Tras días de hacinamiento en Budapest, los primeros refugiados llegan a Austria
Bahira es una mujer menuda, de mirada viva a pesar del cansancio. Salió hace semanas de su país, Siria. “Vivir una guerra nunca se olvida, es horrible de donde venimos, tenemos que continuar”, nos dice mientras empaqueta rápidamente sus enseres en el campamento de refugiados de la estación de tren de Budapest, donde ha vivido hacinada con miles de personas más estos últimos días.
Bahira recoge sus pertenencias porque se va. Fuera, en la calle decenas de autobuses dispuestos por las autoridades húngaras los esperan para llevarlos a la frontera austriaca.
“Nos han dicho que nos llevan a Austria. ¿Vendréis los periodistas con nosotros? Venid con nosotros por si hay problemas”, nos piden algunos refugiados, temerosos de que el destino final no sea la frontera austriaca, sino un campo. “Vais a la frontera austriaca, allí os bajáis y cruzáis andando”, les explica una voluntaria húngara mientras reparte bebidas a quienes van subiéndose a los autobuses. La operación de traslado llega después de que Austria y Alemania dieran luz verde a la llegada y el paso de los refugiados.