El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca ha provocado que ciudadanos de Estados Unidos hayan salido de su país por temor a una deriva ultraconservadora de ataques a minorías. Barcelona ha acogido a algunos de ellos. “No nos sentíamos seguros viviendo en Estados Unidos”, explican a la Agència Catalana de Notícies (ACN) Chrys y Benjamin Gorman, que se marcharon de Oregon un día antes de que Trump jurara el cargo. Tienen una hija no binaria y forman parte del colectivo LGTBIQ+.
Serg, un americano de origen cubano, no se sentía “inmediatamente en riesgo” por ser homosexual, pero también decidió marcharse de Estados Unidos para tener una vía de salida para su madre, una inmigrante cubana, en caso de que el Gobierno intentara expulsarla. Incluso él mismo tiene miedo: “Cada vez que paso por un aeropuerto pienso que me secuestrarán, que me meterán en una prisión 48 horas sin comunicación, porque donde no se respetan las leyes no hay leyes”.
Los tres norteamericanos entrevistados están satisfechos con la decisión de trasladarse a Barcelona, donde se sienten respetados. “Vivir en un país donde todo está diseñado para la gente que vive en él y no para cinco multimillonarios es extraño. No me he acostumbrado”, confiesa Chrys.
Aun así, siguen con preocupación la política de Estados Unidos. “Tenía vecinos que son inmigrantes naturalizados o que están esperando obtener la green card o la residencia, y se están escondiendo en casa. Muchos americanos sufren el impacto del régimen de Trump cada día”, dice Serg con “el corazón roto”.
“Ninguno de nosotros, ni nuestra hija, nos sentíamos seguros viviendo en Estados Unidos durante un segundo mandato de Trump”, explica Chrys Gorman. Ella y su marido Benjamin se marcharon justo antes de la ceremonia de investidura del 20 de enero de 2025. En noviembre de 2024 la familia vendió todas sus pertenencias, incluida la casa y los coches, y se mudó al otro lado del Atlántico con cuatro maletas llenas de ropa y libros, tres perros y dos gatos.
Alegan que si no se hubieran marchado antes del Inauguration Day, su hija Frankie “no habría podido viajar. Una de las primeras órdenes ejecutivas que firmó Donald Trump al llegar a la Casa Blanca fue invalidar los pasaportes de las personas no binarias y todos aquellos documentos oficiales en los que el género no se correspondiera con el asignado al nacer. ”Frankie y yo formamos parte de la comunidad LGTBI. Y también las dos somos neurodivergentes“, dice Chrys.
A la hora de decidir su destino, consideraron México, Paraguay, Uruguay, Portugal y España. Como escritor, Benjamin explica que acabaron decantándose por la capital catalana porque es una ciudad “increíblemente literaria” y él habla castellano, aunque espera aprender catalán pronto.
En el caso de Serg, hacía tiempo que quería instalarse en España, donde tiene vínculos familiares. El regreso de Trump terminó de convencerlo. Además, cree que los ataques a las personas trans o la prohibición de libros LGTBIQ+ en las escuelas pueden desencadenar una discriminación más amplia en toda la comunidad gay. “No me sentía inmediatamente en riesgo, pero sé hacia dónde pueden derivar los ataques”, afirma.
Las consecuencias del segundo mandato de Trump ya se están notando en el país, dice Serg. El joven teme que los ciudadanos no sean conscientes de que se deben a las políticas del republicano. “A mi madre le han recortado los beneficios sanitarios y ella piensa que es culpa de la clínica y no de Donald Trump”.
Entre las cosas que más han sorprendido a Chrys y Benjamin durante este primer año en Barcelona está que pueden expresarse libremente. Esta fue también una de las “motivaciones” para escoger el territorio catalán, porque como autores y editores de historias “claramente antifascistas” querían seguir publicándolas “sin miedo a la censura ni a las represalias”.
Ahora pueden tener colgada una bandera LGTBI en el balcón de casa “sin tener miedo” y ven como “un cambio agradable” que la gente no pueda llevar armas de fuego. Meses después aún se sorprenden por la facilidad de poder ir andando a todas partes y de cómo la ciudad está preparada para las mascotas.
“Aunque algunas regiones en Catalunya son más conservadoras que la ciudad de Barcelona, pero no he notado ninguna animosidad. Espero que esta noción de respeto al individuo para el beneficio de la comunidad se mantenga”, confía Serg, consciente de que los postulados de Trump también los defienden partidos como Vox en España. Él también está contento con la decisión de venir a Barcelona, pero admite que es “difícil” ver “el estrés y el temor” que padecen sus familiares y amigos en los Estados Unidos: “Se me rompe el corazón”.
Futuro en los Estados Unidos
Si algún día Chrys y Benjamin tuvieran que volver a casa, no sería porque la administración Trump haya terminado y todo “haya mejorado mágicamente”, sino porque la empresa editorial que tienen necesitara su presencia física.
“Donald Trump no vivirá siempre”, sentencia Benjamin, pero advierte que “las consecuencias de este régimen” se alargarán durante muchos años porque algunos de los “daños” son generacionales. Si fuera posible, él viviría en Catalunya para siempre.
A su juicio, “Trump no es el problema”, sino un “síntoma de un cáncer muy arraigado” y se pregunta cuál es la cultura de Estados Unidos que permite que el fascismo crezca. Considera que el país norteamericano debería abordar estas disyuntivas, porque si no lo hace, no será “un país seguro para vivir”.
También Serg se muestra pesimista: espera que los estadounidenses expresen una voluntad de cambio en las elecciones de medio mandato a finales de año, pero cree que Estados Unidos no tendrá unas elecciones “justas hasta dentro de al menos dos generaciones”. Siente un “enorme cariño y gratitud” hacia el país, que dio “una oportunidad de libertad” a sus padres cubanos, y precisamente por eso está tan “triste” al ver lo que está pasando.