Accede a tu correo con un selfie: Google estrena una nueva forma de verificación por rostro para recuperar tu cuenta

Google ha comenzado a desplegar una nueva opción de verificación facial.

Edu Molina

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El correo electrónico reúne hoy una parte importante de la actividad digital de cualquier usuario. En una misma cuenta pueden acumularse conversaciones, documentos de trabajo, fotografías, recibos y accesos a otras plataformas. Perder la contraseña o quedarse sin el teléfono habitual puede provocar que toda esa información quede temporalmente fuera de alcance. Por ello, se han ido incorporando distintas vías para comprobar la identidad cuando el método principal no está disponible.

Hasta ahora, la recuperación de una cuenta de Google podía apoyarse en recursos como los códigos enviados por SMS o las aplicaciones de autenticación. Estas opciones continúan formando parte de los sistemas de protección, pero dependen de que el titular conserve el dispositivo, tenga conexión o pueda consultar el código correspondiente. Cuando ninguna de esas alternativas resulta accesible, volver a entrar puede convertirse en un proceso más complicado y dejar al usuario sin acceso a contenidos que necesita consultar.

Google ha comenzado a desplegar una nueva posibilidad basada en la verificación facial mediante un vídeo selfie. La herramienta permite asociar previamente una grabación del rostro a la cuenta y utilizarla más adelante si el propietario queda bloqueado o no dispone de su móvil u ordenador de confianza. No sustituye de forma automática al resto de mecanismos, sino que añade otra vía para demostrar quién está intentando acceder y recuperar el control del perfil. Su finalidad es ampliar las opciones disponibles ante una pérdida de acceso.

Cómo se configura y se utiliza el vídeo selfie

La preparación se realiza desde un dispositivo con cámara. El usuario debe situarse frente a ella y seguir una serie de indicaciones que le piden efectuar pequeños movimientos de cabeza. El objetivo es registrar la cara desde varios ángulos, en lugar de guardar únicamente una imagen fija. El proceso consiste en una grabación corta que queda vinculada a la cuenta de Google para que pueda emplearse en una futura comprobación.

Ese registro inicial es necesario porque sirve como referencia. Si en otro momento la persona no puede iniciar sesión por los medios habituales, el sistema le pedirá que grabe una nueva secuencia. Después comparará ambas capturas para determinar si corresponden al mismo rostro. La coincidencia permite confirmar la identidad y facilitar el regreso a la cuenta sin depender exclusivamente de un mensaje de texto o de un código temporal.

Durante la comprobación también se solicitan movimientos en directo. Esta medida pretende verificar que hay una persona delante de la cámara en ese instante y reducir la posibilidad de que alguien utilice una fotografía obtenida de internet, una imagen impresa o una grabación preparada con anterioridad. La autenticación no se basa, por tanto, en un solo fotograma, sino en una secuencia que recoge distintos gestos y posiciones del rostro.

La incorporación de este sistema amplía las opciones disponibles. Puede resultar útil si el titular ha perdido el teléfono, no tiene acceso al equipo desde el que suele conectarse o no puede utilizar temporalmente otros métodos configurados. Aun así, el vídeo facial funciona como una alternativa adicional dentro del proceso de recuperación y no implica la desaparición de las herramientas anteriores.

Privacidad y medidas frente a la suplantación

La grabación solo se almacena cuando el usuario da su consentimiento. Mientras permanece asociada al perfil, se conserva cifrada para impedir que pueda consultarse. Además, el titular mantiene la posibilidad de eliminarla desde los ajustes de su cuenta si deja de querer utilizar esta forma de identificación. De este modo, la activación del recurso depende de una decisión expresa y puede revocarse posteriormente.

El funcionamiento combina varias capas de protección. Por un lado, compara el vídeo realizado durante el intento de acceso con el registrado en la configuración inicial. Por otro, exige respuestas físicas en tiempo real para comprobar que la captura está siendo creada en ese momento. La unión de ambos controles busca dificultar los intentos de entrar con fotografías, vídeos manipulados u otros materiales que traten de imitar la apariencia del propietario.

Este tipo de verificación parte de una idea sencilla: utilizar un rasgo que acompaña al usuario incluso cuando no conserva sus dispositivos habituales. Sin embargo, el sistema no convierte el rostro en el único requisito para acceder de manera cotidiana. Su función principal es ofrecer una salida adicional en situaciones en las que la persona no puede recurrir a las fórmulas que tenía preparadas.

La llegada del vídeo selfie también recuerda la importancia de configurar con antelación varias opciones de recuperación. Tener más de un procedimiento disponible reduce la dependencia de un único teléfono o aplicación. La nueva herramienta añade la identificación facial a ese conjunto de alternativas y permite que el propietario disponga de otra forma de acreditar quién es cuando pierde el acceso a una cuenta que concentra una parte relevante de su información personal y profesional.

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