¿Hay que declarar el dinero del regalo de boda? Una consultora financiera explica los errores más frecuentes con este dinero
En la era de las bodas de Instagram, en la que darse el sí quiero se ha convertido en un negocio viral de cinco cifras, las listas de bodas y los tradicionales juegos de café han sido reemplazados por Bizum o transferencias bancarias. Calculando un regalo medio entre los 150 y los 200 euros por asistente, en una boda de 100 invitados los novios podrían recaudar entre 15.000 y 20.000 euros.
“Mucha gente piensa que el dinero que recibe en su boda está totalmente libre de impuestos, pero Hacienda lo considera una donación”, explica la consultora financiera Cassandra Gassó, lo que implica que deben tributar por el Impuesto de Sucesiones y Donaciones. “Eso significa que habría que declararlo. Ahora bien, declarar no siempre significa pagar”, aclara, ya que dependiendo del importe y de la comunidad autónoma, el impacto fiscal puede ser muy reducido o incluso nulo.
“Lo importante es conocer las normas y no dar por hecho que, por ser un regalo de boda, queda automáticamente fuera del radar de Hacienda”, advierte Gassó, que también destaca la importancia de la trazabilidad de los ingresos a la hora de evitar problemas, es decir, poder demostrar que no proceden de una actividad económica.
“Las operaciones bancarias son las más fáciles de justificar porque toda la operación queda registrada. Ahora, cuando hablamos de dinero en efectivo, todavía es más relevante llevar cierto control: anotar quién entrega cada cantidad, cuándo se recibe y después de ingresar en el banco, conservar también el justificante de ingreso y tener en cuenta que las entidades financieras, para evitar el blanqueo, están obligadas a informar a Hacienda de los ingresos de más de 3.000 euros”, apunta la consultora.
Cómo gestionar el dinero recibido
Una vez superado el trámite fiscal, llega el desafío de la gestión de ese capital, siempre y cuando la celebración deje algún remanente. Entre los errores más comunes están dejar ese dinero en una cuenta corriente convencional, perdiendo valor mes a mes, o gastarlo como un extra en el día a día.
“No es que esté mal disfrutarlo, pero antes conviene recapacitar y preguntarse: ¿tenemos deudas que podríamos reducir?, ¿nos falta colchón de emergencia?, ¿vamos a necesitar liquidez próximamente?”, reflexiona Gassó, que aconseja tener en cuenta los objetivos futuros de la pareja.
“La boda es un momento ideal para hacer un pequeño estudio financiero personalizado en pareja. Ese dinero puede irse muy rápido o convertirse en el primer paso para ordenar las finanzas del nuevo proyecto de vida”, señala la consultora, que recomienda aprovechar el momento para fortalecer la situación económica de la pareja.
“Las prioridades dependerán de cada caso, pero normalmente empezaría por crear o reforzar un fondo de emergencia, revisar posibles deudas y analizar los objetivos que tienen a corto, medio y largo plazo, como la compra de una vivienda, la llegada de hijos o proyectos familiares”, valora la experta, ya que la boda también puede marcar el inicio de una planificación financiera conjunta.
Además de amortizar deudas y crear un fondo de emergencia para cubrir imprevistos, Gassó apuesta por buscar rentabilizar el sobrante. Antes de lanzarse a rentabilidades agresivas o asumir grandes riesgos, “a corto plazo, las cuentas remuneradas o un fondo de emergencia pueden ayudar a mantener liquidez y reducir el impacto de la inflación”, indica.
“A medio plazo, los depósitos o productos moderados pueden ser adecuados para objetivos como la adquisición de una vivienda, una reforma o la llegada de hijos. Y a largo plazo, puede valorarse una estrategia de inversión más planificada que permita hacer crecer el patrimonio de forma eficiente”, asegura.
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