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La guía definitiva para sobrevivir a la factura de la luz en verano: qué podemos controlar y qué no

Abrir la nevera.

Ricardo Arnaiz

Acaba de arrancar junio y, con él, el primer apretón de calor del año. Se acerca el verano, llegan las primeras noches de calor, el ventilador vuelve a ocupar su sitio habitual y el aire acondicionado deja de ser un por si acaso para convertirse en un fijo del día a día. Pero hay fórmulas para que, cuando el calor aprieta, la factura no se ponga en el mismo plan.

Es verdad que en verano consumimos más energía. El frigorífico trabaja más, usamos más sistemas de climatización y pasamos más horas intentando mantener la casa fresca. Pero eso no significa que la factura tenga necesariamente que dispararse. Muchas veces, el ahorro no depende de hacer una gran inversión en, por ejemplo, renovar electrodomésticos ni de renunciar al confort, sino de pequeños hábitos y de usar mejor lo que ya tenemos en casa.

Aire acondicionado ¿aliado contra el calor o enemigo a final de mes?

La climatización es uno de los puntos donde más se nota el consumo energético durante el verano. Pero también es donde más margen tenemos para ahorrar sin pasar calor.

Uno de los errores más habituales sigue siendo poner el aire acondicionado a temperaturas muy bajas pensando que así la casa se enfriará antes. En realidad, lo más eficiente suele ser mantener una temperatura estable entre 24 y 26 grados, una franja que permite estar cómodos sin exigir de más al equipo.

Una mujer configura su aparato de aire acondicionado.

También ayuda aprovechar funciones que muchas veces están ahí y apenas usamos. El modo ECO reduce el consumo frente al funcionamiento estándar, el modo AUTO ajusta automáticamente la potencia según la temperatura de la habitación y el modo SLEEP resulta especialmente útil por la noche, cuando no hace falta mantener el mismo nivel de refrigeración durante horas. Además, programar el encendido nos permite ajustar mejor los horarios, y limpiar los filtros antes de los meses de más calor mejora el rendimiento y evita consumos innecesarios. 

Los ventiladores también tienen mucho más sentido de lo que parece. Consumen bastante menos energía y ayudan a repartir mejor el aire fresco, así que pueden convertirse en un buen apoyo para reducir el tiempo de uso del aire acondicionado.

El frigorífico y los consumos silenciosos

Aunque el aire acondicionado se lleva toda la atención, no es el único aparato que aumenta el consumo durante el verano. La nevera, por ejemplo, trabaja más precisamente cuando hace más calor fuera.

Abrirla constantemente, meter bebidas sin enfriar o introducir comida caliente obliga al compresor a activarse continuamente para mantener la temperatura interior. Por eso conviene ajustar bien el frigorífico (entre 4 y 6 grados suele ser suficiente) y evitar abrir la puerta más tiempo del necesario.

También merece la pena revisar algo tan sencillo como el estado de las gomas de cierre o el espacio que dejamos detrás del electrodoméstico para que ventile correctamente. Y ojo con los modelos que acumulan escarcha, porque el hielo hace que el aparato necesite más energía para funcionar.

Más desapercibido todavía pasa el llamado consumo fantasma. Televisores en stand by, consolas conectadas, cargadores enchufados todo el día o routers funcionando permanentemente siguen consumiendo aunque no los estemos usando. Son pequeños gastos silenciosos que, sumados, terminan teniendo impacto en la factura. Por lo que las regletas con interruptor o los enchufes inteligentes ayudan bastante.

Cuando el ahorro depende más del hábito que del electrodoméstico

No siempre hace falta cambiar todos los aparatos de casa para empezar a notar el ahorro. En muchos casos, la diferencia está simplemente en cómo los utilizamos.

La lavadora y el lavavajillas son dos buenos ejemplos. Ponerlos solo cuando están llenos y utilizar programas ECO permite reducir tanto el consumo eléctrico como el de agua. Y en la lavadora hay otro detalle importante: gran parte de la energía se destina a calentar el agua, así que lavar a 30º, y no a más, puede marcar bastante diferencia a final de mes.

Con la iluminación ocurre algo parecido. Cambiar las bombillas que todavía no sean LED es una de las mejoras más sencillas y más agradecidas. Consumen menos, duran mucho más y además generan menos calor, algo que también se nota en verano.

Al final, los pequeños ajustes cotidianos funcionan. Secar la ropa al aire libre en lugar de usar secadora, aprovechar la luz natural o ventilar la casa temprano antes de que suba la temperatura son gestos simples, pero bastante efectivos.

La factura: lo que controlamos y lo que no

Una de las sensaciones más habituales con la factura de la luz es pensar que todo depende del precio de la energía y que poco podemos hacer nosotros. Pero no es exactamente así.

Hay una parte del recibo que sí depende directamente de nuestros hábitos: la energía que consumimos, la potencia contratada o incluso las horas en las que usamos algunos electrodomésticos si tenemos discriminación horaria.

La potencia contratada, por ejemplo, es un coste fijo que pagamos consumamos mucho o poco. Y en algunas viviendas está sobredimensionada sin necesidad. Si nunca “saltan los plomos”, quizá tenga sentido revisar si realmente necesitamos tanta potencia contratada. Del mismo modo, también podemos fijarnos en los horarios de consumo en determinadas tarifas.

Revisión de la factura de la luz.

Eso sí, hay otros conceptos que apenas dependen del usuario, como los impuestos, los peajes regulados o el alquiler del contador. Y en las tarifas indexadas al mercado también influye la propia evolución del precio de la electricidad.

Por eso, más que obsesionarnos con reducir el consumo a cualquier precio, una de las claves suele estar en entender mejor cómo usamos la energía en casa. Porque muchas veces el ahorro no llega por dejar de usar cosas, sino simplemente por utilizarlas de una forma más eficiente y más inteligente. Y otra de las claves es medir. Hoy existen herramientas para poder tener un control de todo tu consumo eléctrico, como es, por ejemplo, Infoenergía y con la información que recopila, te da consejos prácticos y personalizados. Los clientes de Endesa que la usan ahorran de media un 10% más que los que no. Una decisión que sí depende de ti.

Además de esta herramienta de asesoramiento, Endesa ha puesto en marcha el programa de puntos Para Ti. El esquema es similar al de otros programas de fidelización: el usuario acumula puntos que puede canjear por descuentos directos en las facturas de luz y gas o por promociones en empresas colaboradoras, con un techo potencial de ahorro de hasta 100 euros al año en función del uso que haga del programa.

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