'Zumo de remolacha' es una producción valenciana que nace de la carta que Fernando Valladares redactó la mañana del 6 de abril del año 2022 cuando se dirigía al congreso de los diputados para participar en la acción global organizada por Rebelión Científica contra la inacción climática. La obra transcurre en el viaje en tren que va desde su casa a la estación de Sol, convirtiendo ese vagón de cercanías en una alegoría del planeta. En ella sus viajeros son una sociedad aparentemente aletargada por sus quehaceres diarios pero que se verán obligados a unir sus fuerzas para que el trayecto pueda llegar a su fin felizmente.
Es un montaje que habla de compromiso para con la sociedad y la naturaleza, escrita por el joven dramaturgo valenciano Tomás Verdú. Su tono es irónico y mordaz, con una buena dosis de humor que sin caer en el pesimismo hace abundantes referencias a una realidad que a veces es dura y que desgraciadamente no deja de estar de actualidad. Retrata la crisis ecosocial con una crudeza tal que cada escena nos recuerda el mundo en el que vivimos.
'Zumo de remolacha' está atravesada evidentemente por la dana, con referencias explícitas tanto en el texto como en la escenografía y el vestuario, y es que València está desde hace tiempo en el corazón de Valladares. Desde que en el año 2021 fue galardonado con el premio Jaume I por su compromiso con la protección del medio ambiente, Valladares no ha parado de colaborar con asociaciones y colectivos ecologistas y sociales valencianos en la defensa de nuestro entorno natural y social.
Esta es la primera vez que un científico de prestigio mundial se sube a un escenario saliendo de su zona de confort para hacer de actor y lo hace con gran solvencia. Eso sí, acompañado de un gran elenco de profesionales valencianas encabezado por la directora Isabel Martí, Miguel Torrecilla y la indiscutible Cristina García que demuestra por qué es una de las grandes actrices del País Valencià.
Valladares y la productora Cor de Terra han elegido precisamente La Rambleta para el estreno como su teatro fetiche, entre otras cosas, por ser unos de los símbolos de la solidaridad en la catástrofe de aquel 29 de octubre de justo hace un año y de la que aún hoy nadie, para nuestra vergüenza, se ha responsabilizado. Una catástrofe causada por el cambio climático, la inacción y el negacionismo del Gobierno valenciano, tal y como denunciaba ya el propio Fernando Valladares y el grupo Rebelión Científica en las puertas del Congreso acompañados por centenares de ciudadanos.
De ellos 15 han sido encauzados (las 15 de la remolacha) entre las que se encuentran Belén Díaz, Jorge Riechmann o Juan Bordera, que acaba de regresar a València como miembro de la flotilla de ayuda humanitaria que se desplazó a Gaza, y que desde su escaño en el parlamento valenciano también nos avisó de que esta dana podía ocurrir.
Valladares huye del academicismo, los datos desnudos, evita “darnos la brasa” y apuesta por nuevos lenguajes, más cercanos a las emociones que nos vinculan mejor con la naturaleza y entre nosotras, un paso más en su intento de encontrar nuevas formas de comunicar. Como escribe el científico y autor de la obra en su libro La Recivilización' publicado por Cátedra, “la ciencia no es la solución al problema ambiental, sino que esta vendrá de acuerdos sociales y políticos… No obstante, los científicos podemos ayudar”. Es evidente que él se lo ha tomado en serio y cada vez más gente también se suma a formar parte de la solución.