El adiós de Novaya Gazeta deja tocado de muerte al periodismo independiente en Rusia
“Nos han matado”. Así arrancaba el comunicado con el que la redacción de Novaya Gazeta, el último gran diario opositor con presencia en Rusia, anunciaba su cierre este lunes, 9 de noviembre. La dirección del periódico no ha encontrado otra salida al recrudecimiento de la persecución de las autoridades al medio y se ha despedido con palabras muy duras contra un Estado al que acusan de haber “traicionado la Constitución” y de haber hecho que la vida humana “haya perdido el sentido y haya dejado de tener valor”.
Quedan atrás 33 años de un diario caracterizado por la denuncia de la corrupción de las altas esferas del poder, los abusos de las fuerzas de seguridad y las violaciones de los derechos humanos en Rusia. Desaparece también el despacho convertido en museo de Anna Politkóvskaya, asesinada hace ahora 20 años y erigida en símbolo del periodismo libre.
Para las decenas de publicaciones rusas en el exilio, se marcha un referente que abrió camino y nutrió muchas de sus redacciones. Al mismo tiempo, temen que esto signifique que los servicios secretos han recibido “luz verde” para “rematar el periodismo independiente”.
El cierre es uno de los últimos repiques de campana fúnebre que despiden al periodismo independiente en Rusia
Actualmente, estos medios resisten en el extranjero pese a la presión del Kremlin, los problemas económicos y los bloqueos de Internet, que dificultan el acceso de los ciudadanos a sus contenidos. Y, aunque no pueden competir con los recursos de la prensa estatal, defienden que su mera supervivencia es fundamental para garantizar otra visión de Rusia.
El “asesinato” de un símbolo
Los trabajadores de Novaya Gazeta están convencidos de que son víctimas de una “operación coordinada” del “aparato represivo del Estado”. La muerte del diario ha sido lenta. Empezó en 2022, con la invasión de Ucrania, cuando tuvieron que renunciar a la edición en papel al impedirles imprimir el periódico por cualquier medio.
Les restringieron todos los recursos de Internet, los eliminaron del registro de medios de comunicación, declararon a sus periodistas “agentes extranjeros” y comenzaron a perseguirlos judicialmente. A día de hoy, su jefe de redacción, Oleg Rodulguin, espera juicio bajo arresto domiciliario, acusado de haber obtenido datos privados de ciudadanos, en un caso que sus compañeros describen como un montaje.
Después de sufrir registros en la redacción y en el domicilio de su director, Serguéi Sokolov, el episodio que los llevó a tomar la decisión de detener sus actividades fue la irrupción, hace dos semanas y de madrugada, de unos desconocidos en la sede del diario. Ante el temor de que la justicia los designara como una “organización extremista” y pusiera en peligro la seguridad de sus trabajadores, optaron por bajar la persiana. Paralelamente, las autoridades les comunicaron el desahucio de sus oficinas y les desconectaron la plataforma de donaciones que les permitía recibir aportaciones económicas de sus lectores.
A partir del inicio de la guerra, los empleados de Novaya Gazeta también han venido sufriendo persecución física. En abril de 2022, su histórico director, Dmitri Murátov, galardonado con el Nobel de la Paz unos meses antes, fue víctima de un ataque con pintura que estuvo a punto de dejarlo ciego. Y en Chechenia secuestraron y apalearon casi hasta la muerte a una de sus colaboradoras, Yelena Miláshina.
Desde su fundación en 1993 gracias al apoyo económico de Mijaíl Gorbachov, seis de sus trabajadores han sido asesinados por hacer su trabajo. “Esta no es solo nuestra historia particular. Es la historia de un país y de una sociedad a los que están rematando de la misma manera”, afirma el comunicado del diario. “Prácticamente, han construido una dictadura militar —añaden—. Dicen que defienden el orden constitucional. No. Este es un régimen anticonstitucional. Porque la Constitución ha sido violada, apaleada y, con la boca tapada con cinta adhesiva, encarcelada tras una condena larguísima. Igual que miles de ciudadanos de su propio país que simplemente se han limitado a seguir sus artículos”.
En declaraciones a elDiario.es, el periodista exiliado Dmitri Kolezev asegura que el adiós de Novaya Gazeta es “uno de los últimos repiques de campana fúnebre que despiden al periodismo independiente en Rusia”. Cree que era “un símbolo de que todavía quedaba algún espacio para los medios independientes en la Rusia de Putin” y que ese espacio ahora “se ha reducido hasta un mínimo crítico”.
También lo interpreta como “una señal muy clara” para los periodistas “valientes y temerarios” que siguen informando desde dentro del país: trabajar allí “es ahora todavía más peligroso” y los servicios de seguridad han recibido carta blanca para liquidar el periodismo opositor.
Según explica a este diario Alesia Sokolova, periodista de Novaya Gazeta Europa, el medio que fundaron en 2022 algunos trabajadores de Novaya Gazeta en el exilio, el cierre “es importante sobre todo por su significado simbólico” y porque “desempeñó un papel fundamental y, probablemente, muchos otros medios independientes no existirían” si sus profesionales no hubieran empezado a trabajar allí.
Al mismo tiempo, no prevé que vaya a tener un impacto “demasiado importante” en el panorama de la prensa alternativa rusa, ya que la gran mayoría de las publicaciones siguen informando desde el extranjero.
Desde el exilio, a pesar de todo
La gran oleada de nuevos medios en el exilio se produjo inmediatamente después del estallido de la guerra de Ucrania. Durante la década anterior, algunos periodistas y directivos habían abandonado Rusia por presiones editoriales y políticas, y habían fundado sus propios proyectos. Pero en febrero de 2022, la censura militar impuesta por Vladímir Putin y las sanciones por difundir noticias sobre la invasión supusieron la criminalización del periodismo independiente y precipitaron su huida.
Según un estudio del Centro para el Análisis de Políticas Europeas (CEPA), unos 1.500 periodistas abandonaron el país entonces y, actualmente, existen 131 proyectos mediáticos en Occidente.
Ahora bien, ni siquiera en el exilio los periodistas rusos están a salvo. “Por desgracia, la represión, las amenazas y las persecuciones continúan también en el extranjero”, lamenta Kolezev. Él mismo ha sido condenado a ocho años de prisión en ausencia y no puede salir de la Unión Europea por miedo a que lo detengan. “Tengo que ser prudente con mis desplazamientos y tomar medidas de seguridad”, comenta. A esto hay que añadir las presiones sobre los familiares que permanecen en Rusia.
La imposibilidad de trabajar sobre el terreno es uno de los grandes obstáculos para los medios independientes. Kolezev admite que el contacto telemático “ayuda”, pero “una conversación en persona siempre es mucho mejor”. Además, explica, resulta muy difícil “transmitir la atmósfera de un lugar”. “Ni siquiera los vídeos de muchas horas pueden sustituir el hecho de estar físicamente dentro del país”, argumenta.
Tanto él como Sokolova hablan de la “desconfianza” de la audiencia con los periodistas que han abandonado Rusia. Muchos de ellos son etiquetados como “agentes extranjeros” y sus cabeceras como “organizaciones indeseables”. Sokolova señala que esto provoca que algunas personas “dejen de confiar en ellos”, ya que “es muy difícil ignorar la propaganda”.
El Kremlin no solo acosa a los periodistas, sino que también pone trabas para que la población pueda acceder a sus contenidos. Para entrar en cualquier página web de un medio digital opositor, cada lector debe tener instalada en el móvil o en el ordenador una red VPN, un sistema que permite sortear la censura estatal. Además, muchos de estos medios dependen del tráfico procedente de Telegram y YouTube, plataformas que el Gobierno ruso también ha vetado.
No obstante, según Sokolova, el bloqueo de Telegram ha perjudicado más a los canales favorables al Kremlin que a los críticos. Así, se calcula que, con las restricciones, las visualizaciones de los perfiles opositores cayeron entre un 10% y un 15%, mientras que las de los oficialistas se desplomaron a la mitad.
Esto se explica porque el público de los medios independientes ya se había acostumbrado a utilizar una VPN para leerlos, mientras que la audiencia de los canales estatales, en su mayoría, no disponía de ellas.
En cualquier caso, la ventaja de los medios públicos o controlados por el Kremlin no radica únicamente en su presencia en Rusia y en la posibilidad de acceder a ellos libremente, sino también en la enorme financiación de la que disponen en comparación. Por ejemplo, en 2024, JX Fund llegó a la conclusión de que el presupuesto conjunto de 63 proyectos mediáticos en el exilio fue de unos 75 millones de euros, mientras que el gasto de la prensa estatal alcanzó los 1.250 millones de euros.
Kolezev señala que la imposibilidad de ganar dinero con publicidad, suscripciones y otras fórmulas habituales para los medios se traduce en “problemas financieros gravísimos”. “No puedes recaudar donaciones, no tienes patrocinadores en Rusia y tampoco puedes comprar espacios publicitarios para llegar al público ruso, porque ninguna empresa rusa querrá anunciarse en un medio declarado agente extranjero u organización indeseable”, añade Sokolova.
Por este motivo, la mayoría de estas publicaciones sobreviven gracias a subvenciones, sobre todo norteamericanas. Con el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, el año pasado, esto se convirtió en un problema cuando decidió congelar y posteriormente desmantelar buena parte de los mecanismos que sostenían a los medios en el exilio. Según el estudio del CEPA, la financiación estadounidense había llegado a representar el 40% del total para algunos de estos proyectos.
Esta crisis se tradujo en despidos en 18 de las 23 redacciones con las que contactaron los autores del informe. Esto, sumado a la presión de las autoridades, ha provocado una gran fuga de talento: periodistas independientes que han decidido abandonar la profesión o pasar a formar parte de los medios estatales. Una tendencia que, según pronostican, se mantendrá.
“Lo importante es seguir existiendo”
Los datos de The True Story, un agregador de noticias independiente, muestran que, en 2025, los proyectos de medios independientes representaron entre el 18% y el 20% de todas las fuentes de noticias originales en línea, mientras que los medios patrocinados por el Estado suministraron aproximadamente entre el 35% y el 40%, y el resto procedió de medios extranjeros.
El CEPA calcula que la audiencia habitual de los proyectos de la oposición oscila entre los 5,8 y los 8,4 millones de usuarios al mes. La llamada audiencia incidental puede alcanzar entre 10 y 16 millones mensuales y, durante acontecimientos extraordinarios, dispararse hasta los 17-25 millones. Unas cifras muy inferiores a las de los diarios, las radios y las televisiones afines al Kremlin.
“No creo que haya mucha gente con posturas neutrales que consuma esta información”, apunta Sokolova, en referencia al perfil militante que se presupone a los lectores de los medios independientes. Además, llegar a nuevos públicos es muy complicado porque los periodistas no pueden promocionar legalmente sus artículos, ni siquiera pedir a la audiencia que los comparta.
Otro reto para estas cabeceras es mantener o captar la atención de un público cansado de las noticias negativas. Un gestor citado en el estudio del CEPA comenta que la gente ya no tiene FOMO (Fear Of Missing Out, miedo a perderse algo), sino FOFO (Fear Of Finding Out, miedo a descubrir algo malo).
Sokolova reconoce que este puede ser un problema, pero que tiene difícil solución. “Cubrir las noticias negativas es, básicamente, la razón de ser de estos medios independientes. Su misión es informar sobre aquello que el Gobierno ruso no cuenta”, opina.
Al mismo tiempo, los análisis demuestran que en momentos de gran impacto, como la movilización del otoño de 2022, el motín de Yevgueni Prigozhin o el asesinato de Alekséi Navalni, la gente ha buscado en las publicaciones independientes las noticias que teme no encontrar en los medios tradicionales. “Los nuevos lectores llegan cuando pasa algo. Cuando la gente necesita esa información, acaba encontrándola”, explica la periodista.
Cubrir las noticias negativas es, básicamente, la razón de ser de estos medios independientes. Su misión es informar sobre aquello que el Gobierno ruso no cuenta
Según la investigación del CEPA, los medios independientes sirven como una especie de “anclaje epistémico” para los rusos demócratas y antibelicistas que todavía viven en Rusia. Es decir, les ofrecen la prueba diaria de que, aunque el régimen se esfuerce por convencerlos de que sus opiniones son marginales, hay otras personas que no comparten la narrativa oficial. En definitiva, les ayudan a “mantener una imagen coherente del mundo cuando el sistema que los rodea está diseñado para desmantelarla”.
Además, estos canales se convierten también en “socios de supervivencia” de su público y les ofrecen todo tipo de consejos, trucos y herramientas no solo para sortear la censura, sino también para hacer frente a la maquinaria represiva del Estado.
Por todo ello, el CEPA considera que los países democráticos deberían ver estos medios como “un activo estratégico en la lucha contra la dictadura rusa y su influencia en el extranjero” y como un ejemplo de cómo, gracias a la tecnología y al apoyo institucional, es posible combatir desde las voces libres a los regímenes autoritarios de todo el mundo.
Según Kolezev, “mantener el acceso, aunque sea para una parte de los rusos, a los medios independientes y a fuentes de información alternativas es muy importante para impedir la fascistización del país, el embrutecimiento intelectual generalizado de la población a través de la propaganda y el fomento de sentimientos ultranacionalistas, agresivos y revanchistas”. “Si no queremos tener una Alemania nazi 2.0 con armas nucleares a las puertas de Europa, es muy importante que los rusos puedan escuchar voces alternativas”, concluye.
Sokolova no ve “perspectivas de futuro demasiado halagüeñas”, pero considera “importante seguir existiendo” para los millones de personas que los siguen. “Si se produce un cambio de régimen, los medios independientes tendrán un papel muy importante. Por tanto, simplemente tenemos que sobrevivir y esperar a que llegue ese momento”, resuelve.