Jordi Pujol Ferrusola añade otro clavo a la financiación de Convergència con un aval en la última campaña de su padre
El primogénito del fundador de Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) ha agregado otro clavo a las finanzas del extinto partido. Han sido solo diez minutos en una declaración que, entre el lunes y el martes, ha durado casi seis horas, pero Jordi Pujol Ferrusola ha terminado por admitirlo: avaló “desde atrás” unos créditos bancarios a empresas proveedores de Convergència para financiar la última campaña electoral de su padre.
Todo ocurrió en un lejano 1999, cuando la moneda corriente eran las pesetas. Fue en la última campaña de Jordi Pujol, que inauguró sus últimos cuatro años al frente de la Generalitat. Los primeros comicios en los que el PSC, por entonces liderado por Pasqual Maragall, superó en votos a Convergència. Pujol era president desde 1980. Algunos de los participantes en el plan descrito por el primogénito ya han fallecido.
La operativa narrada por Pujol Ferrusola no es de por sí delictiva (la ley de financiación de partidos no entró en vigor hasta ocho años después), pero ilustra una época y una clase social. Sea cual sea la sentencia, el caso Pujol ha mostrado pelotazos solo posibles por el apellido y puertas que se abren a una élite y se cierran a la mayoría. Y, aunque han ocupado poco espacio, han terminado apareciendo los desmanes en las campañas electorales, donde era mejor no preguntar de dónde salía el dinero.
Pujol Ferrusola ha contado lo ocurrido con un tono más bajo que cuando ha relatado sus andanzas empresariales. Según ha explicado, el extesorero de Convergència Carles Torrent (ya fallecido), le pidió si podía “ayudar” a la última campaña de su padre “buscando financiación y algún crédito” que “ayudara” a las empresas que colaboraron con la campaña, las gráficas Hispart, Altraforma y Winner Graph.
Su respuesta fue rápida: “Le digo [a Torrent] que no se preocupe, que yo les ayudaré porque quiero que mi padre pueda tener presupuesto”. Primero, Pujol Ferrusola fue a llamar a su banco en España, el BBVA, a quien propuso si “sería posible” avalar con su dinero unos créditos del banco a las tres empresas para garantizar que cobraran por sus trabajos para la campaña.
La respuesta del BBVA fue negativa. El banco prefirió ser prudente, según la versión de Pujol: “El BBVA me comentó que no podía, porque tenía un techo para dar financiación a empresas ligadas a la financiación de partidos”. El primogénito no se lo terminaba de creer. “No sé si no podía o no quería”, ha agregado.
Pujol Ferrusola acudió de nuevo al tesorero Torrent, y encontraron una alternativa: plantear el crédito a las empresas que hacían la campaña de CDC a través de Fibanc. Otra vez aparecieron los innumerables contactos de Júnior, que conocía a todo el mundo que estaba en los puestos adecuados. En 1999, Oriol Ribas —directivo de Banca Reig, la entidad andorrana donde los Pujol guardaban su fortuna oculta— estaba como consejero de Fibanc.
Lo que parecía imposible se consiguió: Pujol Ferrusola avaló, en sus propias palabras, “desde atrás”, esto es, desde Banca Reig: él avaló el crédito que terminó dando Fibanc a las sociedades que trabajaron para Convergència.
El dinero fluyó para Hispart, Altraforma y Winner Graph: a la primera se le concedió un crédito por parte de Fibanc de 50 millones de pesetas, a la segunda de 100 y a la tercera de 50. Todo ello avalado por Jordi Pujol Ferrusola. “Las empresas amortizaron sus créditos y a mí me liberaron del aval”, ha defendido el primogénito.
Pujol Ferrusola ha añadido que desconoce “cuál fue el funcionamiento de amortización” entre las empresas proveedoras y CDC porque él se limitó a dar el aval y “a rezar en parte” para que le devolvieran el crédito. Y ha negado que su padre supiera algo de la operativa.
Se da la circunstancia que Pujol Ferrusola ha admitido la operativa del aval después de que los empresarios involucrados alegaran no recordarlo cuando comparecieron en el juicio como testigos. El presidente y administrador de la agencia de publicidad Altraforma, Miguel Giménez-Salinas, admitió que solicitó dos préstamos en la entidad Fibanc para sufragar campañas de CDC, pero remitió al tribunal para los detalles... a una persona fallecida: su directora financiera.
Los nombres de las empresas a las que avaló son viejas conocidas de los tribunales: Hispart y Altraforma ya confesaron en el caso Palau (allá por 2017) les obligó a facturar al Palau de la Música servicios que en realidad prestaron al partido. En ese caso, estuvieron relacionados con la campaña electoral de las generales del 2004.
También fue el fallecido Carles Torrent (murió en 2005), según confesaron los administradores de ambas empresas, quien les instó a facturar al Palau los servicios prestados al partido fue el extesorero de la formación.
Como no hay dos sin tres, a Convergència todavía le queda un juicio sobre su financiación irregular. La causa por el 3%, que ya cuenta con algunos empresarios que han confesado (a diferencia del caso Pujol), espera juicio. Llegará en 2027. Casi tan tarde como el juicio a los Pujol.
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