ANTIACÚSTICO

“Estamos creando una sociedad que vibra más con Cristiano Ronaldo que con las canciones”

Mucho nos han hecho un antiacústico. Es antiacústico porque su tercer disco, Pidiendo a las puertas del infierno, tenía una regla de oro. No se podían usar guitarras. Está basado en sintetizadores y teclados. “Ahora nos tenemos que buscar la vida en los directos”, dice Martí, que lleva la voz cantante en el escenario y en la entrevista. Sus seguidores, con “alguna reacción de sorpresa”, se lo han tomado bien: “Sigue siendo Mucho, y a la gente le gusta Mucho”.

Mucho es, además, la evolución de otro grupo, The Sunday Drivers, del que formaban parte Carlos y Miguel (completa la plantilla Víctor). De aquella etapa se llevaron “el recuerdo y la experiencia que nos convenció para llevar a cabo la profesión” además de “una amistad profunda”. “Al final lo que buscamos es dejar un legado musical a nuestros nietos”, es su conclusión.

No les gustan las etiquetas periodísticas, y por eso se autodefinen como “cósmicos”. “Da igual el género mientras pongáis esa palabra. Reaggeton cósmico también estaría bien”, afirman. Su anterior disco, Grupo Revelación, era una sátira hacia aquellos grupos que más bien parecen empresas: “Somos bastante románticos, creemos fervientemente que una canción está hecha para perdurar, no para ser consumida como una hamburguesa”. Tampoco se identifican demasiado con el fenómeno indie: “nos da un poco de rabia que se meta a todo en el mismo saco”.

Pero vosotros también tocáis en festivales, ¿no os sentís parte de todo eso?

Martí: Bueno, también por eso decimos que hacemos música cósmica. Porque para nosotros el indie es una palabra que ha sido ya violada y maltratada muchas veces. Antes se consideraba que el indie era casi comunista, y ahora indies también son grupos que están en multinacionales. Es algo extraño, se han adueñado de una palabra y le han quitado significado.

Víctor: El indie es injusto para los grupos y para los oyentes. La música para la gente debe ser libre y no se puede encasillar. Me da mucha rabia cuando defines un estilo y se te mete en un saco. Y un poco de pereza todo esto de las etiquetas y el movimiento indie, signifique lo que signifique.

¿Y preferís festival o sala pequeña?

Martí: En realidad, los dos sitios. El festival es un concierto corto en el que tienes que poner sólo los temazos, pero hay esa conexión con una gran masa de público que es increíble. Y un concierto en sala, de hora y veinte, en el que cada gota de sudor acaba en el público, es una conexión cercana y verdadera. Elegir uno es complicado, nos flipa tocar en directo.

Víctor: Yo personalmente lo tengo clarísimo. Las salas. Creo que ahí está la música de verdad, donde el grupo puede desarrollar su concepto al cien por cien. Mola tocar en festivales, el baño de masas, con gente que hasta entonces no te conocía. Pero creo que la música de verdad es la que está en las salas, lo que deberíamos apoyar tanto músicos, como autoridades como oyentes. Es la cantera, donde crecen las bandas.

Eso de cósmico... ¿Erais más de Los Planetas o de Los Piratas?

Martí: Los Planetas nunca han sido una referencia. Yo de joven les escuchaba, pero si pudiéramos elegir creo que somos bastante más de la facción de Los Piratas, del rollo sideral y Radiohead. Más que Los Planetas, con los que cuadramos con su psicodelia pero no con las ganas de sonar mal y esconder la voz. Somos más del Ultrasónica y Relax de Los Piratas. Aunque todo lo hemos escuchado de pequeños y algo ha quedado.

¿Y cuáles son otras influencias?

Martí: Es que somos tan freaks que nuestras influencias van desde Kendrick Lamarr hasta Beck pasando por Jorge Drexler, Los Piratas y Pink Floyd. Es bastante dramático de sintetizar, somos consumidores de música obsesivos. Si tuviéramos que hacer un festival con nuestra música sería el cartel más ecléctico de la historia.

¿Se puede vivir de la música en España?

Martí: Digamos que un 5% de las bandas españolas vive de la música. Vivimos en un país en el que la cultura no tiene demasiado interés para el público masivo ni a nivel estatal, sólo hay iniciativas que además de privadas son escasas. Así que es complicado, por no decir imposible. Debe de haber unos 15 grupos que viven de la música en este país.

Víctor: Eso a nivel de segunda división. Si contamos a Pablo Alborán, Alejandro Sanz, etcétera, igual son 25. Pero tampoco es una joya esto, en Francia están mucho mejor. Aquí esto no se cuida. Es lo que te decía de los festivales. La mentalidad es ¿por qué pagar diez euros por un grupo si pagas veinte por ver a quince y en la playa? Pues porque van a dar un show único y eso es lo que hay que defender. Igual es que el festival no tendría que costar veinte, sino cien. O que no hubiera doscientos, sino veinte.

Martí: Al final es una cuestión de educación. Educar en la cultura de que la música en directo es un bien que hay que cuidar. Todo son problemas endémicos relacionados con que se está acabando con la educación y con las cosas buenas que había en este país. Acabando con la educación estamos creando una sociedad un poco ignorante, que vibra más con Cristiano Ronaldo que con gente que hace canciones. Todo suma para que la música acabe denostada.

¿Qué pedís a las puertas del infierno... o de un nuevo Gobierno?

Martí: Gran parte de la culpa de la situación es nuestra, de los músicos, que deberíamos unirnos y tener una academia igual que la del cine. Un sindicato, donde reunirnos y organizarnos todos los que formamos parte del negocio. A partir de ahí, empezar a luchar por cosas tan normales como que nuestro trabajo estuviera regulado de alguna manera, no simplemente en el saco de “artistas y toreros”. Y también algún tipo de apoyo estatal a la música. Estamos en un momento muy dulce, hay muy buena música de la que estar orgulloso. Hay que darle un altavoz. Incluso aunque sólo se pensase en el dinero. En España está pasando algo que seguramente es más grande que lo que pasó en La Movida, de la que nos queda la nostalgia pero que está muy superada... Que fue importante, pero tocaban muy mal. Pero se suda de la música.

Miguel: Y no sólo eso, sino que estamos perseguidos. No tenemos ningún problema en pagar impuestos, en absoluto, me siento orgulloso de tributar con esta profesión. Pero la manera que se nos propone para hacerlo es totalmente abusiva. Nos intentan crujir cada vez que das un concierto algo grande. Hay inspecciones constantes a los artistas para controlar que todo esté perfectamente cristalino, cuando somos gente casi al nivel de supervivencia económica. No es frecuente el típico ejemplo de super artista que se esconde bajo miles de euros. Así que no sólo es que desde el Gobierno no se nos considere una profesión digna, sino que encima van a por nosotros.

Martí: El problema laboral que tenemos los músicos es bastante equiparable al de cualquier autónomo, cuya tasa es completamente absurda. Seguro que alguna mente puede llegar a ver lo que se hace en el resto de Europa, donde lo que pagas es proporcional a lo que cobras. Seguro que toda esa economía sumergida dejaría de serlo con un sistema lógico. La mayoría de nosotros queremos ayudar para que esto vaya para delante, no somos ratas que no queremos pagar impuestos.