¿Telebasura? No: radiobasura
La telebasura ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. Si alguien piensa que, tras cerrar el Tomate, Telecinco va a emitir documentales de animales, que caiga del guindo. Con todo, el concepto de telebasura es una etiqueta algo injusta y en constante redefinición. Hace 20 años, Falcon Crest era considerado telebasura y hoy no escandalizaría ni a la asociación de telespectadores más pacata. Además, ninguno de los excesos del Tomate, que han sido muchos, le llega a la altura del zapato a la auténtica inmundicia de algunos medios: la prensabasura, la radiobasura.
Periodismo ficción
Hasta en el amarillismo hay grados. No es lo mismo bromear con chismes sobre folclóricas que presentar como prensa seria una conspiración sobre el 11-M en la que sólo faltó Elvis. Lo segundo es más grave, pues la mentira es doble, en la forma y en el fondo. Y mucho más dañina. Cuando la radio de los obispos llama asesinos a los médicos de Leganés y no rectifica ni siquiera después de que la Justicia los absuelve, hablar de simple manipulación es generoso. No se interpreta la realidad: directamente se reinventa.
Al servicio de Esperanza Aguirre
La conspiración no es casual, tiene su motor en la Comunidad de Madrid. Y se aprovecha de dos debilidades de la sociedad: la falta de memoria y la impunidad. El doctor Montes ha denunciado a la COPE, donde le acusaron de 400 asesinatos. Si gana, será indemnizado como mucho con 300.000 euros. Me parece poco. Pero, al menos, podrá ser compensado. ¿Y el daño a la convivencia? ¿Y los miles de enfermos terminales que han sufrido en sus carnes la campaña contra la medicina del dolor? A esos, ¿quién los indemniza?
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La presunción de inocencia según Juan José Güemes, consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid (y yerno de Carlos Fabra): “Que no haya podido probarse no excluye que hubiera mala praxis”. Con las mismas: que no haya podido probarse no excluye que Güemes sea un corrupto.