“Es algo que les ocurre a todos los nadadores”: por qué siempre sientes ganas de orinar cuando nadas
Estoy a mitad de mi sesión de natación de una hora cuando me doy cuenta: tengo muchísimas ganas de orinar. Siempre me pasa. No sirve de nada reducir mi café matutino ni ir al baño antes. A mi vejiga le da igual.
¿Por qué ocurre esto? “Es una respuesta fisiológica normal del cuerpo al sumergirse en el agua”, explica el doctor Stavros Kavouras, vicedecano, profesor de nutrición y director del Laboratorio de Ciencias de la Hidratación de la Universidad Estatal de Arizona. Y no me pasa solo a mí: “Es algo que les ocurre a todos los nadadores”.
Esto es lo que dicen los expertos sobre esa inexplicable necesidad de orinar cuando estamos rodeados de agua.
¿Qué provoca las ganas de orinar cuando estamos en el agua?
Esa necesidad imperiosa y repentina de orinar cuando estamos en el agua se debe a un proceso llamado diuresis por inmersión.
La diuresis es un término médico que se refiere al aumento de la producción y excreción de orina por los riñones. Durante este proceso, el cuerpo filtra el exceso de líquidos corporales, agua y desechos del torrente sanguíneo y los expulsa mediante la micción, según explica el doctor Scott Trappe, director del Laboratorio de Rendimiento Humano de la Universidad Estatal de Ball (Indiana, EEUU).
La diuresis por inmersión es molesta, incómoda y poco práctica, pero generalmente no es peligrosa, aunque Trappe afirma que a veces puede provocar deshidratación.
¿Por qué se produce la diuresis por inmersión?
Contrariamente a lo que dice la creencia popular, cuando nos sumergimos en el agua o nadamos no absorbemos agua de la piscina a través de la piel.
Cuando el cuerpo entra en el agua, “el agua relativamente más fría provoca que los vasos sanguíneos de la piel se contraigan para conservar la temperatura corporal”, explica Trappe. “Esto envía más líquido al centro del cuerpo”.
Según el Departamento de Energía de EEUU, la mayoría de las piscinas se calientan a entre 25,5 °C y 27,7 °C, aunque el agua de ríos, lagos y playas puede estar incluso más fría.
Cuando la sangre llega al tórax, receptores cardiopulmonares especiales detectan el aumento de volumen y lo interpretan como una sobrecarga de líquidos. Estos receptores envían una señal al cerebro para que detenga la producción de la hormona antidiurética (ADH), una sustancia que indica a los riñones que retengan la orina, explica Kavouras.
Casi simultáneamente, las células del músculo cardíaco también secretan una hormona llamada factor natriurético auricular (FNA) en respuesta al alto volumen sanguíneo. La FNA dilata entonces los vasos sanguíneos para reducir la presión arterial, lo que a su vez aumenta la excreción de agua, en un intento de nuestro cuerpo por restablecer el equilibrio hídrico.
En resumen: el cuerpo cree que tiene demasiado líquido. “Los riñones detectan un aumento del volumen de líquido y lo compensan extrayendo parte del agua de la sangre, y entonces hay que orinar”, explica Trappe.
“Ambos factores hacen que los riñones produzcan más orina”, explica el doctor Michael Joyner, anestesiólogo e investigador del centro Mayo Clinic, donde estudia cómo el sistema nervioso regula la presión arterial, la frecuencia cardíaca y el metabolismo en respuesta al estrés. “Se trata de un reflejo natural que evita que el corazón se llene de líquido en exceso”, dice Joyner.
Además de la presión y la temperatura del agua, estar tumbado boca abajo también influye, según Kavouras: “La sangre llega más fácilmente al corazón”.
¿Esta es la razón por la que tengo muchas menos ganas de orinar cuando, por ejemplo, salgo a correr? Sí, dice Kavouras, pero también se suda menos en el agua, así que no se pierde tanto líquido al nadar. Correr provoca más sudoración, por lo que el cuerpo no siente que haya retenido demasiado líquido.
Entonces, ¿hay alguna forma de prevenir la diuresis por inmersión? “En realidad no”, dice Trappe, “es algo inherente a ser nadador”.
¿Esto quiere decir que la gente orina constantemente en la piscina?
Cuando me entran ganas de orinar en el agua, me molesta. Podría terminar mi entrenamiento antes de tiempo o tomarme un descanso y arriesgarme a perder mi carril de la piscina mientras estoy fuera. También podría aguantarme, o rendirme ante mi niño interior y orinar en la piscina, pero probablemente no sea buena idea si quiero seguir nadando aquí. Así que simplemente me aguanto hasta que acabo mis largos.
Al parecer, otros nadadores no tienen esas inhibiciones. Simplemente se dejan llevar. “Nadie habla de ello, pero todos lo hacen”, dice Trappe.
Kavouras, un exnadador profesional, está de acuerdo. “Siempre ha formado parte de la cultura de la natación que los nadadores orinen en la piscina”, dice. “Pero no voy a responder a la pregunta de si alguna vez lo hice o no”.
Por curiosidad, le planteé el tema a mi hijo. Ahora tiene más de 30 años, pero fue un nadador de competición desde los cinco años hasta los veinte. Quería saber si alguna vez lo había hecho.
“Claro, todo el tiempo”, dice. “Después de unas cuantas vueltas, siempre terminaba orinando sobre el nadador que venía detrás.”
No ha sido posible contactar al nadador que le seguía para conocer su versión de los hechos.
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