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Sobre este blog

Este blog pretende transmitir reflexiones sobre música, literatura, arte, pensamiento y cultura en general, sin eludir la dimensión política. Trata de analizar la realidad, especialmente cuando, como ocurre con frecuencia, supera la ficción.

‘Carmen’, el tópico eterno

Castronovo y Berzhanskaya en el segundo acto.

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Carmen de Georges Bizet no es solo una ópera muy famosa, sino la más célebre de todo el repertorio. Según las estadísticas de Operabase, la que más se representa en el mundo, por encima de La flauta mágica de Mozart y La traviata de Verdi. El pasado año se cumplieron 150 de su estreno en la Opéra Comique de París el 3 de marzo de 1875, cuando recibió fuertes críticas por su inmoralidad y su descarnado realismo. Bizet, que tenía 36 años, murió tres meses después, aquejado de una profunda depresión. No conoció la popularidad que la obra fue alcanzando a partir de su estreno en Viena, en octubre del mismo año, hasta colocarse en el primer lugar de las referencias del público.

El exotismo de España ofrecía un gran atractivo para compositores y escritores románticos franceses, muchos de los cuales cultivaron el tema español, con la estilización y los tópicos propios de lo que el diccionario Larousse califica como “españolada”: “Obra literaria o artística que da de España una representación dominada por la búsqueda de un pintoresquismo convencional, en detrimento de la exactitud y de la verdad”. En este marco se encuadra, por ejemplo, la célebre Sinfonía española de Éduard Lalo, y la novela de Prosper Mérimée en que se basaron Ludovic Halévy y Henri Meilhac para escribir el libreto de la ópera de Bizet con idéntico título. Presenta algunos cambios importantes con respecto a la obra literaria, ya que, por ejemplo, la prostituta que protagoniza la novela pasa a ser una cigarrera de la Fábrica de Tabacos, monumental edificio que hoy pertenece a la Universidad de Sevilla.

La Carmen de Bizet tiene todos los ingredientes de la españolada: gitanos, toreros, bandoleros, contrabandistas, bailaoras y pasiones desatadas, que concluyen con un crimen que hoy calificaríamos de violencia de género. Su música genial ha contribuido decisivamente a su popularidad. Sin olvidar que el fragmento más célebre, la habanera que canta Carmen, es musicalmente casi una copia de una del compositor vasco Sebastián Iradier titulada El arreglito. Parece que Bizet creía que se trataba de una melodía popular. Una vez informado, incluyó en la edición de la partitura una mención a Iradier. En 1887, cuando se estrenó la ópera en Madrid cantada en español, despertó críticas por alimentar los viejos tópicos.

El Palau de les Arts de Valencia la representa estos días abriendo temporada, con un lleno absoluto en las seis funciones. Este texto está referido a la segunda, celebrada el domingo 4 de octubre. Se trata de una nueva coproducción con el Grand Théâtre de Ginebra, dirigida por Ted Huffman, con Michele Spotti en la dirección musical, y Vasilisa Berzhanskaya, Charles Castronovo, Ruth Iniesta y Davide Luciano en los papeles de Carmen, Don José, Micaëla y Escamillo respectivamente. La producción de Huffman, con escenografía de Nadja Sofie Eller, es de una gran sencillez conceptual, ya que todo ocurre sobre una gran plataforma rodeada de sillas, a la que se añaden después algunos elementos para figurar la taberna de Lilas Pastia. Los cambios de elementos transcurren a la vista del público y el interés está en los movimientos escénicos. Son importantes por ello la coreografía de Pim Veulings, el sencillo vestuario de Astrid Klein, y la iluminación de Urs Schönenbaum, que logra su momento cumbre en el segundo cuadro del tercer acto, con los coros bajo una lluvia de confetti. También es importante el ballet, que presenta un añadido flamenco con zapateado y sin música. 

Luciano y Berzhanskaya en el tercer acto.

A mi juicio sobran las introducciones en español que se han colocado al principio de los actos. El Palau de les Arts cuenta con traducción simultánea en varios idiomas en pantallas situadas en la parte trasera del respaldo de las butacas, lo que permite seguir la acción al detalle. Es verdad que Carmen es una cigarrera y sus colegas cantan el célebre coro La fumée en el primer acto, pero hay un exceso de cigarrillos y de humo en la escena durante casi toda la ópera de forma gratuita. 

En cuanto a la parte musical, Spotti, titular de la Ópera de Marsella y que ya ha dirigido en dos ocasiones en Les Arts, hizo una versión intensa, animada, marcando todas las entradas a una Orquestra de la Comunitat Valenciana de impresionante sonido. Hubo momentos de especial belleza, como la fogosa obertura, el entreacto previo a acto III y los coros del final. Magnífico el Cor de la Generalitat, con la Escola Coral Veus Juntes y la Escolania de la Mare de Déu dels Desemparats.

La mezzosoprano rusa de 32 años Vasilisa Berzhanskaja, que debuta en Valencia, hace gala de una espléndida voz, de sólidos agudos, bello vibrato y carnosos graves. Cantó magníficamente el papel, con más brillantez que intensidad dramática, aunque esa fue la tónica de la producción. El tenor neoyorquino Charles Castronovo, bien conocido del público valenciano, posee un timbre oscuro, abaritonado y una extraordinaria potencia, de la que hizo gala al encarnar a Don José. En la célebre Aria de la flor hizo un crescendo no escrito en las palabras Et j’étais une chose à toi, una escala que acaba en un si bemol agudo, para luego apianar y cantar piano Carmen, je t’aime. Bizet escribió todo ese fragmento con la indicación pp, es decir pianissimo,pero son pocos los tenores que respetan la voluntad del compositor. Un ejemplo de fidelidad a la partitura es la interpretación de José Carreras en la versión publicada en 1983 por Deutsche Grammophon con Herbert von Karajan dirigiendo la Filarmónica de Berlín y Agnes Baltsa como Carmen. El barítono italiano Davide Luciano cantó un contundente Escamillo, con una aplaudida canción del Toréador. En cuanto a la soprano aragonesa Ruth Iniesta interpretó una delicadísima y sentida Micaëla con muy bella voz. Sin duda la suya fue la interpretación de mayor profundidad dramática.

En la escena final, el director de escena presenta un diálogo en el que Don José sacude varias enérgicas bofetadas a Carmen, que la llegan a hacer caer, antes de estrangularla en el suelo con un cinturón de cuero. Todo ello subraya la cruel brutalidad del asesinato de la protagonista, que en la versión original muere acuchillada por Don José sin agresiones previas, pero casa poco con el texto del diálogo. El público premió con cálidas y largas ovaciones un gran espectáculo que revivió el tópico eterno de Carmen.

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