Una crítica despiadada, un rugido ensordecedor y otros típicos tópicos (valga la redundancia)
Estoy leyendo La guerra contra el cliché, una recopilación de críticas literarias publicadas por Martín Amis que me regaló hace unas semanas mi amigo Nico (gracias). Este escritor inglés, uno de mis preferidos, es tan egocéntrico que hace unos años, a los cincuenta y pocos, se atrevió a publicar su autobiografía; un libro tamaño XL titulado con cualquier cosa menos modestia: Experiencia. Amis es tan soberbio como brillante y divertido. Por eso el trabajo de descuartizar obras ajenas le sienta tan bien. Tecleo y pego uno de los párrafos más sádicos del libro, un fragmento de la crítica que le dedica a la segunda parte de la novela Parque Jurásico de Michael Crichton.
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Cuando abres El mundo perdido, entras en un extraño terreno de capítulos de una sola página, párrafos de una sola frase y frases de una sola palabra. Hay que aguzar la vista para ver más allá del espeso dosel de material de relleno que ha puesto el autor. Estamos en la selva, y las selvas son «calurosas» y, a veces, «muy calurosas». «Malcom se secó la frente. “Hace calor aquí”, dijo». «Levine asintió: “Sí, hace calor”». Treinta páginas más adelante sigue haciendo calor. «“¡Uf, qué calor hace”, exclamó Eddie». Y Levine vuelve a asentir: «“Sí”, dijo Levine, y se encogió de hombros». A lo lejos, más allá del follaje, ves manadas de clichés que campan a sus anchas. Oirás un «grito inhumano» o un «rugido ensordecedor» y guardarás un «asombrado silencio». Las aves de rapiña son «rapaces». Los reptiles «reptan». El dolor es «quemante».
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La tarea de caracterización de los personajes ha sido delegada en dos o tres adjetivos bastante manidos. «Dodgson meneó la cabeza, irritado». «“Qué hay que hacer”, preguntó Dodgson, irritado». Así pues, Dodgson es irritable. Pero: «“¡Te digo que va bien”, exclamó Levine, irritado.» De modo que Levine es también irritable. «Malcom miró al frente, desalentado.» «“No debimos traer a los niños”, dijo Malcom, desalentado». Da la impresión de que Malcom tiene la exclusiva del desaliento; pero al poco te sientes irritado porque Rossiter también está «desalentado», y descubres, desalentado, que Malcom se muestra asimismo «irritado». Olvidémonos por ahora de «tenso» y «desconsolado». Y no hagan que me ponga «meditabundo».
Al cabo de un rato empiezas a darte cuenta de que esta prosa procede de otro medio:
«Levine cogió la funda con la pistola Lindstradt pavonada y se la ató alrededor de la cintura. Sacó el arma, comprobó dos veces el seguro y la volvió a guardar. Se puso de pie y le hizo un gesto a Diego para que lo siguiera. Diego cerró la cremallera de la mochila y se la volvió a colgar a la espalda.»
Pongan estas frases en presente de indicativo y comprenderán qué son: indicaciones para el rodaje de la película.
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Si les ha gustado, no se pierdan el genial artículo sobre la industria del porno que publicó hace dos años en The Guardian: Pussies are bullshit.
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