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Sobre este blog

La pregunta “¿dónde vives?”, que antes servía para llenar silencios o ubicar a una persona, es hoy un interrogante afilado sobre tu situación económica y tu salud mental. Germán Aranda repasa cada jueves las principales noticias y debates sobre la crisis de la vivienda.

El piso “con bicho” que tenía nombre, la cultura buitre y los sueños de mileurista

Varias personas colocan velas por Maricarmen en Puerta del Sol
9 de octubre de 2026 11:38 h

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Llega un momento que uno no sabe qué más contar. Estas semanas, especialmente, le llevan a uno al borde del colapso informativo. Desahucio de Maricarmen en camilla, manifestación, acampadas, decreto de vivienda aprobado, decreto de vivienda tumbado, elecciones, decreto de vivienda aprobado otra vez, y la muerte de Maricarmen. Fue un silencio la muerte de Maricarmen. Ni siquiera pudo cruzar la puerta de su casa para descansar allí en paz. Un silencio ensordecedor con un mensaje claro: es insoportable. Es insoportable que te puedan echar así de tu casa, es insoportable que vivamos tan esclavos, o tan feudales sí se quiere, al servicio de los landlords, que en inglés la palabra tiene más evocación medieval.

Me interesa hacer una reflexión sobre la cultura que hemos construido entre todos, en la que prima siempre el individuo y el lucro, ante la falta de una estabilidad o un horizonte de estabilidad, ante la disolución del concepto de comunidad y el debilitamiento del estado del bienestar, y una vida marcada por el moverse de un lado a otro, sin echar raíces, sea por la vivienda, por buscar trabajo o a veces también por la aventura. Los fondos de inversión los forman personas y, de buitres, hay muchos que no son fondos. Porque lo que tenemos es una cultura buitre. O, al menos, en parte, porque hay quien se empeña en demostrar que no todo está perdido.

Recibí un correo hace poco de una mujer propietaria, con un piso alquilado a bajo precio, a quien algunos conocidos le decían que era “idiota” por no subirlo a precio de mercado. No es la primera vez que lo oigo. Se lo decían amigos, conocidos, seguramente algunos con piso y otros sin, porque la cultura de sacar el máximo rendimiento no es cosa de pocos, hoy día, sino de la mayoría, incluido de muchos que se dicen de izquierdas.

Decía Ayuso el otro día, en respuesta a la acampada de Sol, que representa a una España “de vagos, de mileuristas sin sueños, que quieren seguir siéndolo” y la contraponía a los “que tienen un taller, los curritos”. Pasó de parecer Trump a parecer el friki del Llados y le faltó hablar de las “fucking panzas” y de levantarse a las 5 y media de la mañana. Tira de cultura Llados, de referentes 'bros' porque sabe que la calle se está moviendo y, con Palestina y con la vivienda, el sentido común está arrastrando hacia el lado contrario a lo que representa la derecha, aunque es verdad que las encuestas de voto aún dicen lo contrario.

Según el INE, un 60% de los trabajadores en España ganan menos de 2.000 euros al mes y son, por tanto, mileuristas. Y, por cierto, cerca de la mitad de los autónomos declaran menos que el Salario Mínimo Interprofesional.

La cuestión es que la cultura del criptobro, del inmobro, del inversor, del ludópata, del que elogia como esfuerzo apostar su dinero al mayor rendimiento sin importarle lo que haya detrás (una industria de armas, unas viviendas alquiladas a precios inasumibles) se impone y parece que no hay otra visión.

Uno de los mayores paradigmas de esta cultura buitre es lo del “piso con bicho”. Así le llaman en el sector inmobiliario al piso que se compra con inquilino dentro. El problema fue el día que “el bicho” de Urbagestión pasó a tener nombre. Y menudo bicho, Maricarmen.

Marcha por Maricarmen desde la Puerta del Sol de Madrid.

En la acampada de Sol, me impactó mucho la cara de rabia que se le puso a Tobías, un chaval de 19 años con la camisa de camarero que llegaba del trabajo, cuando le hablé de Maricarmen. No sabía ni lo que era el 15M, pero insistía e insistía en la empatía y en ver más allá del dinero y de cada uno. También estudiaba Formación Profesional.

No se me ocurre nada más opuesto a personas “sin sueños” o “vagos” a quienes son capaces de acampar en una plaza para cambiar el futuro político del país. Tampoco creo que investigadores universitarios, médicos o profesores, como los que había, merezcan ese calificativo. De hecho, no se me ocurre personas más “sin sueños” que quienes tienen como único objetivo hacer dinero en la vida a costa de quien sea.

Pero es que tampoco los mileuristas sin estudios (o con estudios en el extranjero y que no pueden convalidar) lo merecen. El día que las cuidadoras del hogar, los camareros, los albañiles o los jornaleros paren, lo notaremos. Si los periodistas, los project manager, los arquitectos, o los asesores financieros estamos un par de días sin trabajar, a lo mejor nadie lo sufre. Lo digo simplificando, porque sé que puede que no sea así, para venir a decir que el clasismo de Lladós y Ayuso me repugna y que nadie ejemplifica mejor la vida con sueños que Maricarmen, el de quedarse en casa y luchar por un derecho, o los acampados a los que ella odia.

Cuando pienso en alguien con sueños y ambiciones, no me viene a la cabeza un tipo que trocea pisos para sacar el máximo rendimiento de una vivienda, a los que Ayuso pone la alfombra roja.

Me viene a la cabeza una madre soltera, migrante, que trabaja muchísimo y se emociona al explicar que su hijo va a la universidad. Y tal vez ese hijo vive con ella en una habitación en un piso compartido con otra familia. O tal vez ese hijo no ha llegado a la universidad porque se cansó de vivir en un cuarto con su madre y se puso a trabajar antes. Como hijo de mileuristas que ha ido a la universidad (y que aun así ha seguido siendo mileurista hasta casi los 40 años) y no ha parado de currar, me repugna todo discurso que relacione el bien con el lucro, porque en la mayoría de casos he visto más bien lo contrario.

Nada da más asco que el clasismo que tilda a la clase trabajadora o a los activistas de vagos. Solo da más asco y rabia que, encima, no tengamos donde vivir.

El dato

1.248

Son las tiendas de acampada que llegó a haber en Sol el 30 de septiembre. Se organizaron con calles para abrir el paso a quienes allí dormían reivindicando un decreto de vivienda que acabó haciendo saltar por los aires la vida política del país.

Poder público

Ya tenemos el decreto de vivienda, que convalidará la Diputación Permanente y estará en vigor, al menos, hasta que el próximo Gobierno lo tumbe, si se atreve. Podéis leer sobre él aquí, pero os resumo algunas medidas:

  • Prórrogas de alquiler de dos años para todos los inquilinos cuyo contrato venza antes de 2029
  • Congelación de la subida de precios año a año. Podrán subir un 2% quienes tengan el piso por debajo del índice de referencia.
  • Escudo antidesahucios: prohíbe hasta 2030 los desahucios a personas vulnerables sin alternativa habitacional y, más allá de ese año, obliga a las administraciones a asumir las deudas de impago del desahuciado para que pueda seguir en la vivienda.
  • Regulación de alquiler de temporada y de habitaciones: las equipara a la vivienda habitual en derechos y precios (Cuando están topados) y, en caso de no temporalidad del inquilino, el contrato se puede convertir en de vivienda habitual.
  • Ayudas a la compra de vivienda: Hasta 50.000 euros de ayuda para pagar la entrada de la primera vivienda. Se devuelve cuando se acaba de pagar la hipoteca, o sea que en vez de una entrada, es una salida, y además se paga sin intereses en un máximo de hasta 10 años. Sale a poco más de 400 euros al mes si pides el importe máximo y lo devuelves en 10 años.

Poder privado

Estamos viendo una campaña muy interesante en algunos medios, o de Junts con aquel ridículo correo de la casera indignada, para victimizar a quien está haciendo pasta con el alquiler y la pobreza de la gente.

Lo que más me ha llamado la atención de esa campaña es el artículo que firma en ABC Helena Beunza, presidenta de ASVAL, la patronal de propietarios de vivienda patrocinada por Blackstone.

Después de haber sido Secretaria de Vivienda en el Ministerio de Fomento del PSOE entre 2018 y de haberse dedicado a la investigación y a la asesoría, ha decidido representar a los propietarios de pisos.

El artículo en ABC se titulaba 'Su piso sigue a su nombre, pero ya no es suyo' y en El Mundo publicó otro que decía 'Quien alquila su piso no es su enemigo'.

El relato, en el artículo del ABC, era el de un casero ahogado a impuestos que seguirán subiendo mientras los precios quedarán congelados. Aseguraba que, encima, al que ponga el piso al precio de mercado se le penaliza, cuando es al contrario: se podrá desgravar impuestos de la renta el que lo ponga por debajo de mercado, y así, seguramente, podrá cubrir otros como el IBI o las reformas.

También narró en negativo otra medida que busca proteger al propietario: “Hasta 2030, si el inquilino deja de pagar pero es una persona vulnerable y no tiene otra vivienda, el juez suspenderá el desahucio hasta que la administración le ofrezca una alternativa, y esa suspensión puede durar hasta tres años. Mientras tanto, la administración le compensará, pero solo por la renta que ha dejado de cobrar, los suministros y las costas del juicio, y deja fuera otros daños que la legislación civil reconoce con carácter general. Solo el propietario de dos viviendas o menos tiene una protección adicional”.

O sea, que en caso de desahucios la administración garantiza cubrir la deuda por impagos al propietario y su narrativa es que “solo” le compensará por eso.

“Si su inquilino lo pide, tendrá que alargárselo hasta dos años más, con las mismas condiciones. Solo podrá negarse si necesita el piso para usted o su familia, o si firma un contrato nuevo con una rebaja de renta de al menos un 5 %. Nadie le compensa por ello”, dice. Lo que parece querer decir Beunza es que una persona que vive de alquiler no debe tener derecho a vivir en él una vez se le acabe el contrato, que cualquier motivo debería valer para echarlo a la calle. El texto elude la ansiedad, la angustia y la pobreza a la que son condenados miles de personas que viven de alquiler por depender de contratos tan abusivos.

También se le olvidó poner ejemplos concretos de esos precios de mercado, entre 1.500 y 2.000 euros cualquier piso mínimamente decente para una familia en Madrid. Y de ahí podría empezar a descontar todo lo que quiera.

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La pregunta “¿dónde vives?”, que antes servía para llenar silencios o ubicar a una persona, es hoy un interrogante afilado sobre tu situación económica y tu salud mental. Germán Aranda repasa cada jueves las principales noticias y debates sobre la crisis de la vivienda.

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