La portada de mañana
Acceder
Quién paga y quién recibe 28.000 millones de euros en alquileres cada año en España
La OTAN se juega su futuro ante el vendaval de desplantes de Trump
Opinión - God bless America, por Antón Losada

Ouidad Bakkali, la diputada italiana de origen marroquí que se levanta contra la extrema derecha y su idea de remigración

Joan Mas Autonell

Roma —
5 de julio de 2026 21:42 h

0

Con un ejemplar de la Constitución en una mano y un gorrito infantil como el de Liam Conejo Ramos (un niño de 5 años detenido junto a su padre por el ICE de Trump) en la otra, la diputada Ouidad Bakkali cantaba junto a otros colegas el Bella Ciao en el Parlamento italiano frente a un grupo de neofascistas que buscar convertir la idea ultraderechista de la remigración en ley nacional.

La escena se produjo en enero de este año, cuando los promotores de una iniciativa popular a favor de la remigración intentaron presentar su propuesta en una rueda de prensa en el Parlamento, pero se encontraron con el boicot de Bakkali, del Partido Democrático (PD), y otros colegas de centroizquierda que ocuparon la sala para cantar la canción antifascista e impedir la celebración del acto. “Es una propuesta racista con una visión etnonacionalista y fascista de la sociedad”, dice a elDiario.es la diputada, que fue suspendida cinco días de sus funciones por esta acción.

Los ultraderechistas que están detrás de ello actúan con ambigüedad calculada, advierte Bakkali. “Su discurso cambia según el público. Ante los suyos, hablan de la remigración de no asimilados, incluido los descendientes de migrantes, pero en televisión hablan solo de seguridad y de deportar a migrantes ilegales”, explica.

El pasado 13 de junio, los ultras volvieron a hacer una demostración de fuerza. Una marcha al estilo propio del neofascismo juntó a unas 4.000 personas en Roma. “Italia, nación, remigración” fue uno de los cánticos coreados, junto a saludos fascistas o consignas a favor del duce Benito Mussolini. La manifestación no fue masiva, pero sí grande para los estándares de la galaxia extraparlamentaria ultra. “Fue una de sus marchas de mayor peso de los últimos años”, asegura a elDiario.es Paolo Berizzi, periodista del diario La Repubblica especializado en ultraderecha.

Para muchos, la movilización muestra el crecimiento de su grupo organizador, el Comité Remigración y Reconquista, con capacidad de marcar agenda e interpelar más allá de las calles. Los movimientos que lo integran, entre ellos CasaPound, Rete dei Patrioti (Red de los Patriotas) o Veneto Front Skinheads, han trascendido en la esfera pública este año con la proposición de ley por iniciativa popular para fomentar la remigración. Aseguran que ya han obtenido más de 150.000 firmas. La propuesta busca introducir más medidas para expulsar a migrantes irregulares, así como la deportación obligatoria de extranjeros que cometan delitos, incluida la revocación de la ciudadanía para los naturalizados. Ahora, la iniciativa está pendiente de debate legislativo en la Cámara de Diputados.

Racismo y amenazas viralizadas

“Me preocupa ver cómo se ha normalizado el lenguaje racista y antimigrante. Se dicen cosas contra la población extranjera que nunca antes se habrían dicho, todo ello en un país con más de cinco millones de trabajadores extranjeros que produjeron el 8,5% del PIB el año pasado”, agrega esta diputada de 40 años, nacida en la ciudad marroquí de Agadir, pero que vive desde los dos años en Italia.

De hecho, Bakkali sufrió en su propia piel esta creciente escalada del discurso del odio cuando el 13 de junio participó en una gran contramanifestación antifascista para oponerse a la marcha por la remigración en Roma. La diputada colgó en redes una foto suya ante la pancarta con el lema de la protesta, Fuck Remigration (Que le jodan a la remigración), una publicación que se viralizó entre las cuentas de la galaxia ultra. Tras ello, recibió más de 13.700 mensajes con insultos racistas y tono intimidatorio que incluyeron incluso amenazas de muerte.

“Fosa común para ti y tu familia”, “sabemos dónde vives” o “a casa, gitana”. Estos fueron algunos de los mensajes contra la diputada, como denunció en un pleno parlamentario. Ya en el pasado había recibido comentarios racistas, “pero nunca a escala tan masiva, con tal nivel de violencia y amenazas”, asegura. Según alega, esto muestra cómo las redes amplifican el discurso ultraderechista también en Italia, ante lo que deben tomarse restricciones y medidas de control de las plataformas para que asuman su “responsabilidad social”.

Vannacci altera el bloque derechista

Esta atmósfera se ve alimentada por la irrupción de Roberto Vannacci, exgeneral y eurodiputado, que en febrero abandonó el partido Liga de Matteo Salvini para fundar Futuro Nazionale. Esta formación, enfocada en la imagen de líder fuerte y carismático que Vannacci busca mostrar, sube en los sondeos y podría obtener un 6% de votos en las elecciones, una cifra con la que incluso podría superar a la Liga. Esto amenaza con cambiar la correlación de fuerzas del bloque derechista. Las encuestas señalan que Meloni no tendría asegurada la mayoría para formar coalición, ante lo que Vannacci podría ser un actor clave, si quiere mantenerse en el poder.

“Difícilmente se puede construir algo con alguien que claramente sólo quiere destruir”, declaró esta semana Meloni en una entrevista televisiva con Rete 4 cuando le preguntaron si contemplaría una alianza con el militar. “No me parece que haya mucha diferencia entre él y el resto de partidos de oposición. Vota como la izquierda y habla contra nosotros todo el día”, agregó. Pero el exgeneral copa cada vez más titulares en los medios.

Se dicen cosas contra la población extranjera que nunca antes se habrían dicho, todo ello en un país con más de cinco millones de trabajadores extranjeros que produjeron el 8,5% del PIB el año pasado

La primera ministra se ha labrado en los últimos años una posición firme como líder de ultraderecha que a su vez coopera con la Unión Europea y secunda la línea de la OTAN. Vannacci, por contra, ha logrado hacerse un espacio criticando el modelo de política exterior o el apoyo italiano a Ucrania. También muestra simpatías por Vladímir Putin y defiende posiciones euroescépticas, aunque él mismo saltó al ámbito institucional como eurodiputado de la Liga, cargo que no ha abandonado pese a irse del partido.

Los expertos prevén que su discurso de línea dura y su defensa a ultranza de la expulsión de migrantes condicione también la campaña electoral, aunque este militar retirado con dejes neofascistas y discurso homófobo proclame casi lo mismo en materia migratoria que Meloni o Salvini. Lo hace con menos filtros, aboga por vías más contundentes e incorpora ideas clave del compendio remigratorio, como la deportación de personas “no asimiladas”, o la revocación de la ciudadanía a quienes cometan “delitos graves”.

La remigración, un neologismo en Italia

Vannacci alega que la coalición de Meloni y Salvini no tomó medidas suficientes para frenar en seco la llegada de migrantes. Estos años, el Ejecutivo hizo políticas contra la migración como el bloqueo de buques de ONG de rescate en el Mediterráneo, un proyecto de ley para impedir la navegación de barcos con migrantes o la apertura de centros de detención para migrantes en Albania, aunque el exgeneral pide ir más allá y usa la bandera de la remigración para dar más empaque y proyección a sus posturas, según los expertos.

Cornelli y Berizzi coinciden en que este concepto no es más que una continuidad del modelo antimigratorio de las ultraderechas clásicas, pero buscando otras palabras para impulsarlo de nuevo. El término se incluyó en 2025 como neologismo en Treccani, el diccionario de referencia de la lengua italiana. Esto mostró que su uso se extendía en Italia, pese a llegar más tarde que a otros países de Europa.

En Italia se empezó a hablar de remigración en 2025, y “los primeros en hacerlo fueron miembros de partidos del gobierno”, recuerda Berizzi. La propaganda remigracionista acabó monopolizada por la derecha neofascista, pero hay “una conexión ideológica entre neofascismo y derecha gubernamental”. El discurso antimigración del Ejecutivo fue antesala para los relatos que ahora promueven las expulsiones a gran escala, opina el periodista.

Este marco ideológico fue acuñado por el ultra austríaco Martin Sellner. “El fenómeno de la remigración gana fuerza en toda Europa y EEUU, por eso también alcanzó Italia. Se ha convertido en un verdadero estandarte político que empuja a la derecha cada vez más a la derecha”, cuenta a elDiario.es Roberto Cornelli, profesor de Criminología y Política Pública de la Universidad de los Estudios de Milán.

Según alega, esta tendencia es solo un paso más tras dos décadas de medidas y leyes que criminalizan a los migrantes. “La remigración pone un nombre mucho más crudo y duro a una política que ya iba en esta dirección”, primero con el Gobierno de Silvio Berlusconi, a inicios de los 2000, y reforzada estos años por Meloni con “la reducción de la acogida, el cierre de fronteras y puertos o la criminalización de los rescates en el mar”, señala el docente.

“Italia para los italianos”

“No nos avergüenza decirlo: Italia para los italianos”, dijo Vannacci el 13 de junio en la asamblea constituyente de Futuro Nazionale en Roma, donde participaron más de 1.500 delegados. El partido asegura que ya tiene más de 100.000 afiliados y ahora avanza en su estructuración. Ocho diputados —en su mayoría exmiembros de la Liga, pero también de Fratelli d’Italia y Forza Italia— se pasaron al lado de Vannacci, y su perfil como bloque propio se percibe ya en el parlamento, donde la tensión con opositores como Bakkali es palpable.

Vannacci evita tapujos. En una reciente entrevista para el canal La7 defendió un modelo de deportación basado “en el traslado forzoso”. También aboga por construir muchos más centros de internamiento para acelerar las expulsiones. “Deben ser deportados todos aquellos sin motivo ni derecho de estar entre nosotros. El 80% de estas personas deberían ser remigradas. Son clandestinos, ilegales”, aseguró.

Este mes también afirmó, recalcando su visión reaccionaria, que “el feminicidio no existe”. En su opinión, “es un homicidio como todos los demás”. Por otro lado, en un país envejecido como Italia, con una de las tasas de natalidad más bajas de Europa y con necesidad de mano de obra para trabajos esenciales, Vannacci aboga por reducir la cantidad de residentes extranjeros a un máximo del 4% de población, por debajo del 9,4% actual. Aun así, no ve contradictorio que su esposa, con la que tiene dos hijas, no sea de origen italiano, sino rumano.

“Me preocupa la velocidad con la que fenómenos como el de Vannacci ganan popularidad y consenso”, lamenta Bakkali, que pide que las fuerzas de centroizquierda italianas vayan juntas a comicios. “Un frente unido es la única opción para dar a los italianos una esperanza alternativa”, concluye la diputada, que insta a seguir luchando y a fomentar la inclusión como antídoto ante el racismo y la remigración de la extrema derecha.