ENTREVISTA Autor de 'A propósito de Ferlosio'

Carlos Femenías, filólogo: “El Jarama se leyó como una novela antifranquista”

Santiago Torrado

Menorca —
21 de diciembre de 2022 23:14 h

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Carlos Femenías es doctor en filología hispánica y acaba de publicar su primer libro donde aborda la obra del escritor Rafael Sánchez Ferlosio (Roma, 1927-Madrid, 2019), premio Cervantes en 2004 y Premio Nacional de las Letras Españolas en 2009. A propósito de Ferlosio es un ensayo de interpretación cultural que busca aproximarse a la figura compleja y escurridiza de quien fuera el novelista más joven y brillante de la primera posguerra, luego un ensayista de pluma despiadada y un eterno crítico del poder y las instituciones.

Este jueves, Femenías presentará el libro en el Ateneo de su Maó (Menorca) natal. elDiario.es dialoga con él a propósito de su ópera prima.

¿Cómo surgió la idea de escribir un libro sobre Rafael Sánchez Ferlosio?

A mí siempre me atrajo su figura. Por un lado, fue una persona con una vida larga, murió con más de 90 años, una vida que cubre importantes períodos históricos y momentos de grandes transformaciones. Por otro lado, él concretamente siempre fue un raro, alguien que podía ser incluso extravagante, pero sobre todo era un personaje respetadísimo. Me interesaba pensar en cómo narrar esas etapas históricas a través de él y su vida, con Ferlosio como centro. Mi fantasía con este libro es mostrar cómo una época, un horizonte ideológico, tienen incidencia en los textos que se producen, concretamente en los de este autor.

Además, la familia Sánchez-Ferlosio expresaba con claridad las tensiones ideológicas e intelectuales de la época ¿Qué ve ahí?

Claro. Esos apellidos, esa noción de clan también me interesa mucho. Se puede narrar a Ferlosio por sí mismo, que es lo que se ha hecho en general, en parte por respeto a su obra, pero también se ha hecho por todas las implicaciones incómodas que tiene explicar de dónde viene. En el libro yo le doy mucha importancia a su origen. El era hijo de uno de los más altos cargos e históricos dirigentes de Falange, alguien que fue corresponsal del diario ABC en Roma durante el auge del fascismo, lugar donde incluso nació Rafael. 

La casa de los Sánchez-Mazas Ferlosio era un lugar de pura intelectualidad fascista, no franquista, porque con el franquismo tienen visiones incluso contrapuestas que con el tiempo serán irreconciliables. José Antonio Primo de Rivera estuvo en esa casa, jugó con esos niños. Con todo eso, era una casa donde había muchos libros, donde había viajes, donde había idiomas. Un espacio privilegiado de acceso a la cultura de pura élite vencedora de la guerra.

Primo de Rivera estuvo en la casa de los Ferlosio y jugó con esos niños. Era un sitio donde había muchos libros, donde había viajes, donde había idiomas. Un espacio privilegiado de acceso a la cultura de pura élite vencedora de la guerra

Usted señala una primera ruptura de Rafael con el franquismo en un texto llamado De la paciencia. ¿Qué pasa en ese texto y en ese momento?

Lo que pasa en ese momento es que hay una batalla generacional. Pensemos que buena parte de la cultura política de principios del siglo XX en toda Europa es una exaltación de la juventud como centro. Un discurso que ubica la idea de la juventud como motor de la historia, como depositaria del pulso histórico. Esa generación es a la que Ferlosio ingresa desde un lugar privilegiado, es la que se siente llamada a tener posiciones de mando, la que se organiza para ser el relevo generacional y realizar lo que llamaban “la revolución pendiente”, es decir, la implantación del “verdadero fascismo” en España en una crítica velada o a veces abierta al régimen.

Hay algo interesante en esta etapa que tiene que ver con que muchos de estos jóvenes fascistas que se sienten frustrados con el franquismo van a pasar luego a engrosar las filas del Partido Comunista. Es lo que Javier Pradera (que además era cuñado de Ferlosio) llama la inversión totalitaria.

Muchos jóvenes fascistas se sentían frustrados con el franquismo y pasaron a engrosar las filas del Partido Comunista. Es lo que Javier Pradera (que además era cuñado de Ferlosio) llama la inversión totalitaria

Hacia mediados de los 50, muchos de estos jóvenes intelectuales están produciendo literatura política con críticas duras al régimen. Entonces Ferlosio escribe un cuento rarísimo llamado Niño Fuerte donde retoma esta idea de la juventud y donde cuenta la historia de un lugar donde todos esperan la llegada de un mesías fuerte, portador de la verdad revelada y lo que aparece es una criatura débil, enfermiza. Un fiasco. 

Mientras se procesa esta crisis ideológica aparece la primera novela de Ferlosio, El Alfanhuí ¿Es esa una elección por la literatura antes que por la política?

Yo no lo separaría en esos términos. Al fin y al cabo su propuesta estética en ese libro tiene una sustancia política. Esa idea de construir un nuevo mundo antiguo, que retoma también Dionisio Ridruejo y que se remonta a antes de la guerra. La generación del 27, [Rafael] Alberti, [Antonio] Machado, ya trabajaban con la recuperación de la canción popular, la picaresca, el uso de antiguas formas métricas. Es una idea de vanguardia novedosa que viene a recuperar una grandeza pasada. Una propuesta estética tradicionalista, pero que utiliza formas problemáticas, ambiguas, confusas y nuevas, que busca experimentar. En ese caldo de cultivo aparece El Alfanhuí que yo propongo leer conjuntamente con el libro. 

Si El Alfanhuí es de alguna manera un libro que oficia como ritual de paso, ¿El Jarama es una novela antifranquista?

Yo creo que sí o, al menos, se leyó así. Fue la gran novela que la generación frustrada de Ferlosio estaba esperando. De hecho algo sintomático es que buena parte de la intelectualidad franquista reacciona muy positivamente a El Alfanhuí y muy negativamente a El Jarama. Del otro lado de la frontera ideológica hay quienes en el Partido Comunista elogian la obra. Pensemos que para entonces el PCE comienza a hablar de reconciliación nacional, de frentes amplios democráticos y de abandonar la beligerancia.

Tampoco quiero reducir la obra. Creo que sí funcionó como una obra antifranquista, pero también es una arremetida contra su generación y contra el proceso de reconciliación y olvido que luego se hará realidad durante la transición, pero cuya prosa ya comienza a girar en esta época. Arremete contra la reconciliación porque pretende dejar de lado la reparación. El Jarama tiene mucho de subrayado. Es un cadáver que molesta, que está aguando la fiesta.

El Jarama funcionó como una obra antifranquista, pero también es una arremetida contra la generación de Ferlosio y contra el proceso de reconciliación y olvido que luego se hará realidad durante la transición

Era decididamente una figura incómoda. ¿Dónde lo situaría ideológicamente?

Definitivamente, tiene muy mal acomodo en el tablero ideológico. Yo creo que, con los años, lo que se va acentuando es su papel de conciencia crítica que además se irá radicalizando con el tiempo. Lo hace incluso neuróticamente, siempre con miedo de estar haciéndole el juego aunque sea inconscientemente a alguien. Incluso en la decadencia del franquismo no se entusiasma con la transición, aunque sí apuesta firmemente por la democracia, que entiende como un régimen de garantías. Sus ataques posteriores van contra quienes estando dentro de las instituciones las degradan o se saltan las leyes a la torera. Cuando gana el PSOE de González lo primero que escribe es una advertencia, un aviso para aclarar que la holgada mayoría absoluta no era un cheque en blanco para hacer y deshacer. En el fondo, creo que adopta el rol de consejero.