Un maquinista del Metro que salvó a sus pasajeros en la dana declara ante la jueza que el gerente “no hizo nada”
“El gerente no hizo nada, nada más que estar conmigo hablando toda la noche como una conversación de bar (...) y salir a fumar, es lo único que hacía”. Así describió ante la jueza en su declaración del pasado 17 de junio un maquinista de Ferrocarrils de la Generalitat Valenciana (FGV) la actuación del gerente de la empresa pública, Alfonso Novo, durante la dana del 29 de octubre de 2024, trágica jornada que acabó con 230 fallecidos.
El testigo, según el acta de la declaración a la que ha tenido acceso elDiario.es, reprochó severamente el papel pasivo que, a su juicio, mantuvieron tanto el gerente, antiguo concejal del PP de Rita Barberá, como varios jefes de FGV, una vez que el complejo principal de la empresa pública en València Sud se inundó con más de un centenar de pasajeros refugiados en las instalaciones.
La cronología de los hechos detallada por el maquinista coincide con el informe oficial de FGV sobre la dana desvelado en exclusiva por este periódico tres meses después de la dana. El trabajador, con más de dos décadas de experiencia en la empresa pública, conducía un tren en dirección hacia Torrent la tarde de la dana, cuando le comunicaron que la circulación se limitaba hasta València Sud sin dar más explicaciones. Tras parar el convoy a esa altura de la línea, le ordenaron cambiar de cabina para que, en cuanto se pusiera la señal verde, partiera en dirección contraria, hacia el norte.
Un compañero que estaba en la misma situación le dijo por teléfono: “No puedo hablar mucho contigo, que estoy en el párquing de València Sud sacando el coche, que se está inundando (...). Tu coche ya no está”.
Unas “ciento y pico” personas, desconcertadas, se quedaron en el andén. El maquinista se asomó a la boca de salida en el andén y vio que estaba inundada “hasta el techo”. Se trataba de una situación “que nunca la había visto en mi vida”, explicó ante la jueza. También vio que una “pequeña ola de agua” de unos 30 o 40 centímetros llegaba desde Paiporta. A los pasajeros les dijo: “No entiendo qué está pasando, pero vámonos corriendo de aquí”.
Huyeron como pudieron saltando la vía. El grupo de pasajeros incluía a “mujeres embarazadas, niños pequeños y gente mayor”. Lograron refugiarse en uno de los edificios de València Sud, en el que también permanecían el gerente de FGV, el secretario autonómico de Infraestructuras, Javier Sendra, y otros jefes de la empresa pública. El testigo criticó durante su testifical la “muy poca consideración” de los responsables de FGV con los usuarios que habían logrado acceder al edificio, cuyo Puesto de Mando en la planta baja se inundó completamente, paralizando la circulación de toda la red de Metrovalencia.
El maquinista se dedicó, por su parte, a acomodar a los pasajeros refugiados, algunos con ataques de ansiedad y miedo, en sillones y en unos sofás disponibles en una zona de descanso reservada a los trabajadores de FGV. “No había agua portable, no había luz, ya se había cortado todo”, relató el hombre.
También rompió una “máquina de vending” para sacar unas mínimas provisiones, al temer que se iban a pasar toda la noche encerrados. Algo que, según la versión del testigo, fue criticado por uno de los jefes de FGV. “Pero la gente no podía estar a las once de la noche o a las doce sin beber”, arguyó el maquinista ante la jueza. “Mis jefes se fueron a dormir al edificio de instalaciones fijas y nos dejaron allí con toda la gente”, declaró el testigo.
Ya de día, los pasajeros y trabajadores refugiados en València Sud se marcharon a casa como pudieron. “Yo me quedé sin coche y salí andando por la vía cruzando el puente de San Isidro, con bolsas de basura que me até en los pies hasta la rodilla con precinto”, rememoró el maquinista.
Al llegar al otro lado del nuevo cauce del río Turia, se dio de bruces con la realidad impactante de una ciudad que despierta ajena a la magnitud de la catástrofe que se había producido un poco más al sur: “Era como otro mundo, como si hubiéramos salido de una zona de guerra y hubiéramos entrado en una zona ya tranquila”.
—Yo tenía que haber acabado a las nueve de la noche, pero salía a las once de la mañana del día siguiente. Mi empresa a los trabajadores tampoco nos dijo nada. Decidí irme a mi casa como pude, porque sé (ya llevo 26 años en la empresa trabajando), que nunca apuesta por el trabajador. Sabía que no iban a dar una solución para irme a mi casa, entonces ya decidí irme, pues eso, andando. Hasta que me recogió un amigo y me fui a mi casa.
El tren que cruzó el barranco del Poyo
Por otro lado, el testigo también aludió al último metro que circuló en la dana por el puente que cruza el barranco del Poyo lo hizo con las vías inundadas (una información destapada por este diario un mes después de la tragedia):
—[El compañero maquinista] pasó por ahí cinco minutos antes de que el puente se lo llevara el agua. Claro, un tren no frena como un coche, cuando él intentó frenar ya estaba metido en el puente y ya estaba pasando agua por encima de la vía. Salió y siguió hacia adelante. Y cinco minutos después ya no quedaba puente. Ese tren iba con 300 o 400 personas hacia Torrent Avinguda.