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REPORTAJE

El tren fantasma a la mascletà: una odisea de una hora para llegar de Albal a València sin Cercanías

Danylo Titenko

17 de marzo de 2026 22:08 h

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Las Fallas han alterado la normalidad con la que circulan los trenes de Cercanías de València. El Ayuntamiento de Valencia trasladó el pasado febrero una solicitud formal a Renfe para interrumpir el servicio por razones de seguridad en las horas centrales del día, alrededor de la mascletà, una medida que ha afectado a miles de usuarios en el área metropolitana.

En concreto, se acordó la interrupción de la llegada de trenes a la Estación del Norte entre las 12:00 y las 15:00 horas, para limitar la afluencia continua de personas a la Calle Xàtiva en este punto, que a esas horas ya presenta una aglomeración importante de público, igual que se hace con las paradas de metro del centro de la ciudad. Desde el pasado viernes, los usuarios de las líneas C1 y C2 finalizan el trayecto en Albal, y pueden llegar al centro con unos autobuses lanzadera habilitados por la Generalitat hasta el metro de Torrent Avinguda o hasta la pedanía de La Torre, donde enlazan con la EMT. Son 8 trenes afectados por día, con capacidad para más de mil personas.

Para comprobar la calidad del servicio prestado en estas condiciones y el impacto real sobre la ciudadanía, nos hemos sumergido en la odisea de intentar llegar a Valencia desde Silla en la franja crítica de 13:00 a 15:00. El trayecto que ideamos para este lunes, 16 de marzo, implica: coger el tren de Silla a Albal; luego, coger el autobús lanzadera Albal – La Torre; y finalmente, la línea 27 de la EMT (La Torre – Avinguda de l’Oest). Sin embargo, sobre el terreno, la realidad nos obligó a modificar el itinerario.

La adaptación de la ciudadanía frente a la barrera institucional

En el andén de salida, en la estación de Silla, una parada antes del final del trayecto, ya se evidenciaba el primer fenómeno sociológico derivado de este corte: la evasión del transbordo. Un vecino comenta que prefiere esperar al siguiente tren directo a València antes que someterse a la ruta alternativa hasta Albal.

Otra estrategia de evasión del trasbordo ha sido la que ha adoptado mi madre, quien tenía que acudir a las 14:00 a su puesto de trabajo en Catarroja, dos paradas después. “No es razonable que la diversión de unos impida que otros acudan a su trabajo”, constata contundentemente. Finalmente, tuve que acercarla en coche a su centro de trabajo. Y mientras mi madre se estaba preparando para iniciar su jornada laboral, he vuelto rápidamente a Silla para iniciar mi odisea hacia Valencia. Mi viaje comenzó a las 14:00 horas. El trayecto hasta Albal, que dura unos cinco minutos, se completó sin incidencias. El tren iba prácticamente vacío.

Al llegar a la estación de Albal a las 14:05, el escenario evidenciaba un despliegue de seguridad desproporcionado respecto a la afluencia real. Aparte de los operarios de Renfe y de la Autoritat de Transport Metropolità de València (ATMV), el recinto estaba fuertemente custodiado por la Guardia Civil: tres coches patrulla en el aparcamiento y entre ocho y nueve agentes patrullando las instalaciones. Renfe pidió un refuerzo de la seguridad en las estaciones.

¿Dónde está la gente?

Una vez en la zona de transbordo, localicé el autobús con destino a La Torre. Al preguntar a la conductora por la hora de salida, su respuesta reveló la falta de un horario planificado: “Saldremos cuando el inspector dé el aviso”. La inmensa mayoría de los pasajeros optaba por el autobús hacia Torrent para enlazar con Metrovalencia, dejándome como el único usuario interesado en la ruta hacia La Torre.

El propio inspector de la ATMV confirmó la situación: “Se esperaba más afluencia de gente”. La desconexión entre las previsiones y la realidad se hizo patente. Mientras que el primer bus hacia Torrent salió casi de inmediato tras la llegada del tren, el que tenía La Torre como destino permanecía parado. A las 14:26, tras más de veinte minutos de espera y por una cuestión de mera eficiencia de recursos públicos, comuniqué al inspector que me parecía un despropósito movilizar un autobús para un solo pasajero, por lo que decidí cambiar mi ruta y subir al autobús con destino a Torrent.

El inspector señaló que el último tren de esta franja horaria llegaría a Albal a las 14:36, por lo que esos pasajeros serían los últimos en utilizar las lanzaderas. “Hoy es un día flojo, y eso que solamente hay tres coches”, admitió, estimando que los días de verdadera tensión logística están por venir.

Cuando subí al bus con destino a Torrent, allí ya había unas pocas personas sentadas. Algunos de estos pasajeros manifestaban abiertamente su frustración, quejándose de llevar más de 20 minutos esperando para salir. “Llevo más tiempo esperando a que salga el bus que lo que he tardado en llegar aquí [a Albal]”, dijo uno de los pasajeros. Parece que la política de la ATMV en este tipo de situaciones consiste en retrasar la salida del bus hasta que se consiga cierta cantidad mínima de pasajeros, lo cual, francamente, me parece óptimo, aunque este modus operandi, sin duda, perjudica a algunos usuarios que requieren puntualidad.

Finalmente, el autobús, casi vació, inició la marcha a las 14:39. Durante el trayecto, la conductora del bus me resumió, muy amablemente, los flujos de viajeros, tanto de hoy como de los días anteriores. Por un lado, el primer viaje a Torrent, que ella misma emprendió desde la estación de Albal a las 13:10, salió casi lleno (asientos ocupados y gente de pie, aunque cabía alguna persona más), mientras que el autobús que salió al mismo tiempo hacia La Torre apenas se llenó a la mitad. Cabe destacar que quienes quieren ver la mascletà en transporte público suelen acudir una hora antes. Por otro lado, la conductora me confirmó que la afluencia de gente fluctúa: el viernes 13 y el domingo 15 de marzo fueron días de baja afluencia, mientras que el sábado 14 sí se registraron grandes aglomeraciones en esta misma franja horaria.

Balance del trayecto

A las 14:50, el autobús nos dejó en la plaza de la Unió Musical de Torrent, muy cerca de la estación de metro. Tras un último transbordo, en metro, llegué a la parada Jesús (Valencia) a las 15:18. El metro tampoco estaba más concurrido de lo normal.

A modo de conclusión, podemos decir que lo que en condiciones normales es un trayecto directo en tren de unos 20-25 minutos, se ha convertido en una ruta fragmentada de una hora y dieciocho minutos, si bien es cierto que no he presenciado ninguna aglomeración de personas a lo largo del trayecto. Además, cabe subrayar que si yo hubiera cogido el primer bus que salió en dirección a Torrent, estimo que hubiera llegado a la parada de metro Jesús un poco antes de las 15:00, por lo que la realización del viaje completo me hubiera tomado cerca de una hora.

Pero más allá de los números, la experiencia pone de manifiesto cómo las medidas de seguridad perimetral impulsadas por el Ayuntamiento de Valencia terminan trasladando el coste temporal y logístico a la ciudadanía. Ante esta situación, la respuesta de las y los usuarios es clara: una vez más, han demostrado una enorme capacidad de adaptación a los escenarios adversos, sea modificando los horarios de su desplazamiento, sea optando por medios de transporte alternativos o, incluso, cancelando sus desplazamientos.