Premios Goya
‘Los domingos’, de Alauda Ruiz de Azúa, se consagra en los Goya y deja a ‘Sirat’ con los premios técnicos
Si el termómetro de unos premios fuera lo que se habla de las películas, estaba claro que los Goya iban a ser cosa de dos. Los domingos y Sirat han monopolizado las conversaciones cinéfilas todo el año. La película de Oliver Laxe desde que dejó noqueados a todos los espectadores en Cannes, y desde que muchos conocieran la personalidad especial y espiritual de un director sin miedo a mostrarse tal y cómo es. La de Alauda Ruiz de Azúa desde que en San Sebastián provocó los debates más encendidos. Su apuesta austera, de escuchar sin juzgar, e mostrar todos los puntos de vista, demostró que el espectador está dispuesto a que le traten con inteligencia. La Academia de Cine confirmó con sus galardones que esto ha sido cosa de dos. Y quizás cosa de una, porque el arrase de Los domingos en todas las categorías de peso ha sido incontestable.
La historia de una niña de 17 años que provoca un terremoto en su familia con su anuncio de que quiere ser monja ha consagrado a su directora, Alauda Ruiz de Azúa, gracias a los cinco Premios Goya logrados, entre ellos los más importantes: Mejor película, dirección, guion original, actriz protagonista (Patricia López Arnaiz) y actriz de reparto para Nagore Aramburu. Alauda Ruiz de Azúa reivindicó en el escenario no tener miedo, y no tener miedo tampoco a “condenar la barbarie”. “No olvidemos Gaza”, dijo una de las varias ocasiones en las que subió al escenario como la gran triunfadora de la noche. También recordó, ahora que se cuestionan las cuotas en las ayudas al cine, que en 40 años de Goyas, ella es solo la cuarta mujer en ganar este galardón tras Pilar Miró, Isabel Coixet e Icíar Bollaín.
Ante semejante arrase, la rave política y sensorial de Oliver Laxe en Sirat se ha tenido que conformar con los premios técnicos. Eso sí, se llevó seis y acabó como la más galadronada de la noche. Era de esperar de un filme que ha logrado la nominación al Oscar a la Mejor película internacional, pero también la de Mejor sonido y pasar el corte de la Academia de Hollywood con otras cuatro categorías técnicas. El filme acumuló los reconocimientos de Mejor sonido, montaje, banda sonora, dirección de producción, Fotografía y dirección de arte.
Se vuelve a confirmar lo que suele ocurrir con masas de votantes tan amplias, como pasó también con los Feroz este año, y es que el voto por arrastre acaba dejando sensaciones injustas. ¿No hubiera sido más bonito repartir este año?, ¿se podría haber reconocido a Laxe como Mejor director y a Los domingos como Mejor película? O yendo todavía más lejos, que una película como Romería, que compitió por la Palma de Oro en Cannes, se vaya de vacío da que pensar. Pero está claro que el año era de Alauda Ruiz de Azúa, y ante unos galardones tan claros poco hay que rechistar.
La otra gran ganadora de la noche también estaba bastante evidente. Sorda enamoró desde su pase hace más de un año en Berlín, y pocos dudaban ya entonces que sería el debut del año y el más que seguro Goya a la Mejor dirección novel. Eva Libertad hizo buenas las apuestas y se llevó ese Goya, pero al final sumó tres, el de Actor de reparto para Álvaro Cervantes y el de Actriz revelación para Miriam Garlo, hermana de la directora, y que se convierte en nuestra Marlee Matlin, nuestra primera actriz sorda en ganar el premio de la Academia.
Garlo quiso compartir su premio “con todas las personas con discapacidad, especialmente para la comunidad sorda”. Denunció, como en la película, la violencia obstétrica, y también la “violencia de la no comunicación”. “Sin comunicación somos muebles, un fracaso como sociedad, aprendamos lengua de signos si podemos, y si no, usemos nuestros cuerpos para comunicarnos sin fronteras, sin miedos, sin vergüenzas, porque ningún ser humano es invisible, y ninguna persona sorda es muda. Tenemos identidad propia, y voz propia”, subrayó en uno de los momentos más emocionantes de la noche.
Muchos pensaban que Sorda también se llevaría el de Guion adaptado, pero en una de las pocas sorpresas de la noche el galardón fue para La cena, que adapta la obra de José Luis Alonso de Santos y que hizo que tres veteranos, Manuel Gómez Pereira, Joaquín Oristrell y Yolanda García Serrano, lograran el cabezón. Oristrell habló en nombre de los tres y defendió el poder de la comedia, en esta ocasión para “recordar que Franco fue un dictador y que los dictadores someten a los pueblos a sus caprichos, ya sea una cena, prohibir un idioma, negar la violencia de género o el cambio climático, deportar inmigrantes o montar un resort en Gaza”.
De la sorpresa a uno de los más cantados, el de Mejor actor protagonista para José Ramón Soroiz, que agradeció en euskera y dio gracias por lo feliz que le ha hecho este premio y le dedicó esa felicidad a los “Vicentes del mundo”, en una alusión a su personaje en Maspalomas, un anciano que al volver a la residencia, vuelve al armario de la homofobia y el miedo.
El cine, y los Goya, son políticos
Una gala que estuvo atravesada por el clima político que marcaba la actualidad política. Si en las últimas semanas la derecha mediática, y figuras como Wim Wenders desde la Berlinale planteaban de nuevo el debate sobre si el cine debe ser político y los artistas usar su micrófono para hablar, el cine español dio un paso adelante y volvió a dejar claro que sí. Fue el tema de la alfombra roja, pero es que las referencias estuvieron desde el primer minuto.
Luis Tosar se acordaba que “esta industria siempre ha condenado la violencia, ya sea en Irak, en Ucrania o el Genocidio en Gaza”. Hasta el presidente de la Academia, Fernando Méndez-Leite, que afronta su última gala antes de las próximas elecciones de la institución, se pronunció, algo que normalmente no había hecho: habló del ICE, de Irán, de Gaza… “Ya sé que nosotros no vamos a arreglar esto, pero las noticias no invitan a mirar hacia otro lado”, apuntó con tino.
Por supuesto habló, alto y claro, Susan Sarandon, que un día después de su rueda de prensa donde se emocionó hasta las lágrimas, volvió a alabar a Pedro Sánchez: “Estos días en los que el mundo está tan dominado por la violencia, por la crueldad, miro a mi alrededor y veo a vuestro presidente y a muchos artistas de este país que hablan con tanta lucidez moral. Eso me ayuda, desd donde yo estoy, en medio del caos y de la represión, a sentirme menos sola y a sentir que formo parte de una comunidad mayor”, dijo de nuevo conmovida.
Y lo hizo el Goya de Honor. Un premio impepinable para un cineasta mayúsculo, Gonzalo Suárez, que hizo un discurso sobresaliente en el que tras acordarse de “ese personaje que juega al golf con nuestro mundo impunemente para meterlo en un agujero”, contó un cuento y ensalzó el poder del cine para contar historias y para contarnos. “Hemos sobrevivido a las cuevas”, dijo y acabó con un irónico: “El bisonte soy yo”. Conciso, bonito y político.
Hasta Albert Serra se contagió del asunto y al recoger su premio al Mejor Documental por Tardes de soledad dijo que en este momento, “en el que lo político choca con la intimidad” él ha hecho una película para “ver cómo se vive desde esa intimidad un tema que no a todo el mundo le gusta”. “Esa es una posición extremadamente peligrosa. Nos dieron un acceso al que ningún político accedería, y en este cruce entre política y verdadera intimidad, asumiendo el riesgo de mostrarla, esta película tiene un poco de verdad”, zanjó al recoger el que es su primer premio de la Academia de Cine.
La victoria de Serra en documental no dejó sin galardón a la otra favorita en esa categoría, Flores para Antonio, que se llevó el de Mejor canción original para Alba Flores y Silvia Pérez Cruz. Flores se acordó, cómo no, de su padre, pero también de su abuelo El Pescaílla, su abuela que le cantaba nanas, y pidió, que en este momento, hiciéramos lo que cantaba su padre, y consiguió que todos entonaran esos versos tan repetidos: “Prometo ver la alegría y escarmentar de la experiencia pero nunca, nunca más usar la violencia”, dijo y terminó con un grito de “¡Viva Palestina Libre!”.
Y como avanzaba a elDiario.es desde la alfombra roja, la actriz y directora argentina Dolores Fonzi tenía un “discurso incendiario” si ganaba el premio a la Mejor película iberoamericana con Belén, filme argentino sobre el aborto. No fue tan incendiario, pero dijo las cosas muy claras hablando “desde el futuro”. “Ustedes tienen tiempo todavía, no caigan en la trampa. La ultraderecha vino a destruirlo todo. Vengo del futuro, de un país que incluso puso en venta el agua. No solo defendemos el cine, defendemos el agua”, agregó.
Apenas hubo sorpresas en cuanto a los premios, quizás el de Actor revelación, que pocos esperaban que fuera para Antonio ‘Toni’ Fernández Gabarre por dar vida a ese niño de la Cañada Real en Ciudad sin sueño. “¡Qué vivan los Fernandez!”, acertó a decir en un momento tan tierno como sencillo.
Nostalgia y discursos breves
Todo en una gala que se la jugó a una única baza: la nostalgia con motivo del 40 aniversario de los Goya. Y les salió bien. Al gran material documental que se usó con buen gusto (aunque repetido demasiadas veces), se unió la petición de la Academia de abreviar los discursos. Funcionó. No es que fuera una gala corta, pero se rebajó casi media hora respecto a las tres horas y media del año pasado y nunca dio una sensación de estancamiento.
Luis Tosar y Rigoberta Bandina no tuvieron mucha tarea, pero demostraron oficio en lo que les tocó. Hubo destellos de buen gusto, como el Tú mirá con Ángeles Toledano, un coro de niños, y orquesta de cuerda. Un guiño a una de las grandes olvidadas de la ceremonia, Romería, de Carla Simón, que como ocurrió con Alcarrás, se fue de vacío. También fue elegante e inteligente hacer sonar en el In memoriam una versión del Si te vas de Extremoduro, que sirvió como homenaje a otro de los artistas que nos ha dejado este año, Robe Iniesta. A pesar de todo, las actuaciones musicales siguen siendo demasiadas, y la gala hubiera ganado en ritmo con unas cuantas menos.
Aun así, una gala que cumple, y que sirve como recordatorio de la calidad del cine español de estos 40 años de Goyas y que sirven para mirar al futuro en un año que promete ser, de nuevo, de éxito internacional de nuestras películas.