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Espai que combina l’actualitat al voltant de les polítiques de les administracions valencianes en matèria de memòria democràtica i exhumació de fosses amb continguts més especialitzats sobre la història de la repressió franquista i els avanços en les investigacions acadèmiques. Reportatges, entrevistes, actualitat, opinions, informació sobre recerques universitàries o publicacions...

El historiador de la hambruna silenciada del franquismo: “La dictadura sabía gestionar el hambre”

Dos niños durante la posguerra franquista.

Lucas Marco

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Lo reconoció el propio régimen franquista en la posguerra: la hambruna devastaba la España autárquica del general Francisco Franco. Un documento de las autoridades franquistas de Peñarroya (Córdoba), de enero de 1940, relataba: “Hay cientos de niños, hombres y ancianos paseando su miseria e implorando una limosna, que por ser tantos, no les llega, ya que el paro y el hambre presente supera al de ninguna época pasada, pues hay más de 2.000 personas entre hombres y mujeres que si no roban (cosa que aquí está a la orden del día, quedando pocos corrales por saquear) se mueren de hambre ellos y sus familias”. Es uno de los hallazgos del historiador Miguel Ángel del Arco (Granada, 1978), invitado esta semana por el Aula d'Història i Memòria Democràtica de la Universitat de València para impartir una conferencia en el centro cultural La Nau bajo el título La hambruna silenciada del franquismo: causas, características y consecuencias.

El investigador sitúa los años del hambre de la España franquista entre 1939, con el fin de la Guerra Civil, y 1952, cuando desaparecen las cartillas de racionamiento. Sin embargo, los tres primeros años de posguerra supusieron una hambruna, un concepto “tan antiguo como la historia de la humanidad”, explica Miguel Ángel del Arco, profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de Granada. Las hambrunas, recuerda el investigador aludiendo a las tesis del economista indio Amartya Sen, “tienen que ver con la política”, por lo que la falta de democracia “puede dar pie a que sean más intensas”.

En el caso de la posguerra española, la “hambruna difusa” afectó a las clases populares que más habían apoyado al Frente Popular antes de la contienda y, especialmente, a zonas como Andalucía, Extremadura, Castilla-La Mancha o Murcia. “El hambre lo inundó absolutamente todo, fue una obsesión que mediatizaba las relaciones entre familiares”, señala el historiador, quien apunta a un exceso de muertes de 200.000 personas entre 1939 y 1942.

La posguerra propició muertes por inanición y por enfermedades infecciosas, un alto precio de los alimentos, la ingesta de derivados alimenticios no adecuados para el consumo humano, crímenes contra la propiedad, un incremento de la emigración clandestina temporal e incluso revueltas del hambre, habitualmente protagonizadas por mujeres. “La gente roba para salvarse porque no tiene para comer”, apunta Miguel Ángel del Arco, coordinador del libro Los años del hambre. Historia y memoria de la posguerra franquista, editado por Marcial Pons.

Además, se produce el fenómeno de la emigración clandestina hacia las ciudades donde había más racionamiento. “La dictadura sabía cómo gestionar el hambre”, reflexiona el investigador, quien destaca que las estampas de la posguerra famélica fueron “reconocidas por el propio régimen” y también reseñadas por la diplomacia británica.

También aumentan las enfermedades infectocontagiosas —como la difteria, el tifus exantemático o el paludismo— especialmente justo después de la Guerra Civil. La epidemia de tifus, que afectaba singularmente a la población más pobre (“sin jabón, con sólo una muda de ropa y que vivían en cuevas”), fue de tal calibre que “preocupó a los aliados”, según refleja la documentación diplomática consultada por el investigador.

Por otro lado, el coste de la vida aumentó exponencialmente y el mercado negro potenció el acaparamiento, que supuso una subida de los precios, especialmente de la alimentación. Además, recuerda Miguel Ángel del Arco, el fin de los sindicatos también provocó la congelación de los salarios.

El hambre “tuvo una función política”

La autarquía, la corrupción, la política exterior, o la reducción de la productividad agrícola fueron otros factores expuestos por el historiador para explicar el contexto de hambruna franquista. “La autarquía adoptada voluntariamente por Franco y el sueño de la autosuficiencia fueron un auténtico desastre, no llegaban fertilizantes por el bloqueo y las tierras españolas no llegaban a producir lo suficiente”, explica Del Arco.

El hambre consolidó la desmovilización política: “Tuvo una función política y hubo clases sociales a las que les vino especialmente bien”. Así, el régimen autárquico “enriqueció a mucha gente mientras mataba a otros”.

El historiador ha analizado también la memoria de la hambruna y el silencio en muchas familias: el hambre se convierte en “una vergüenza”. También la reducción de la talla de los españoles: “Empezaron a ser más bajitos en la década de 1940”. Miguel Ángel del Arco destaca cómo el fenómeno ha pasado desapercibido en la legislación sobre memoria histórica en España, especialmente en la definición de las víctimas, que no alude en ningún caso a la hambruna española.

El investigador citó como ejemplos de la memoria del hambre la recuperación de libros de recetas de la posguerra, obras literarias de María Beneyto, Dulce Chacón o Almudena Grandes, entre otras, así como las películas El laberinto del fauno o Pa negre. También cómics como Regreso al edén de Paco Roca. Y acabó su conferencia, con una afluencia masiva en el Aula Magna de La Nau a reventar de público, con la canción Panaderas del pan duro de El Naán, un colectivo musical que recupera coplas “que cantaban en la cocina las mujeres mientras amasaban pan”.

La memoria de la hambruna franquista ha pasado de generación en generación en las familias, “especialmente transmitida por las mujeres”. Una memoria, en definitiva, “encapsulada en la cocina y las despensas”.

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