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Abel Azcona cierra su obra dedicada a señalar los abusos en la Iglesia recitando casos de violaciones de menores

Abel Azcona frente a su obra 'Pederastia'

Jordi Sabaté

Barcelona —

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Abel Azcona convocó este jueves al caer la noche a público y medios en el Museu d'Art Prohibit de Barcelona para celebrar el cierre de su polémica obra de 2015 Pederastia, que le ha generado en estos años un reguero de insultos, amenazas y sobre todo persecuciones judiciales por parte de asociaciones como Abogados Cristianos. El artista no duda en calificar su propia obra como “la más perseguida de la Historia”.

La instalación es parte de la colección del citado museo y recoge en un lienzo enmarcado la composición de Azcona de la palabra “pederastia”, realizada con 242 obleas consagradas y obtenidas de forma subrepticia en comuniones simuladas por el artista en iglesias de Pamplona y Madrid, con el fin de denunciar los 242 casos de pederastia documentados por el artista en la última década en escuelas religiosas de Navarra y Euskadi.

Azcona decidió llevar a cabo “una performance de cierre” tras rechazar el Tribunal Europeo de Derechos Humanos la demanda realizada por Abogados Cristianos contra España –“contra España, ahí es nada”, ironizó– por vulnerar cuatro derechos fundamentales al desestimar las diversas causas abiertas tras sendas denuncias realizadas por el colectivo. Para el artista, el rechazo del Tribunal de Estrasburgo supone el fin de un recorrido que para él ha sido especialmente doloroso y que ha implicado el exilio en Portugal.

“Por no presentarme ante el juez se me decretó busca y captura y tuve que exiliarme a Lisboa durante dos años; allí no conocía a nadie y estuve más solo que nunca, y mira que ya es decir en mi caso, porque siempre he estado solo”, explicó Azcona. También aseguró que además ya no puede ir a Pamplona, su ciudad: “En cuanto salgo a la calle se me echan encima 80 personas para decirme algo; incluso una señora se dedicó durante mucho tiempo a salpicarme con agua bendita, que yo al principio pensaba que era orina”.

Arrodillados frente a la obra

Antes de la performance propiamente dicha tuvo lugar en una de las salas de la planta baja del museo una fase inicial con la proyección de un vídeo que recoge los principales momentos de las protestas que se produjeron en Pamplona cuando en 2015 Pederastia se exhibió en el Monumento a los Caídos de la ciudad, hoy convertido en sala de exposiciones municipal. El vídeo se inicia con una manifestación de requetés y ultraderechistas que gritan vivas a Cristo Rey a las puertas de edificio.

Continúa en el interior con entrevistas a personas que tildan la obra de ofensiva, blasfema, obscena e inadmisible en sus versiones más suaves. También muestra visitantes que caen de rodillas ante las imágenes del montaje para orar por el alma del artista. Al principio es uno, pero pronto llega un fraile capuchino y congrega a una multitud de creyentes que se arrodillan frente a la obra para rezar el rosario y de alguna manera, se entiende, neutralizar la ofensa que supone para ellos. Al final, los rezos terminan produciéndose en el exterior del recinto y son masivos, casi estremecedores por el silencio que se produce entre letanía y letanía; en ocasiones aparecen manifestantes que gritan “Abel Azcona, Dios no te abandona”.

Tras la proyección del vídeo, apareció Azcona frente a la pantalla y sentado en una silla dispuesta a tal fin. Tomó en su mano diversos papeles donde presumiblemente tenía escritas las claves del discurso que seguidamente iba a decir, pero apenas precisó de ellos. Con voz temblorosa, empezó comentando con ironía el vídeo: “He preferido ponerles a ellos antes [los manifestantes] porque son mucho mejor performance que la obra en sí [Pederastia]; de hecho, había mucha gente que pensaba que el fraile capuchino ese de la entrada lo habíamos contratado, porque vamos, que si lo intento yo y lo programo y lo contrato no sale así”. 

Azcona explicó que “era un fraile que estuvo durante tres días caminando desde Obanos hasta Pamplona para reparar el daño y para hacer una obra de reparación; durante tres días durmió en un saco de dormir en la entrada de la exposición y todos los días hacía rezo del rosario”. Las risas ante este comentario fueron notables por parte del público.

Cómo enlaza con su pasado

El artista navarro, que destacó que “el 90%” de su producción “no es en absoluto polémica, pero la relevancia que ha tenido Pederastia por culpa de la Iglesia Católica” le ha “marcado”. Además, explicó que había decido empezar el acto con este vídeo porque ahí están también sus “orígenes” y su “vínculo con la Iglesia Católica y con el mundo del Opus”. Añadió que otro punto fuerte es que la exposición “fue dentro del Monumento a los Caídos de Pamplona, que era un monumento que había sido casi como la segunda catedral, un monumento importante en Pamplona, simbólico del bando fascista y de las cruzadas”.

Un monumento que, según Azcona “para ellos era suyo” pero que el artista lo había “ocupado de esta forma 'blasfema'”. “Además, también así de casualidad, decidí que los nueve proyectos de pederastia estuvieran en el antiguo altar de la catedral”, lo cual aumentó la sensación de agravio de los protestantes. Todos estos condicionantes han convertido a esta obra en “la más perseguida de la Historia”, según el artista, que ha explicado que su deseo es cerrarla ahora en un acto denominado La clausura.

El artista explica que el 22 de noviembre se archivó definitivamente la última causa: “Sinceramente no sabíamos hasta qué punto esta denuncia era real o no, porque hemos tenido diferentes denunciantes y algunos se dedican a hacer ruedas de prensa diciendo que te han denunciado y luego nunca te llega nada; esto es bastante habitual en la ultraderecha: en Abogados Cristianos y la Fundación Francisco Franco, en Cristo Rey, Fundación Tradicionalista Carlista, en el bando nacional del Partido Popular o en Vox, que también lo ha hecho tres o cuatro veces”. “Todos son los mismos”, concluyó.

Seguidamente, Azcona relató las motivaciones que le llevaron a realizar Pederastia, explicando su propia experiencia vital como hijo de una madre prostituta y toxicómana que intentó por tres veces abortarle –“el único acto de amor que tuvo hacia mí fueron estos tres intentos de evitarme la vida que me esperaba”, aseguró–; que le tuvo en Madrid en la Clínica Montesa de monjas carmelitas –donde se han investigado casos de presuntos bebés robados– y que fue adoptado por el compañero sentimental de su madre (“su proxeneta”).

Azcona relató que su padre adoptivo abusó de él y le prostituyó, y ejemplificó otros tantos casos de pedófilos de su entorno que abusaban y prostituían niños. “En un momento dado caí en las adicciones y la prostitución, siguiendo el patrón de mi madre; fui a pedir ayuda a una parroquia del barrio de Salamanca [de Madrid] y el párroco me violó”, afirmó.

Liturgia de denuncias y amenes

Tras el discurso, cuando el público estaba ya sobrecogido por el estremecedor relato de Azcona, quien llegó a asegurar que “el abuso sexual es el pan de cada día en el entorno católico e incluso en el Opus Dei”, el artista invitó a los asistentes a subir por las escaleras del museo a la planta superior para realizar el acto final, en el que él iría leyendo “uno a uno 242 casos de violaciones de menores ocurridas a lo largo del siglo XX en España” y que iría señalando “para cada caso una hostia de las que componen la obra”.

Tras el ascenso a la sala donde se exhibe Pederastia, el público se situó alrededor del lienzo enmarcado, de unas dimensiones considerables, y Azcona, desde el lado opuesto, en un silencio sepulcral, eucarístico, comenzó la letanía de casos de violaciones en escuelas del Estado: “Escolapios, Escuelas Pías de Albacete, 1964: un niño violado; Autobús de Hellín, Albacete, a la Almudena. Madrid, 1974: un niño violado; Colegio La Salle, Alcoy, Alicante 1995: un niño violado; Internado de La Salle en Barcelona, 1975: un niño violado”.

Tras cada citación, los asistentes decían al unísono “amén” y Azcona señalaba una nueva oblea para continuar con voz temblorosa y signos de agotamiento físico y emocional. Finalmente pidió a diversas personas que le ayudaran en el señalamiento de las obleas mientras terminaba la lectura de los 242 casos. Finalizó el acto con el mismo silencio estremecedor y las personas asistentes, algunas de ellas con los ojos húmedos, abandonaron la sala y el museo.

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