David Cronenberg: “Todas mis películas son íntimas. No hay nada más íntimo que un primer plano”

Javier Zurro

Cannes (Francia) —

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Hacía ocho años que David Cronenberg no dirigía una película. El autor de obras maestras como La mosca o Inseparables no lograba levantar un proyecto desde la magnífica Maps to the stars (2014). Por el camino, una serie frustrada con Netflix, en cuyo algoritmo de productos manufacturados no entraba un artista libre y radical como el canadiense. Por suerte, Cronenberg ha conseguido rodar de nuevo, y para ello ha regresado a sus inicios, a esa nueva carne que su cine tan bien plasmó y cuyo terminó consiguió popularizar en la inolvidable escena final de Videodrome.

La mejor comedia en mucho tiempo es escatológica, incorrecta y quiere la Palma de Oro

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De Videodrome tiene mucho Crimes of the future, su nueva locura que prometía desmayos y deserciones antes de su pase en el Festival de Cannes, donde compite por la Palma de Oro. Al final, en el filme hay mucha menos provocación de la que auguraban y mucha más reflexión sobre varias de las constantes de su cine: el cuerpo, el sexo, la libertad. Todo mezclado en una obra original que solo se parece al anterior cine del propio Cronenberg.

En la rueda de prensa le preguntaron por esas conexiones entre sus filmes, y dejó claro que no son buscadas, ya que no tiene “una agenda que busque hablar de algo en particular”. “Cada película es una entidad diferente, y claro que habrá conexiones y cosas que ya estaban en Videodrome, pero no pienso en ello cuando escribo. Las habrá porque todas salen de mi sistema nervioso”, aseguró el director que mostró su increíble sentido del humor con los periodistas y su especial conexión con Viggo Mortensen, con el que vuelve a trabajar después de Una historia de violencia, Promesas del Este y Un método peligroso.

Un guion que escribió hace más de 20 años, pero cuya vigencia es incluso mayor ahora al hablar de cómo los Gobiernos intentan controlar todo, hasta los cuerpos de las personas, algo que la une directamente con la ilegalización del aborto en EEUU. Cronenberg no rehuyó las preguntas sobre las lecturas políticas de su filme, y dejó claro que ya hace dos décadas “podías sentir que esto iba a pasar”. “Este control opresivo es una constante en la historia, siempre hay algún tipo de Gobierno que quiere controlar a su población, y eso confirma, una vez más, que el cuerpo es la única realidad, porque si controlan los cuerpos, pueden controlar todo”, subrayó el director.

“En Canadá creemos que todos en los EEUU están completamente locos. Creo que EEUU se ha vuelto completamente loco, y no puedo creer lo que dicen los funcionarios electos, no solo sobre el tema de Roe vs. Wade… son tiempos extraños”, apuntó Cronenberg sobre las políticas conservadoras actuales de EEUU, pero también se refirió a la actual guerra. “Hablamos de Putin y la invasión de Ucrania, pero luego, al sur de la frontera con Canadá, sentimos vibraciones que son extrañamente similares”, dijo el cineasta. Aunque descartó calificar su película como “abiertamente política”, sí dejó claro que, para él, “todo arte es político o innatamente político”. “Es una expresión de cultura, contexto e intelecto, de un lenguaje muy específico, por lo que en ese sentido es político, ya sea que el creador de la obra sea consciente de ello o no”, dijo.

En Canadá creemos que todos en los EEUU están completamente locos y no puedo creer lo que dicen los funcionarios electos

También negó que esta fuera su película más íntima por llevar escrita más de 20 años, al revés, dejó claro que para él su cine, aunque hable de universos fantásticos, siempre habla de lo personal, de lo humano: “Creo que todas mis películas son tremendamente íntimas. El cuerpo es la realidad, y lo que más miro como cineasta es el cuerpo. El cuerpo es con lo que se trabaja. Ahí está la condición humana. No hay nada más íntimo que un primer plano, y para mí todas son íntimas. No sé cómo las siente el público, pero para mí todas lo son, y por eso busco actores que no tengan miedo. Eso es lo que pido como director, intimidad”.

Crimes of the future también afronta un asunto como el cambio climático, y hasta sugiera una solución radical. ¿Y si en vez de limpiar el plástico lo reutilizáramos como comida?: “Una opción que tenemos es limpiar todos los océanos y cuerpos humanos de microplásticos, pero no es muy plausible, así que la alternativa es aceptarlo, es una sugerencia teórica pero hay algo de verdad, hay científicos que están investigando la posibilidad de comer plástico”.

La película de Cronenberg ha coincidido en Cannes con la secuela de Top Gun, que en 1986 fue ofrecida al director canadiense, que la rechazó. Ha recordado que en aquel momento, cuando “tenia una carrera”, los productores le ofrecían todo tipo de proyectos, y uno de ellos fue el filme de acción que catapultó a la fama a Tom Cruise: “Ver la película durante dos horas está bien, pero hacer esa película durante dos años no era para mí”, dijo un Cronenberg que ya prepara nueva obra, por lo que no habrá que esperar otros ocho años para disfrutar de una de las mentes más afiladas y originales del cine de las últimas décadas. De hecho, lo ha dejado bastante claro al comenzar la rueda de prensa: “Espero que todavía me queden unos cuantos crímenes cinematográficos por hacer”.

Hacía ocho años que David Cronenberg no dirigía una película. El autor de obras maestras como La mosca o Inseparables no lograba levantar un proyecto desde la magnífica Maps to the stars (2014). Por el camino, una serie frustrada con Netflix, en cuyo algoritmo de productos manufacturados no entraba un artista libre y radical como el canadiense. Por suerte, Cronenberg ha conseguido rodar de nuevo, y para ello ha regresado a sus inicios, a esa nueva carne que su cine tan bien plasmó y cuyo terminó consiguió popularizar en la inolvidable escena final de Videodrome.

La mejor comedia en mucho tiempo es escatológica, incorrecta y quiere la Palma de Oro

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De Videodrome tiene mucho Crimes of the future, su nueva locura que prometía desmayos y deserciones antes de su pase en el Festival de Cannes, donde compite por la Palma de Oro. Al final, en el filme hay mucha menos provocación de la que auguraban y mucha más reflexión sobre varias de las constantes de su cine: el cuerpo, el sexo, la libertad. Todo mezclado en una obra original que solo se parece al anterior cine del propio Cronenberg.

En la rueda de prensa le preguntaron por esas conexiones entre sus filmes, y dejó claro que no son buscadas, ya que no tiene “una agenda que busque hablar de algo en particular”. “Cada película es una entidad diferente, y claro que habrá conexiones y cosas que ya estaban en Videodrome, pero no pienso en ello cuando escribo. Las habrá porque todas salen de mi sistema nervioso”, aseguró el director que mostró su increíble sentido del humor con los periodistas y su especial conexión con Viggo Mortensen, con el que vuelve a trabajar después de Una historia de violencia, Promesas del Este y Un método peligroso.

Un guion que escribió hace más de 20 años, pero cuya vigencia es incluso mayor ahora al hablar de cómo los Gobiernos intentan controlar todo, hasta los cuerpos de las personas, algo que la une directamente con la ilegalización del aborto en EEUU. Cronenberg no rehuyó las preguntas sobre las lecturas políticas de su filme, y dejó claro que ya hace dos décadas “podías sentir que esto iba a pasar”. “Este control opresivo es una constante en la historia, siempre hay algún tipo de Gobierno que quiere controlar a su población, y eso confirma, una vez más, que el cuerpo es la única realidad, porque si controlan los cuerpos, pueden controlar todo”, subrayó el director.

“En Canadá creemos que todos en los EEUU están completamente locos. Creo que EEUU se ha vuelto completamente loco, y no puedo creer lo que dicen los funcionarios electos, no solo sobre el tema de Roe vs. Wade… son tiempos extraños”, apuntó Cronenberg sobre las políticas conservadoras actuales de EEUU, pero también se refirió a la actual guerra. “Hablamos de Putin y la invasión de Ucrania, pero luego, al sur de la frontera con Canadá, sentimos vibraciones que son extrañamente similares”, dijo el cineasta. Aunque descartó calificar su película como “abiertamente política”, sí dejó claro que, para él, “todo arte es político o innatamente político”. “Es una expresión de cultura, contexto e intelecto, de un lenguaje muy específico, por lo que en ese sentido es político, ya sea que el creador de la obra sea consciente de ello o no”, dijo.

En Canadá creemos que todos en los EEUU están completamente locos y no puedo creer lo que dicen los funcionarios electos

También negó que esta fuera su película más íntima por llevar escrita más de 20 años, al revés, dejó claro que para él su cine, aunque hable de universos fantásticos, siempre habla de lo personal, de lo humano: “Creo que todas mis películas son tremendamente íntimas. El cuerpo es la realidad, y lo que más miro como cineasta es el cuerpo. El cuerpo es con lo que se trabaja. Ahí está la condición humana. No hay nada más íntimo que un primer plano, y para mí todas son íntimas. No sé cómo las siente el público, pero para mí todas lo son, y por eso busco actores que no tengan miedo. Eso es lo que pido como director, intimidad”.

Crimes of the future también afronta un asunto como el cambio climático, y hasta sugiera una solución radical. ¿Y si en vez de limpiar el plástico lo reutilizáramos como comida?: “Una opción que tenemos es limpiar todos los océanos y cuerpos humanos de microplásticos, pero no es muy plausible, así que la alternativa es aceptarlo, es una sugerencia teórica pero hay algo de verdad, hay científicos que están investigando la posibilidad de comer plástico”.

La película de Cronenberg ha coincidido en Cannes con la secuela de Top Gun, que en 1986 fue ofrecida al director canadiense, que la rechazó. Ha recordado que en aquel momento, cuando “tenia una carrera”, los productores le ofrecían todo tipo de proyectos, y uno de ellos fue el filme de acción que catapultó a la fama a Tom Cruise: “Ver la película durante dos horas está bien, pero hacer esa película durante dos años no era para mí”, dijo un Cronenberg que ya prepara nueva obra, por lo que no habrá que esperar otros ocho años para disfrutar de una de las mentes más afiladas y originales del cine de las últimas décadas. De hecho, lo ha dejado bastante claro al comenzar la rueda de prensa: “Espero que todavía me queden unos cuantos crímenes cinematográficos por hacer”.

Hacía ocho años que David Cronenberg no dirigía una película. El autor de obras maestras como La mosca o Inseparables no lograba levantar un proyecto desde la magnífica Maps to the stars (2014). Por el camino, una serie frustrada con Netflix, en cuyo algoritmo de productos manufacturados no entraba un artista libre y radical como el canadiense. Por suerte, Cronenberg ha conseguido rodar de nuevo, y para ello ha regresado a sus inicios, a esa nueva carne que su cine tan bien plasmó y cuyo terminó consiguió popularizar en la inolvidable escena final de Videodrome.

La mejor comedia en mucho tiempo es escatológica, incorrecta y quiere la Palma de Oro

Saber más

De Videodrome tiene mucho Crimes of the future, su nueva locura que prometía desmayos y deserciones antes de su pase en el Festival de Cannes, donde compite por la Palma de Oro. Al final, en el filme hay mucha menos provocación de la que auguraban y mucha más reflexión sobre varias de las constantes de su cine: el cuerpo, el sexo, la libertad. Todo mezclado en una obra original que solo se parece al anterior cine del propio Cronenberg.