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ANÁLISIS

Los docentes acorralan a Pérez Llorca que pierde el control de su primera gran crisis y deja la Educación en llamas

València —
20 de mayo de 2026 23:00 h

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La huelga indefinida de profesoras y maestros se le ha ido de las manos al presidente de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca. Más de 40.000 docentes votaron este miércoles por mantener los paros y las manifestaciones al rechazar de plano la “última” oferta de la Conselleria de Educación. Los cinco sindicatos que la respaldan, incluidos los nada sospechosos de izquierdismo radical ANPE y CSIF, se han negado a firmar una propuesta que consideran no solo insuficiente, sino indignante. Y eso que miles de huelguistas ya acumulan pérdidas de más de 1.300 euros tras ocho días de protestas. Y seguirán indefinidamente. “No queremos las migas, queremos el pan entero”, se puede leer en uno de los cientos de carteles que los manifestantes enarbolan cada día a las puertas de la sede de Educación, en la avenida de Campanar de València.

Pérez Llorca ha llegado tarde y su consellera de Educación, Carmen Ortí, se muestra incapaz de frenar una huelga y una indignación que, lejos de remitir, aumenta con cada día que pasa. “Nos han subestimado”, explica un veterano profesor, que recuerda la victoria de los docentes frente al Gobierno socialista de Joan Lerma en 1988, durante la anterior huelga general educativa. A la sombra de la consellera y del presidente aparece el conseller de Hacienda y guardián de la caja de la Generalitat, José Antonio Rovira, a quien muchos señalan como el impulsor de la línea dura contra los docentes y uno de los responsables del fracaso de la negociación. “No hay dinero”, alega quien presume de haber bajado impuestos. El presidente se reunió ayer con Rovira para estudiar las opciones. Mientras tanto, la consellera apenas podía decir a los sindicatos que necesitaba “reflexionar” y ponía en duda la legitimidad de la votación, dejando entrever que no tiene verdadero mando en plaza en la negociación.

José Antonio Rovira, según relata una veterana dirigente del PP, considera a los docentes un rival ideológico del Partido Popular. “Eso es un nido de rojos. Nosotros tenemos que dar palo a los docentes y cuidar a los médicos, que son los nuestros”, asegura que le dijo al comienzo de la legislatura. Carlos Mazón situó a Rovira al frente de la Conselleria de Educación para impulsar una revolución ideológica a través de la Ley de Libertad Educativa y del referéndum sobre el valenciano, una apuesta que acabó en una estrepitosa derrota: más de la mitad de las familias votaron a favor de la enseñanza en lengua propia, lo que provocó el primer gran incendio en la comunidad educativa. Tras la salida de Mazón por su gestión de la dana, Pérez Llorca apartó a Rovira de Educación y optó por un perfil más amable: Carmen Ortí, inspectora de profesión.

Los cinco sindicatos —los cuatro convocantes, STEPV, CCOO, UGT y CSIF, además de ANPE— llevan desde septiembre alertando de que la situación de los docentes y de la educación valenciana es insostenible. Primero se dirigieron a Rovira y, desde diciembre, a Ortí. Pero el Gobierno valenciano se ha negado a atender unas demandas que ahora se han convertido en exigencias porque el malestar del profesorado ha ido en aumento. Pérez Llorca ha querido mantener un perfil bajo en la negociación, aunque en varios actos públicos se ha detenido a hablar con docentes que le reclamaban más compromiso de la Generalitat. En uno de esos encuentros fortuitos, que el propio presidente exhibió en redes sociales, el jefe del Consell no escondía su malestar por haber sufrido una huelga indefinida “en seis meses”. Este miércoles, mientras los docentes votaban para tumbar la propuesta de acuerdo, el presidente acudía como si nada a la toma de posesión del nuevo rector de la Universitat de València, Juan Luis Gandia.

Mientras la educación pública arde y se moviliza, la concertada empieza también a rebelarse y ya ha convocado paros intermitentes para las próximas semanas. La imagen que proyecta el presidente es la de alguien que no controla la situación, y las dudas dentro de su partido sobre su capacidad para gestionar crisis no dejan de crecer por haber llegado a una situación tan extrema. Son pocos los que cierran filas con la consellera, y más los alcaldes conservadores que han trasladado sus quejas por miedo a que la huelga termine desgastándoles también a ellos. El año que viene hay elecciones y tener enfrente a una comunidad como la educativa puede costarle a más de uno el bastón de mando.

Pérez Llorca se mantiene firme y este jueves en la sesión de control en las Corts saldrá al ataque.

Mientras tanto, los docentes mantienen sus reivindicaciones. Entre las más de 40.000 profesoras y maestros que votaron a favor de continuar la huelga, la prioridad era la bajada de ratios; después, la mejora salarial y posteriormente la mejora de las plantillas y más recursos para la inclusión. El ambiente en las concentraciones ante la Conselleria de Educación es electrizante y los ánimos no decaen pese a los ocho días de huelga y al golpe económico que supone mantener las protestas. Pero la indignación sigue creciendo y será difícil que una nueva oferta de la Generalitat logre contentarles. Y, aun si lo hiciera porque el Gobierno de Pérez Llorca mejora sus planteamientos, para muchos docentes el daño ya está hecho. Las movilizaciones continúan.