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Mahdi Fleifel, único director palestino en Cannes: “Lo que ha hecho España es importante, aunque sea simbólico”

Javier Zurro

Cannes —

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Los festivales de cine en 2024 han decidido mantenerse en un segundo plano respecto a la invasión y los ataques de Israel a la comunidad palestina en Gaza. En Berlín el tema fue tabú, y los que se atrevieron a hablar fueron hasta censurados por ello. El certamen se mostró esquivo con el tema y tuvo incluso que pedir perdón por las declaraciones que hicieron diferentes cineastas en la ceremonia de clausura. 

En Cannes el tema solo ha salido si alguien era preguntado por ello. Ninguno de los dos festivales se ha mostrado tan contundente como hace dos años con la invasión rusa de Ucrania. En La Croissette han sido pocas las manifestaciones, siendo la más importante las de Cate Blanchett con su traje-bandera. De hecho, solo hay un director palestino en todas las secciones del certamen, y no está en la oficial. Se trata del director palestino-danés Mahdi Fleifel, que tras varios documentales debuta en el largo de ficción con To A Land Unknown, la historia de dos exiliados palestinos atascados en Atenas, un limbo en el que buscan dinero como pueden para llegar a Alemania, lo que consideran el lugar ideal para alcanzar ese sueño europeo.

La historia de sus dos protagonistas, de alguna forma tiene que ver con la suya, cuyos abuelos se exiliaron de Palestina en 1948 hacia Líbano. Después, sus padres se fueron a Dubai, donde nació él, y luego cuando él tenía nueve años llegaron a Dinamarca, donde vive actualmente, aunque él, cuando cuenta su propia historia lo tiene claro: “Soy palestino”. Por ello define estar en Cannes como estar “en los Juegos Olímpicos” sin todavía terminar de creerse que esté en el certamen más importante del mundo.

No es para menos. Ha estado trabajando diez años en la película. Fue muy difícil financiarla, y sobre todo porque se trata de “una película sobre exiliados hecha desde el exilio”. “Siempre me he visto como un cineasta exiliado. Soy palestino, pero vivo en Dinamarca, y allí no les gusta mucho financiar el tipo de películas que quiero hacer porque no están en danés ni tienen gente danesa y no están ambientadas en Dinamarca. Así que fue muy difícil convencer a los productores europeos”, dice de un filme que ha unido a empresas de varios países europeos como Grecia o Francia. 

La película se rodó un mes después de los primeros ataques de Israel a Palestina. En menos de medio año rodaron, montaron y han tenido la película lista. Cree que la gente está abriendo los ojos, y se “están dando cuenta de lo que está sucediendo, quizás estaban dormidos”. “Los poderes fácticos no quieren que se sepa lo que está pasando en Palestina. Pero creo que ahora es imposible ignorarlo. La gente lo está viendo con sus propios ojos”, dice. Espera que la gente se conmueva por el poder de su historia, y no solo porque hable de palestinos, pero sabe que no lo puede controlar. 

Mahdi Fleifel es consciente de que en España hay una corriente de apoyo muy grande a Palestina, y valora de forma muy positiva la decisión de Pedro Sánchez de reconocer el Estado palestino. Cuando se le pregunta si cree que es un gesto importante, no duda: “Por supuesto que lo es. Necesitamos estas cosas. Necesitamos que la gente hable, que haya un cambio, que se desafíe la narrativa dominante. Especialmente en Occidente. No olvidemos que lo que está ocurriendo ha sido causado por Occidente. Lo que pasa en Oriente Medio no pasó porque sí, así que espero que se dé ese cambio y reevaluemos lo que ha pasado, nuestra historia y el cómo queremos seguir hacia adelante. Pasos como ese son realmente importantes para nosotros. Puede que sean simbólicos en este momento, pero son importantes”.

Los poderes fácticos no quieren que se sepa lo que está pasando en Palestina. Pero creo que ahora es imposible ignorarlo. La gente lo está viendo con sus propios ojos

La película comienza con una frase del autor palestino Edward Said, para el cineasta la persona que mejor ha explicado lo que significa ser un exiliado. “Soy un gran admirador de su trabajo y tuvo una gran influencia en mí, además es una persona que me animó a abrazar mis muchas identidades. Pensar que puedo ser árabe, europeo, palestino y danés. Que no es necesario que te limites a una sola identidad. Pero esta película está también realmente inspirada por Ghassan Kanafani y su trabajo Hombres al sol, de hecho quería llamar así a la película, pero cuando comenzamos a rodar era noviembre y no había sol, por lo que no tenía sentido, pero sentí que su obra estaba conmigo en espíritu”.

En el filme los países elegidos como origen y destino de sus personajes no son casuales, sino que responden a la sociedad de los refugiados, que entran a Europa por Grecia, pero que ya no lo consideran parte del continente. “Para ellos eso no es Europa, quizás esperan ver a más gente blanca, y ellos ven la tierra prometida más lejos. Cuando estaba haciendo documentales, muchas de las personas a las que seguí terminaban varadas en Atenas. Y volví a pensar en la obra de Ghassan Kanafani, en la que estaban atrapados en el desierto entre Kuwait e Irak. Ahora, 60 años después, es este desierto urbano que es Atenas, la cuna de la civilización moderna, con estos dioses antiguos supervisando, donde la gente se queda atrapada”.

A pesar de la posición de Alemania con Palestina, eligió que esa fuera la meta final de sus protagonistas, porque piensa que “ese es el tipo de ingenuidad de alguien que está buscando algo mejor y que proyecta estas cosas cuando en realidad no saben nada de política”. “Existe esa sensación de pensar que no importa lo malo que te digan que es, porque nunca será tan malo como el lugar de donde vienes. Puede que en el lugar al que voy sean racistas, pero espero que al menos me den un trabajo”, analiza.

Con su cine lo que quiere es acabar con los prejuicios que todavía hay sobre la comunidad palestina. Utilizar su privilegio como director para mostrar al mundo cómo son realmente: “Que vean que no somos un grupo de árabes enojados y locos que quieren destruir ese refugio judío que crearon en Occidente. No, somos personas. Tenemos una cultura. Tenemos una historia. Tenemos sueños, esperanzas, miedos. Somos como cualquier otra persona. El cine es un espacio hermoso para vivir y soñar, y eso trasciende todos estos límites de nacionalidades y tonterías”.