos. Además, mientras que los médicos y las enfermeras deben tratar cerca de 4.500 heridas de trauma al mes (según datos de 2014), les falta electricidad, generadores e instrumentos adecuados.

“Los médicos no pueden realizar transfusiones de sangre porque no tienen bolsas de sangre. A un amigo mío le tuvieron que amputar la pierna porque no tenían material para tratarlo. Un niño pequeño perdió los ojos tras un bombardeo porque no tenían las instalaciones donde extraer los fragmentos. Todo esto se habría podido evitar si tuvieran permiso para tener el equipamiento y los recursos esenciales”, asegura un trabajador humanitario sirio en el informe 'Infancia bajo asedio' de Save the Children.

Más de 640 profesionales sanitarios muertos

La destrucción de la infraestructura del sistema de salud, avisan desde la Sociedad de Medicina Siria-Americana, ha forzado la huida de miles de profesionales, lo que complica aún más la tarea de los que quedan en el país dejando sin cubrir algunas áreas de experiencia. Según datos de este organismo internacional, más de 640 profesionales sanitarios han muerto desde el inicio del conflicto en el país.

En Alepo, por ejemplo, una ciudad de más de tres millones de habitantes, sólo quedan unos 300 médicos, de los cuales sólo 16 son cirujanos y 3 son cirujanos ortopédicos. O, por ejemplo, a Mada, con una población de 42.000 personas, 29.000 necesitan algún tipo de asistencia sanitaria, sólo hay un hospital de campaña y tres médicos.

Además, enfermedades que ya se habían extinguido en el país, como la polio o la tuberculosis, han resurgido y miles de personas han muerto porque no han podido seguir sus respectivos tratamientos para enfermedades como el cáncer o porque no han podido asistir a su sesión de diálisis, por citar algunos de los ejemplos que documenta la OMS.

La Sociedad de Medicina Siria-Americana recoge, además, que cerca de 600.000 sirios han sufrido amputaciones, quemaduras, daño cerebral o han perdido la vista y la mayoría de las heridas fueron causadas por armas de fuego y bombardeos indiscriminados.

Los niños, las víctimas más vulnerables

Save the Children calcula que al menos 250.000 niños sirios viven bajo un brutal acoso que impide, entre otras cosas, que medicamentos y alimentos básicos lleguen a algunas zonas. Aunque la ONG reconoce la dificultad para obtener valoraciones sistemáticas sobre la desnutrición, la salud o el bienestar psicológico en el país ha elaborado un informe en base a la información recogida a través de varios grupos de discusión con un centenar de participantes que viven en zonas asediadas de Siria.

“A veces mis hermanos y hermanas y yo nos vamos a dormir sin haber comido nada desde el día anterior porque no hay comida”, explica Sami, un niño de Ghouta oriental. Las diversas entrevistas sugieren que los niños sufren desnutrición crónica y un déficit de vitaminas y minerales considerable.

De hecho en las zonas asediadas, la escasez de alimentos provoca un incremento que hace que muchos de los productos básicos sean impagables. Por ejemplo, el precio de un kilogramo de arroz superaba en enero los 200 dólares mientras que 100 gramos de leche en polvo podía llegar a costar 31 dólares.

Además de la alimentación o las dificultades de acceso a un centro de atención primaria o un hospital, los niños sufren profundas heridas psicológicas por el hecho de vivir en una guerra. “Aquí ya no hay niños, sólo adultos pequeños”, dice la Rihab, una madre de las que ha podido hablar con la ONG.

Voces desde el campo de batalla

Siria es hoy probablemente uno de los peores países para ejercer de médico. Más allá de las circunstancias con las que tienen que trabajar -por ejemplo durante un bombardeo- y condiciones -sin material suficiente ni idóneo- deben ver y tratar diariamente cientos de víctimas de la guerra.

El informe 'Syrian Medical Voices from the Ground: The ordeal of Syria s Healthcare Profesionales', en el que ha participado el Centro para la Salud Pública y los Derechos Humanos de la John Hopkins University, recoge las experiencias de 27 profesionales que trabajan o han trabajado en Siria.

Todos los entrevistados experimentan algún tipo de trauma psicológico y, según constata el documento, el personal médico en el país está “sobreexplotado, desmoralizado y deprimido”. Según recoge, los trabajadores del sistema de salud también se han convertido en una arma de guerra. Algunos son arrestados, detenidos o torturados. “Una vez detenidos los interrogadores les pedían que confesaran si habían tratado a miembros de la oposición”, se asegura en el documento.

Mientras algunos piensan a marchar otros, como uno de los testigos del informe, otro de ellos que es cirujano asegura: “Si yo muero pero salvo a 100 ya habrá valido la pena”.

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