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Autos de choque y helados en Kabul. Cómo es la comunicación de los talibanes

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Donald Trump sigue baneado en Twitter y Facebook. Al mismo tiempo, declaraciones, imágenes y vídeos -miles y miles de contenidos- creados por los talibanes se diseminan en las redes sociales sin ningún problema. ¿La razón? No traspasan las reglas de estas compañías. Y hete aquí lo interesante. Saben perfectamente lo que pueden mostrar o no mostrar en las redes sociales. Desde que dejaron de gobernar Afganistán, en 2001, han cambiado muchísimas cosas en su país y en el mundo, pero también han entendido que la comunicación lo es todo. Si ellos no comunican, otros lo harán, y es probable que no les dejen tan bien. 

Y ello es, por ende, lo que les permite exhibirse a sí mismos como moderados, como buenas personas, como pacíficos luchadores que quieren lo mejor para su país, que no buscan venganza ni masacrar a nadie. Porque es la venganza, la brutalidad y sus ataques constantes a las mujeres (en especial) y a quien no piense como ellos lo que durante décadas (ya desde 1996, cuando subieron al poder) se ha estado diciendo sobre ellos en los medios de comunicación de todo el mundo (y con toda la razón). 

De repente, ahora han comprendido que pueden ofrecer una visión muy distinta. La visión, obviamente, sesgada hacia sus intereses, pero su versión. Los soldados muyahidines tradicionales y tradicionalistas han descubierto el poder de las redes para difundir sus mensajes y para llegar a todo el mundo, incluyendo países occidentales y países que pueden ser futuros aliados. Esa es, tal vez, la razón por la que su web está en pashto, dari, árabe, urdu e inglés, aunque solo los dos primeros se hablan ampliamente en Afganistán. Los otros son meramente para difundir sus mensajes “moderados”, también con centenares de cuentas de Twitter o Facebook (aunque desde esta red empiezan a ponerles problemas incluso sin infringir las reglas). 

Un buen ejemplo es el del portavoz talibán para el exterior, Suhail Shaheen, que no deja de tuitear mensajes tranquilizadores y moderados, tiene más de 380.000 seguidores en Twitter (consiguiendo unos 15.000 seguidores nuevos cada día). Además, tuitea a menudo en inglés, y habla constantemente, vía entrevistas, con los medios. Incluso se jactaba, recientemente, de haber hablado con periodistas israelíes para explicar “la verdad” de lo que sucede en Afganistán. Debemos entender que su “portavocía” no es para los afganos, sino para la gente que no vive en el país (afganos/as de todo el mundo, potenciales aliados y para la opinión pública mundial). En el país, tienen su propio portavoz, Zabihullah Mujahid, con otros 344.000 seguidores, y que sigue con los mismos mensajes tranquilizadores. 

Pero también sucede lo mismo con diferentes imágenes y vídeos “anónimos”. Hace unos días se hicieron virales unas fotografías y vídeos de los talibanes, una vez habían entrado en Kabul, jugando en un carrusel, subidos a los autos de choque o dando una vuelta por la ciudad mientras comían unos helados. Además, otro de los vídeos más significativos que han subido a las redes sociales es en el que un grupo de soldados intentan hacer funcionar las diferentes máquinas (sin demasiada fortuna) del gimnasio del Palacio Presidencial afgano. Algunas personas pueden pensar que la distribución en internet y las redes sociales de este tipo de contenido es completamente casual e improvisada. En absoluto. 

Hoy en día, las cartas de presentación ya no son bombas o balas, las cartas de presentación son vídeos e imágenes profesionales (aunque puedan parecer “caseras”) que alimentaban una verdadera estrategia de comunicación. 

Su objetivo, en primer lugar, es no alarmar demasiado a la opinión pública internacional. Lo complicado para ellos no es obtener el poder, sino mantenerlo, y por ello necesitan tiempo y “tranquilidad”, mostrándose totalmente moderados y legitimados en el poder. Por ejemplo, la primera de las decisiones comunicativas que llevaron a cabo tras la toma de Kabul, fue la de concertar una entrevista con la periodista de la BBC, Yalda Hakim. Esta acción deja dos mensajes muy significativos que refuerzan las palabras de Suhail Shaheen, portavoz de los talibanes: El primero de ellos, es el hecho de que la primera aparición mediática fuese en la cadena británica; el segundo de ellos, el ser entrevistado por una mujer, algo impensable hasta ese momento y que, además, reforzó con la frase “las niñas y mujeres pueden continuar con sus trabajos y sus estudios”. Con la moderación, buscan posicionarse como una opción política respetable a nivel internacional, permitiendo así tejer alianzas con primeras potencias, como puede ser el caso de China o Rusia.

Su segundo objetivo es captar la atención sobre su modo de hacer política respetando los preceptos de Mahoma. Quieren mostrarse como ejemplo al mundo, dejando de lado la imagen de personas que viven en la antigüedad, alejadas de los focos mediáticos y enemigas de todo aquello que represente, aunque sea mínimamente, algo del sistema occidental, construyendo así un relato de modernización y cierta occidentalización. 

El tercer objetivo, que tiene mucho que ver con los citados vídeos de los helados o del gimnasio, trata de lo que en comunicación política llamamos humanización. Es decir, tratar de mostrar el lado más personal y “humano” de los candidatos con el objetivo de que la audiencia se sienta lo más identificada posible con ellos. Con esta finalidad, es por la que han compartido los vídeos y fotos mencionados anteriormente, en los que muestran que su vida en la capital de Afganistán es igual que la del resto de la población (paseando mientras comen un helado o yendo al gimnasio) y que se divierten igual que el resto de los seres humanos (suben al carrusel o montan a los coches de choque). 

Sus tres objetivos son una muestra más de lo trabajada que está, desde hace ya bastante tiempo, la comunicación digital de los talibanes, ya no solo en la producción de contenidos digitales, sino también en la creación de redes de difusión a través de Whatsapp, Telegram, y las principales redes sociales, así como su página web y, en definitiva, la creación de un relato propio y alejado de las críticas desde medios occidentales. 

En Afganistán, el acceso a Internet es inferior al 20%. Por lo tanto, queda claro que no es a los afganos a quienes se dirigen. Por primera vez en su historia, los talibanes le hablan al mundo, y le cuentan, como no, su versión más edulcorada. Podemos creerla o no, pero ahora existe y es un arma más de la batalla. 

Donald Trump sigue baneado en Twitter y Facebook. Al mismo tiempo, declaraciones, imágenes y vídeos -miles y miles de contenidos- creados por los talibanes se diseminan en las redes sociales sin ningún problema. ¿La razón? No traspasan las reglas de estas compañías. Y hete aquí lo interesante. Saben perfectamente lo que pueden mostrar o no mostrar en las redes sociales. Desde que dejaron de gobernar Afganistán, en 2001, han cambiado muchísimas cosas en su país y en el mundo, pero también han entendido que la comunicación lo es todo. Si ellos no comunican, otros lo harán, y es probable que no les dejen tan bien. 

Y ello es, por ende, lo que les permite exhibirse a sí mismos como moderados, como buenas personas, como pacíficos luchadores que quieren lo mejor para su país, que no buscan venganza ni masacrar a nadie. Porque es la venganza, la brutalidad y sus ataques constantes a las mujeres (en especial) y a quien no piense como ellos lo que durante décadas (ya desde 1996, cuando subieron al poder) se ha estado diciendo sobre ellos en los medios de comunicación de todo el mundo (y con toda la razón). 

De repente, ahora han comprendido que pueden ofrecer una visión muy distinta. La visión, obviamente, sesgada hacia sus intereses, pero su versión. Los soldados muyahidines tradicionales y tradicionalistas han descubierto el poder de las redes para difundir sus mensajes y para llegar a todo el mundo, incluyendo países occidentales y países que pueden ser futuros aliados. Esa es, tal vez, la razón por la que su web está en pashto, dari, árabe, urdu e inglés, aunque solo los dos primeros se hablan ampliamente en Afganistán. Los otros son meramente para difundir sus mensajes “moderados”, también con centenares de cuentas de Twitter o Facebook (aunque desde esta red empiezan a ponerles problemas incluso sin infringir las reglas). 

Un buen ejemplo es el del portavoz talibán para el exterior, Suhail Shaheen, que no deja de tuitear mensajes tranquilizadores y moderados, tiene más de 380.000 seguidores en Twitter (consiguiendo unos 15.000 seguidores nuevos cada día). Además, tuitea a menudo en inglés, y habla constantemente, vía entrevistas, con los medios. Incluso se jactaba, recientemente, de haber hablado con periodistas israelíes para explicar “la verdad” de lo que sucede en Afganistán. Debemos entender que su “portavocía” no es para los afganos, sino para la gente que no vive en el país (afganos/as de todo el mundo, potenciales aliados y para la opinión pública mundial). En el país, tienen su propio portavoz, Zabihullah Mujahid, con otros 344.000 seguidores, y que sigue con los mismos mensajes tranquilizadores. 

Pero también sucede lo mismo con diferentes imágenes y vídeos “anónimos”. Hace unos días se hicieron virales unas fotografías y vídeos de los talibanes, una vez habían entrado en Kabul, jugando en un carrusel, subidos a los autos de choque o dando una vuelta por la ciudad mientras comían unos helados. Además, otro de los vídeos más significativos que han subido a las redes sociales es en el que un grupo de soldados intentan hacer funcionar las diferentes máquinas (sin demasiada fortuna) del gimnasio del Palacio Presidencial afgano. Algunas personas pueden pensar que la distribución en internet y las redes sociales de este tipo de contenido es completamente casual e improvisada. En absoluto. 

Hoy en día, las cartas de presentación ya no son bombas o balas, las cartas de presentación son vídeos e imágenes profesionales (aunque puedan parecer “caseras”) que alimentaban una verdadera estrategia de comunicación. 

Su objetivo, en primer lugar, es no alarmar demasiado a la opinión pública internacional. Lo complicado para ellos no es obtener el poder, sino mantenerlo, y por ello necesitan tiempo y “tranquilidad”, mostrándose totalmente moderados y legitimados en el poder. Por ejemplo, la primera de las decisiones comunicativas que llevaron a cabo tras la toma de Kabul, fue la de concertar una entrevista con la periodista de la BBC, Yalda Hakim. Esta acción deja dos mensajes muy significativos que refuerzan las palabras de Suhail Shaheen, portavoz de los talibanes: El primero de ellos, es el hecho de que la primera aparición mediática fuese en la cadena británica; el segundo de ellos, el ser entrevistado por una mujer, algo impensable hasta ese momento y que, además, reforzó con la frase “las niñas y mujeres pueden continuar con sus trabajos y sus estudios”. Con la moderación, buscan posicionarse como una opción política respetable a nivel internacional, permitiendo así tejer alianzas con primeras potencias, como puede ser el caso de China o Rusia.

Su segundo objetivo es captar la atención sobre su modo de hacer política respetando los preceptos de Mahoma. Quieren mostrarse como ejemplo al mundo, dejando de lado la imagen de personas que viven en la antigüedad, alejadas de los focos mediáticos y enemigas de todo aquello que represente, aunque sea mínimamente, algo del sistema occidental, construyendo así un relato de modernización y cierta occidentalización. 

El tercer objetivo, que tiene mucho que ver con los citados vídeos de los helados o del gimnasio, trata de lo que en comunicación política llamamos humanización. Es decir, tratar de mostrar el lado más personal y “humano” de los candidatos con el objetivo de que la audiencia se sienta lo más identificada posible con ellos. Con esta finalidad, es por la que han compartido los vídeos y fotos mencionados anteriormente, en los que muestran que su vida en la capital de Afganistán es igual que la del resto de la población (paseando mientras comen un helado o yendo al gimnasio) y que se divierten igual que el resto de los seres humanos (suben al carrusel o montan a los coches de choque). 

Sus tres objetivos son una muestra más de lo trabajada que está, desde hace ya bastante tiempo, la comunicación digital de los talibanes, ya no solo en la producción de contenidos digitales, sino también en la creación de redes de difusión a través de Whatsapp, Telegram, y las principales redes sociales, así como su página web y, en definitiva, la creación de un relato propio y alejado de las críticas desde medios occidentales. 

En Afganistán, el acceso a Internet es inferior al 20%. Por lo tanto, queda claro que no es a los afganos a quienes se dirigen. Por primera vez en su historia, los talibanes le hablan al mundo, y le cuentan, como no, su versión más edulcorada. Podemos creerla o no, pero ahora existe y es un arma más de la batalla. 

Donald Trump sigue baneado en Twitter y Facebook. Al mismo tiempo, declaraciones, imágenes y vídeos -miles y miles de contenidos- creados por los talibanes se diseminan en las redes sociales sin ningún problema. ¿La razón? No traspasan las reglas de estas compañías. Y hete aquí lo interesante. Saben perfectamente lo que pueden mostrar o no mostrar en las redes sociales. Desde que dejaron de gobernar Afganistán, en 2001, han cambiado muchísimas cosas en su país y en el mundo, pero también han entendido que la comunicación lo es todo. Si ellos no comunican, otros lo harán, y es probable que no les dejen tan bien. 

Y ello es, por ende, lo que les permite exhibirse a sí mismos como moderados, como buenas personas, como pacíficos luchadores que quieren lo mejor para su país, que no buscan venganza ni masacrar a nadie. Porque es la venganza, la brutalidad y sus ataques constantes a las mujeres (en especial) y a quien no piense como ellos lo que durante décadas (ya desde 1996, cuando subieron al poder) se ha estado diciendo sobre ellos en los medios de comunicación de todo el mundo (y con toda la razón). 

23 de agosto de 2021 - 22:30 h