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Un paraguas contra el sol, el fenómeno que se extiende por España: “La sombra viene conmigo”

Los paraguas no están regulados como equipos de protección individual.

Guillermo Martínez

25 de junio de 2026 21:57 h

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Cada vez son más y en más lugares quienes caminan bajo un paraguas en plena ola de calor. La típica imagen de turistas orientales paseando por el sur de Europa con parasoles para protegerse de los rayos del sol ha comenzado a extenderse entre la población tanto foránea como local. El fenómeno, por el momento, cala mucho más entre las mujeres que entre los hombres y, sobre todo, entre aquellas personas de mediana edad. Los expertos indican que es algo que irá a más y los usuarios defienden con fervor el uso del paraguas como resguardo del sol. “Cuando paseo siempre busco la sombra y ahora la sombra viene conmigo”, dice Leticia Sanz.

Ella tiene 41 años y vive en Madrid. Comenzó a utilizar el paraguas hace unos dos años, en su segundo viaje a Japón, cuando vio que allí era algo normal. “A mí me da igual que me miren por la calle. Estamos en una ciudad tan grande que ves cosas mucho más raras que una persona llevando un parasol”, comenta. Leticia ha decidido apostar por una sombrilla preparada para esta función. Es un paraguas plegable normal, que también le protege del agua, de color crema por fuera y negro por dentro, donde tiene una especie de tela que bloquea aún más los rayos del sol. 

Hace unos días, este era el tema de conversación en su trabajo. “Había gente que decía que le daba vergüenza”, apunta Sanz. Sin embargo, ella hace una lectura de clase: “Yo no tengo coche ni voy de la puerta de mi casa al trabajo con aire acondicionado. Yo utilizo el transporte público y también tengo que andar después. Quizá a la gente que no va andando a los sitios, sino en coche o taxi, esto le parecerá de gente lunática”.

Arancha se animó con el parasol el año pasado. Esta vecina de la capital, de 51 años, sostiene que “ha sido un antes y un después en mi vida”. Las miradas que recibía por la calle, tal y como ella las lee, son más de envidia que de extrañeza. “A mí me lo recomendó mi dermatólogo por mi tipo de piel, que la tengo muy clara y a nada ya me achicharro. Desde entonces, lo uso siempre”, destaca.

Diana Ferreiro conoce bien esto de los parasoles. Ella es cubana, tiene 36 años y desde siempre ha utilizado las sombrillas para protegerse del sol. “Empecé por imitación. Se lo vi a mi madre, a mi abuela, a mis tías…”, menciona. Asentada ahora en Madrid, comenta que este verano ya ha visto a varias personas utilizándolas por su barrio, Orcasur. “En verano no salgo mucho a la calle en las horas de más calor y uso el transporte público, así que no me hace demasiada falta, pero sí que lo llevo porque es una protección más completa y cómoda”, expresa. 

De hecho, Ferreiro utiliza un paraguas normal como sombrilla, y lo prefiere frente al protector solar, que ve como algo pegajoso. Sin embargo, los dermatólogos aseguran que el uso del parasol no debe sustituir a la crema, ya que sus beneficios son mucho mayores.

Hay otras mujeres que dicen que ya tienen una edad para estar con estas cosas, pero a mí me la refanfinfla todo

Yolanda Gómez, asentada en un pueblo de la provincia de Burgos, sale a andar por el campo casi todos los días. Ella sí que se decanta por la crema solar con la que protege su cuerpo antes de las caminatas. A sus 64 años, comenzó a utilizar un paraguas normal como complemento de protección a los rayos del sol. Una tarde se encontró con una amiga, quien le habló de los parasoles específicos con factor de protección ultravioleta incorporado (UPF) y le regaló uno. “Hay otras mujeres que dicen que ya tienen una edad para estar con estas cosas, pero a mí me la refanfinfla todo”, dice con seguridad.

Los hombres también se cuidan

Tanto ella como las demás entrevistadas son conscientes de que la mayoría de las personas que se decantan por el uso de parasoles son mujeres. Según dilucidan, se puede deber a que ellas siempre han cuidado más su salud y al componente de la vergüenza de ir por la calle con un paraguas aunque no llueva. De todas formas, hay honrosas excepciones, como la de Miguel Ángel, quien vive en Barcelona y tiene 36 años. Empezó con el parasol en 2024: “A mí no me importa que se fijen en mí por la calle. Primero va el parasol y el beneficio que me aporta y luego lo que la gente pueda pensar”.

Varias personas se protegen del sol mientras esperan en una plaza de Madrid.

El parasol de Miguel Ángel procede de una gran plataforma digital de comercio y le ha costado unos 11 euros. “Soy parte del colectivo LGTBI y me importa poco lo que puedan decir de mí, ya estoy algo acostumbrado. Si hay hombres hetero que ven mal usar un paraguas contra el sol es por su falta de formación e información”, reitera.

Me acuerdo de estar en Alicante, en una zona que hacía muchísimo calor, todo el mundo sofocado menos yo. Las miradas eran un poco como de qué listo había sido

Cisco Millán es otro hombre que utiliza el parasol debido a su piel delicada desde hace cinco años. Hay un trayecto de su casa al trabajo de un cuarto de hora donde el sol pega bastante, y es ahí donde desenfunda su paraguas de lluvia. “Me acuerdo de estar en Alicante, en una zona que hacía muchísimo calor, todo el mundo sofocado menos yo. Las miradas eran un poco como de qué listo había sido”, confiesa este madrileño de 39 años.

Los mejores parasoles, con UPF

En Granada está Lola Asenjo, de 68 años: “Ya llevo con el paraguas que tengo al menos tres o cuatro años. Lo abro aunque sea para andar 20 metros”. Es un paraguas normal que protege de la lluvia que adquirió en un bazar. “Mis sobrinas me han dicho que no querían venir a mi lado, que les daba mucha vergüenza, que era muy cantoso. A mí me parece algo absurdo”, añade. Es lo mismo que piensa su suegra, que utiliza un parasol con UPF recomendado por su dermatólogo tras sufrir una lesión en la cabeza.

Me hacía gracia porque mis amigos decían que era una señora. Se ríen de broma, pero al final terminan metiéndose debajo del paraguas conmigo

Irene Rodríguez habla desde Murcia. Esta joven de 30 años utiliza el paraguas contra el sol desde hace un lustro. Tras sufrir un golpe de calor utilizando un paraguas de lluvia, se compró un parasol preparado para los rayos del sol. “Me hacía gracia porque mis amigos decían que era una señora. Se ríen de broma, pero al final terminan metiéndose debajo del paraguas conmigo”, apunta.

La realidad de Andrés Catama es algo diferente. Con una hija de seis meses, no le pueden poner crema y deben evitar que le dé el sol. “Compramos una sombrilla que se adapta al cochecito del bebé y básicamente le cubre entera. No es la solución perfecta pero sí es práctica para reducir la exposición directa”, esgrime este residente en Madrid, de 39 años, que reconoce haber comprado la sombrilla en una plataforma de comercio online.

El parasol únicamente como complemento

La ciencia ya ha estudiado hasta qué punto un parasol puede ser efectivo contra la nocividad de los rayos del sol. Elena Godoy, integrante de la Academia Española de Dermatología y Venerología, recalca que la principal herramienta contra el sol es la sombra y la ropa. En este sentido, las sombrillas actuarían como un textil más, lo que en ningún caso significa que su uso puede sustituir al de la crema solar.

Los expertos indican que es algo que irá a más y los usuarios defienden con fervor el uso del paraguas como resguardo del sol.

Varios motivos son los que sustentan este postulado. Por ejemplo, el parasol no elimina la radicación indirecta que rebota de muchas superficies, como la arena, la hierba o el asfalto. Este estudio señala que el 34 % de la radiación horizontal no es interceptada por la sombrilla.

Por otro lado, también se ha evaluado la capacidad de protección de la crema frente a las sombrillas. Esta investigación con más de 80 participantes obtuvo resultados reveladores: el grupo del paraguas presentó 142 quemaduras solares mientras que en el grupo del protector solar la cifra se redujo a 17. Además, 32 de los 41 participantes (78 %) del grupo del paraguas mostraron eritemas en una o más zonas, un número muy elevado en comparación con el grupo del protector solar, donde diez de 40 participantes (25 %) presentó eritema.

Los colores claros nos dan sensación de frescor, pero no nos protegen tan bien como los oscuros, que absorben más radiación solar

Godoy, también responsable nacional de coordinadores de la campaña Euromelanoma de la Fundación Piel Sana, recalca que otro factor a tener en cuenta es el color del paraguas. “Los colores claros nos dan sensación de frescor, pero no nos protegen tan bien como los oscuros, que absorben más radiación solar”, explica. Asimismo, el grosor del tejido es crucial. A cuanto mayor grosor, mayor protección.

Esta dermatóloga que presta servicio en Salamanca y Zamora recuerda que, a diferente de lo que sucede con la ropa o las gafas de sol, los paraguas no están regulados como equipos de protección individual. Es decir, ninguna marca puede engañar al comprador dándole a entender que su producto tiene una protección que no es tal, pero tampoco tienen la obligación de incorporar protección específica alguna. Es algo con lo que hay que tener cuidado, subraya la especialista, quien finaliza: “Los paraguas se empezarán a popularizar en mayor o menor medida. En la consulta cada vez preguntan más por ellos”.

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