Bajos salarios, ansiedad y alquileres que devoran sueldos: solo uno de cada tres jóvenes logra independizarse en Balears

Esther Ballesteros

Mallorca —
9 de febrero de 2026 16:18 h

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La emancipación juvenil se ha convertido en una excepción en Balears. Solo el 15,3 % de los jóvenes de entre 16 y 29 años vive fuera del hogar familiar y, en la franja clave de 25 a 29 años, apenas uno de cada tres logra independizarse, tal como constata el Anuario de la Juventud de las Illes Balears 2025, que dibuja un escenario marcado por bajos salarios, precarización laboral y un mercado de la vivienda que actúa como principal muro de contención.

El informe, elaborado por el Observatori de la Joventut de les Illes Balears (OJIB) y el Consell de la Joventut de les Illes Balears (CJIB), incorpora por primera vez un análisis específico sobre salud mental que refuerza la lectura estructural del problema: según el estudio, los jóvenes de las islas tienen una peor salud mental que los del resto del país y sufren más depresión, ansiedad y malestar psicológico por el encarecimiento de la vivienda, la precarización laboral y la presión que la turistificación ejerce sobre la emergencia residencial.

De acuerdo al informe, el coste del alquiler absorbe de media el 59 % de los ingresos de un hogar joven y equivale al 135,9 % del salario de una sola persona. En la práctica, el salario juvenil solo permite acceder a una vivienda de 18 metros cuadrados en el mercado libre, una cifra que resume el grado de asfixia habitacional al que se enfrenta la juventud balear. Comprar tampoco es una alternativa realista: adquirir una vivienda nueva supone el equivalente a 22,1 años de sueldo juvenil y, para que un joven pueda destinar el 30 % del sueldo a una hipoteca, sería necesario ingresar 5.440 euros netos mensuales, una cifra que el propio anuario califica de “totalmente alejada de la realidad salarial”.

Pese a todo ello, el régimen mayoritario entre la juventud emancipada sigue siendo el alquiler a precio de mercado (45,7 %), muy por delante de la propiedad con hipoteca (16,9 %) o del alquiler por debajo del precio de mercado (14,7 %).

En el archipiélago residen actualmente 197.500 jóvenes, pero únicamente 30.285 están emancipados. Entre quienes tienen entre 25 y 29 años -un grupo formado por 77.156 personas-, la tasa de emancipación se sitúa en el 33,2 %. La brecha de género es leve pero persistente: el 13,4 % de los hombres vive fuera del hogar familiar frente al 17,4 % de las mujeres.

Las diferencias se acentúan cuando se atiende al lugar de nacimiento. Solo el 8,4 % de los jóvenes nacidos en las islas de entre 25 y 29 años está emancipado, frente al 26,8 % de quienes proceden de otras comunidades autónomas y el 27,2 % de los nacidos en el extranjero. Un dato que apunta a una realidad conocida en las islas: quienes llegan con empleo ya asegurado o con mayor capacidad económica tienen más opciones de acceder a una vivienda, mientras que la juventud local queda atrapada en un mercado cada vez más inaccesible.

El anuario señala que la combinación de precarización laboral y encarecimiento de la vivienda “convierte la autonomía en un privilegio”. Estudiar ya no garantiza un empleo digno y trabajar no asegura poder salir de esta situación, una constatación que conecta directamente con el modelo económico de Balears, fuertemente dependiente del turismo y caracterizado por la temporalidad y los bajos salarios.

“El alquiler es prohibitivo, la compra es una quimera y el parque público de vivienda es insuficiente”, resume uno de los artículos del anuario, que advierte de que la emancipación ha dejado de ser una etapa natural del ciclo vital para convertirse en un privilegio reservado a quienes cuentan con recursos suficientes o circunstancias excepcionales. El resultado es una juventud abocada a prolongar la convivencia familiar o a asumir situaciones de inestabilidad habitacional.

En la “sala de espera” de la vida adulta

Ante este panorama, el Consell de la Joventut reclama medidas urgentes: regular el precio del alquiler, ampliar de forma decidida el parque público de vivienda y reservar una parte para jóvenes, reconvertir espacios en vivienda social y reducir los impuestos vinculados a la primera vivienda. “La juventud no quiere vivir eternamente en la sala de espera de la vida adulta”, subrayan, exigiendo “vivienda digna, trabajos estables y oportunidades reales, ahora”.

El Anuario de la Juventud de las Illes Balears 2025, presentado este lunes por la doctora Belén Pascual (UIB), la directora del OJIB, Assumpta Mas, y el doctor Carles Feixa, reúne 19 artículos. Uno de ellos, titulado Más jóvenes en riesgo de pobreza que jóvenes emancipados, recuerda que el 19,1 % de las personas de entre 16 y 24 años se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión, así como el 7,5 % de los jóvenes que trabajan.

Se trata de un contexto de precarización habitacional y laboral que tiene un impacto directo en el bienestar psicológico. El informe sobre salud mental alerta de que el 13,3 % de la juventud balear sufre ansiedad crónica, más del doble que la media estatal, situada en el 6,2 %. La depresión también presenta cifras más elevadas que en el conjunto del país, tanto entre la población de 15 a 29 años como entre los mayores de 30.

Más allá de los diagnósticos clínicos, el estudio subraya el malestar generalizado de una generación que percibe su situación como crítica. Solo un 0,5 % de las personas jóvenes considera que la situación del colectivo es muy buena y apenas un 3,5 % la califica de buena. En cambio, más de un tercio la define como mala o muy mala, y solo el 34 % confía en vivir mejor que sus progenitores.

Según el Anuario, estas percepciones están profundamente arraigadas en realidades socioeconómicas específicas de Baleares, entre las que destacan la especulación inmobiliaria, la presión turística sobre el mercado residencial y la precariedad laboral derivada de la dependencia del sector turístico y la temporalidad de los contratos. “Cuando las dificultades para acceder a una vivienda digna se combinan con la falta de ingresos estables, la juventud balear queda atrapada en un círculo de vulnerabilidad estructural que dificulta tanto la autonomía como la construcción de proyectos de vida con garantías”, advierte el informe.

Ante este escenario, el Consell de la Joventut insiste en que la salud mental juvenil no puede abordarse únicamente desde una perspectiva clínica. Reclama políticas públicas integrales que amplíen la atención sanitaria, pero que también garanticen vivienda asequible, empleo digno, igualdad de género y espacios reales de participación. Sin un giro estructural, concluye el Anuario, la vivienda seguirá siendo no solo un problema habitacional, sino uno de los principales factores de desgaste psicológico y desigualdad generacional en Balears.