¿Privacidad o seguridad?
Antes de los atentados del 11-S, cuando los servicios de inteligencia estadounidenses querían impresionar a un senador le mostraban las grabaciones telefónicas de Osama Bin Laden hablando con su madre. Toda esta espectacular tecnología de escucha no sirvió de mucho.
Bin Laden descolgaba el teléfono para conversar con su familia. Pero cuando se trataba de organizar un atentado, el líder de Al Qaeda no usaba alegremente su móvil: enviaba a un emisario.
La policía no es tonta, pero los terroristas tampoco lo son.