El reinicio de las relaciones de ERC con el Gobierno aviva la tensión con Junts

Arturo Puente

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La explosión del escándalo por el espionaje a políticos y activistas con el programa Pegasus tuvo el efecto casi milagroso de volver a unir a todos los independentistas contra un enemigo común, el CNI y, por derivación, el Gobierno de Pedro Sánchez. Pero dos meses después, lo que inicialmente fue una drástica ruptura entre Barcelona y Madrid se ha ido templando, hasta llegar a un reinicio de las relaciones que supuso la semana pasada la reunión de reencuentro entre el ministro Félix Bolaños y la consellera Laura Vilagrà. Esa vuelta a la normalidad, sin embargo, ha enervado a Junts, que acusa a los republicanos de actuar “unilateralmente” y amenaza con volver a poner todas las trabas posibles a la estrategia de mano tendida de Pere Aragonès hacia Pedro Sánchez.

ERC considera "más que insuficientes" las propuestas del Gobierno para esclarecer los casos de espionaje

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“Cuando las reuniones son de Govern, en un gobierno de coalición, las posiciones se fijan entre los dos socios. Este es un elemento que no se dio con la consellera Vilagrà y el ministro Bolaños”, aseguró este lunes el portavoz de Junts, Josep Rius, que dio por hecho que la consellera solo representaba en Madrid a la mitad republicana del Govern. Según abundó Rius, para su partido sigue vigente el acuerdo del Govern que congeló las relaciones con el Gobierno en protesta por el caso Pegasus, una situación que, a su juicio no se ha revertido.

Con este argumento, la formación ha decidido llevar a los órganos de coordinación la decisión de sus socios de retomar las relaciones. Estos mecanismos internos están diseñados, entre otras cosas, para llegar a consensos sobre los pasos a dar como Govern y a solucionar disputas entre los socios. El partido reclama que los equipos de coordinación se reúnan con más periodicidad: el grupo más reducido para las cuestiones del día, de forma semanal, y el ampliado, que reúne a los dirigentes de la Generalitat y los partidos, como mucho una vez al mes.

Pero Junts no solo quiere debatir más a menudo sino también sobre cuestiones de más calado. Por ejemplo, si Aragonès debe reunirse con Sánchez en la cita que los equipos de ambos mandatarios han acordado para las próximas semanas o meses.

Rius ya ha avanzado la posición de su partido respecto a cualquier posible reunión: “Mientras no haya ninguna explicación sobre el 'CatalanGate' [caso Pegasus] y una comisión de investigación en el Congreso, las relaciones, más allá de aquellas que sean técnicas, están para nosotros congeladas”, ha afirmado el portavoz, extendiendo contra Aragonès la amenaza de no apoyarle en su próxima reunión con Sánchez.

La tensión que se ha reavivado entre los dos principales partidos independentistas tiene que ver no solo con el reinicio de las relaciones sino, sobre todo, con la posibilidad de que la mesa de diálogo pueda volver a reunirse en fechas próximas. Este foro que hasta el momento no ha alcanzado acuerdos públicos ha sido una de las grandes cuestiones que han dividido a ERC y Junts, hasta el punto de que los segundos se quedaron fuera del equipo que representa a la Generalitat por la discrepancia entre los socios sobre si podían participar personas que no fuesen miembros del Govern, como reclamaba Junts.

Unas declaraciones de Pedro Sánchez han vuelto a poner este tema de actualidad, después de que el presidente haya asegurado en una entrevista en La Vanguardia que le gustaría que también estuviera Junts en la mesa de diálogo. En el partido que ahora comandan Laura Borràs y Jordi Turull no ven próxima una incorporación a ese foro bilateral, que ven inútil para los intereses independentistas. Pese a eso, este lunes optaron por poner tres condiciones: que sea un proceso de negociación real con garantías de cumplimiento y monitorización de lo acordado, que se apruebe una ley de amnistía antes de acabar la legislatura y que en la mesa se permita abordar la autodeterminación. Unos requisitos que avanzan que ERC seguirá yendo sola a la mesa.

Los republicanos, por su parte, también han movido ficha ante un más que previsible deterioro de las relaciones con sus socios. En la rueda de prensa tras la reunión de la Ejecutiva de ERC, la portavoz Marta Vilalta reclamó a Junts que dejen de lanzar críticas a la mesa porque, en su opinión, eso “debilita el acuerdo de Gobierno”, ya que el pacto entre ambos partidos fue “dar margen a la negociación”. “Que se levanten del sofá y se sumen a los consensos de país”, ha lanzado la portavoz republicana, quien ha justificado el intento de volver a tejer relaciones con la Moncloa porque “quedarnos sentados no ayuda en nada”.

Tal y como ya consideró Vilagrà la semana pasada, Vilalta ha subrayado que la vuelta a las reuniones entre gobiernos no debe considerarse una normalización de las relaciones, aunque la vuelta a las trincheras tanto de ERC como de Junts indica que la tregua que se concedieron para aparecer como un frente unido por el caso Pegasus ha quedado ya definitivamente atrás.

La explosión del escándalo por el espionaje a políticos y activistas con el programa Pegasus tuvo el efecto casi milagroso de volver a unir a todos los independentistas contra un enemigo común, el CNI y, por derivación, el Gobierno de Pedro Sánchez. Pero dos meses después, lo que inicialmente fue una drástica ruptura entre Barcelona y Madrid se ha ido templando, hasta llegar a un reinicio de las relaciones que supuso la semana pasada la reunión de reencuentro entre el ministro Félix Bolaños y la consellera Laura Vilagrà. Esa vuelta a la normalidad, sin embargo, ha enervado a Junts, que acusa a los republicanos de actuar “unilateralmente” y amenaza con volver a poner todas las trabas posibles a la estrategia de mano tendida de Pere Aragonès hacia Pedro Sánchez.

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“Cuando las reuniones son de Govern, en un gobierno de coalición, las posiciones se fijan entre los dos socios. Este es un elemento que no se dio con la consellera Vilagrà y el ministro Bolaños”, aseguró este lunes el portavoz de Junts, Josep Rius, que dio por hecho que la consellera solo representaba en Madrid a la mitad republicana del Govern. Según abundó Rius, para su partido sigue vigente el acuerdo del Govern que congeló las relaciones con el Gobierno en protesta por el caso Pegasus, una situación que, a su juicio no se ha revertido.

Con este argumento, la formación ha decidido llevar a los órganos de coordinación la decisión de sus socios de retomar las relaciones. Estos mecanismos internos están diseñados, entre otras cosas, para llegar a consensos sobre los pasos a dar como Govern y a solucionar disputas entre los socios. El partido reclama que los equipos de coordinación se reúnan con más periodicidad: el grupo más reducido para las cuestiones del día, de forma semanal, y el ampliado, que reúne a los dirigentes de la Generalitat y los partidos, como mucho una vez al mes.

Pero Junts no solo quiere debatir más a menudo sino también sobre cuestiones de más calado. Por ejemplo, si Aragonès debe reunirse con Sánchez en la cita que los equipos de ambos mandatarios han acordado para las próximas semanas o meses.

Rius ya ha avanzado la posición de su partido respecto a cualquier posible reunión: “Mientras no haya ninguna explicación sobre el 'CatalanGate' [caso Pegasus] y una comisión de investigación en el Congreso, las relaciones, más allá de aquellas que sean técnicas, están para nosotros congeladas”, ha afirmado el portavoz, extendiendo contra Aragonès la amenaza de no apoyarle en su próxima reunión con Sánchez.

La tensión que se ha reavivado entre los dos principales partidos independentistas tiene que ver no solo con el reinicio de las relaciones sino, sobre todo, con la posibilidad de que la mesa de diálogo pueda volver a reunirse en fechas próximas. Este foro que hasta el momento no ha alcanzado acuerdos públicos ha sido una de las grandes cuestiones que han dividido a ERC y Junts, hasta el punto de que los segundos se quedaron fuera del equipo que representa a la Generalitat por la discrepancia entre los socios sobre si podían participar personas que no fuesen miembros del Govern, como reclamaba Junts.

Unas declaraciones de Pedro Sánchez han vuelto a poner este tema de actualidad, después de que el presidente haya asegurado en una entrevista en La Vanguardia que le gustaría que también estuviera Junts en la mesa de diálogo. En el partido que ahora comandan Laura Borràs y Jordi Turull no ven próxima una incorporación a ese foro bilateral, que ven inútil para los intereses independentistas. Pese a eso, este lunes optaron por poner tres condiciones: que sea un proceso de negociación real con garantías de cumplimiento y monitorización de lo acordado, que se apruebe una ley de amnistía antes de acabar la legislatura y que en la mesa se permita abordar la autodeterminación. Unos requisitos que avanzan que ERC seguirá yendo sola a la mesa.

Los republicanos, por su parte, también han movido ficha ante un más que previsible deterioro de las relaciones con sus socios. En la rueda de prensa tras la reunión de la Ejecutiva de ERC, la portavoz Marta Vilalta reclamó a Junts que dejen de lanzar críticas a la mesa porque, en su opinión, eso “debilita el acuerdo de Gobierno”, ya que el pacto entre ambos partidos fue “dar margen a la negociación”. “Que se levanten del sofá y se sumen a los consensos de país”, ha lanzado la portavoz republicana, quien ha justificado el intento de volver a tejer relaciones con la Moncloa porque “quedarnos sentados no ayuda en nada”.

Tal y como ya consideró Vilagrà la semana pasada, Vilalta ha subrayado que la vuelta a las reuniones entre gobiernos no debe considerarse una normalización de las relaciones, aunque la vuelta a las trincheras tanto de ERC como de Junts indica que la tregua que se concedieron para aparecer como un frente unido por el caso Pegasus ha quedado ya definitivamente atrás.

La explosión del escándalo por el espionaje a políticos y activistas con el programa Pegasus tuvo el efecto casi milagroso de volver a unir a todos los independentistas contra un enemigo común, el CNI y, por derivación, el Gobierno de Pedro Sánchez. Pero dos meses después, lo que inicialmente fue una drástica ruptura entre Barcelona y Madrid se ha ido templando, hasta llegar a un reinicio de las relaciones que supuso la semana pasada la reunión de reencuentro entre el ministro Félix Bolaños y la consellera Laura Vilagrà. Esa vuelta a la normalidad, sin embargo, ha enervado a Junts, que acusa a los republicanos de actuar “unilateralmente” y amenaza con volver a poner todas las trabas posibles a la estrategia de mano tendida de Pere Aragonès hacia Pedro Sánchez.

ERC considera "más que insuficientes" las propuestas del Gobierno para esclarecer los casos de espionaje

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“Cuando las reuniones son de Govern, en un gobierno de coalición, las posiciones se fijan entre los dos socios. Este es un elemento que no se dio con la consellera Vilagrà y el ministro Bolaños”, aseguró este lunes el portavoz de Junts, Josep Rius, que dio por hecho que la consellera solo representaba en Madrid a la mitad republicana del Govern. Según abundó Rius, para su partido sigue vigente el acuerdo del Govern que congeló las relaciones con el Gobierno en protesta por el caso Pegasus, una situación que, a su juicio no se ha revertido.