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Las dependencias que ahogan a Europa

Rodrigo Ponce de León

Corresponsal en Bruselas —
8 de mayo de 2026 22:16 h

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Este 9 de mayo se celebra el Día de Europa. Las instituciones europeas abren sus puertas a los ciudadanos en Bruselas, que tendrán la posibilidad de pasear por los pasillos por los que se discuten y trazan las políticas que van a marcar sus vidas. Es un día de fiesta, aunque la Unión Europea no está para jolgorios. Una situación económica difícil vinculada a demasiadas dependencias, que van desde la defensa a los combustibles fósiles, exacerbadas por la presidencia de Donald Trump o la amenaza de Vladímir Putin, están desestabilizando al bloque europeo, que tiene en sus dinámicas y en su interior a su principal enemigo.

Mientras, hay una mayoría de ciudadanos que mantiene su confianza en el sueño europeo y quieren que avance en su camino por una mayor soberanía. En el último eurobarómetro publicado este viernes por Eurostat se señala que casi tres cuartas partes (72%) de los ciudadanos encuestado creen que su país se ha beneficiado de ser miembro de la UE. Casi tres cuartas partes de los europeos (73%) coinciden en que la UE es un espacio de estabilidad en un mundo convulso. El apoyo a una cooperación más estrecha en materia de defensa se mantiene en el nivel más alto jamás registrado: un 81% respalda una política común de defensa y seguridad entre los Estados miembros.

“La UE atraviesa un momento delicado; no solo por las guerras que la rodean, la inminente crisis económica y el debilitamiento de la relación transatlántica, sino también por su creciente duda sobre sí misma. Los últimos años han mostrado que los países europeos se permitieron volverse demasiado dependientes de Estados Unidos para su seguridad, de Rusia para la energía y de China para la producción industrial. No han hecho lo suficiente para mantener sus economías en crecimiento e innovación”, argumenta Pawel Zerka, investigador del European Council of Foreign Relations.

La realidad es que la vuelta de Donald Trump a la Casa Blanca se ha traducido en una fuerte disrupción para un bloque europeo que comenzaba a salir de la crisis económica que provocó la invasión rusa de Ucrania. Los datos lo demuestran: la inflación en la zona euro se ha incrementado hasta el 3% en abril mientras que el crecimiento de la economía solo alcanzó el 0,1% en el primer trimestre de 2026 debido al impacto de los precios energéticos que ha provocado el conflicto en Oriente Medio que iniciaron EEUU e Israel sin avisar a Europa.

La política económica de imposición de aranceles del presidente de EEUU ha llevado a la UE a firmar un tratado comercial, calificado como “humillante” por algunas capitales europeas, que no termina de ser ratificado por las instituciones europeas por la desconfianza que provoca Trump con sus continuos cambios.

A pesar de que Trump llegó a amenazar a Europa con subir los aranceles hasta el 25% a los automóviles europeos si no se cerraba ya el acuerdo comercial firmado entre ambos bloques el verano del año pasado, la respuesta de la Comisión Europea ha sido tratar de agradar al presidente de EEUU. Este jueves, la presidenta de la Comisión, Ursula Von der Leyen, informó que había hablado por teléfono con Trump sobre el acuerdo comercial y que “ambas partes seguimos plenamente comprometidas con su implementación. Se están logrando buenos avances hacia la reducción de aranceles a principios de julio”, mientras que el presidente estadounidense traducía su conversación en una ampliación hasta el 4 de julio antes de cumplir con su amenaza. Ironías del destino, poco después se supo que el Tribunal de Comercio Internacional de EEUU sentenció que el presidente de EEUU ha infringido la ley al imponer un arancel del 10% a la mayoría de las importaciones estadounidenses.

Con una visión algo más pragmática, el presidente del Consejo Europeo, António Costa, comentó que la prioridad de la UE es “estabilizar el comercio, estabilizar la OTAN e intentar preservar lo que tenemos [con Estados Unidos]… Estamos trabajando muy duro para mantener la calma y seguir adelante”. Ante la política de avalancha de mensajes digitales con los que se prodiga Trump, Costa trató de explicar que “la UE nació en los años 50… No somos muy buenos en redes sociales. Preferimos no responder a cada tuit”. Otros países como España o Francia ha apelado al espíritu de Groenlandia, cuando la UE se mantuvo unida y sacó herramientas como el instrumento anticoerción que frenaron las ansias expansionistas del presidente estadounidense. 

“La transformación de la relación transatlántica es irreversible”

La cuestión es si la UE está respondiendo adecuadamente a las actuaciones de la Administración Trump. Pierre Vimont, investigador en Carnegie Europe, explicó las consecuencias negativas de esta actitud de amabilidad con los cambios de posición del presidente de EEUU. “Al mezclar una actitud de complacencia con estallidos de crítica que se revierten rápidamente bajo la presión de los arrebatos digitales del presidente, los europeos carecen de una línea política coherente. Europa no ha logrado hasta ahora encontrar una respuesta adecuada al flujo de iniciativas contradictorias que emanan de Washington. No ha sido capaz ni de mantener un perfil bajo, soportando abiertamente todos los caprichos de Trump a la espera de tiempos mejores, ni de adoptar una postura más firme, lo que podría conducir a posibles represalias. Europa aún duda en admitir que la transformación en curso de la relación transatlántica es irreversible”.

La UE atraviesa un momento delicado; no solo por las guerras que la rodean, la inminente crisis económica y el debilitamiento de la relación transatlántica, sino también por su creciente duda sobre sí misma. Los últimos años han mostrado que los países europeos se permitieron volverse demasiado dependientes de Estados Unidos para su seguridad, de Rusia para la energía y de China para la producción industrial

Parte de esta complacencia con Trump se explica por la debilidad económica de Alemania. Golpear con un 25% de aranceles a la industria del automóvil europea es un claro escarmiento para Alemania y una venganza contra su canciller, Friedrich Merz, que llegó a decir que Irán “estaba humillando” a los EEUU. Además del castigo arancelario, Trump anunció el repliegue de 5.000 soldados estadounidenses de Alemania, de los 36.000 que tiene destinados EEUU en ese país, en otro golpe en la mesa que habla de la dependencia de la Unión Europea del paraguas defensivo de Estados Unidos.

Ahora bien, esa dependencia debería ser interpretada por la UE como mutua. Jesús A. Núñez Villaverde, del Real Instituto Elcano, señala que “las facilidades concedidas a EEUU en la cincuentena de bases e instalaciones militares con las que cuenta a este lado del Atlántico –entre las que figuran las bases españolas de Morón y Rota– le permiten proyectar poder tanto terrestre como naval y aéreo a zonas de interés preferente para su propia estrategia de seguridad planetaria”. Sin esta capacidad militar repartida por el mundo, “si Trump termina por materializar sus fanfarronadas –salir de la OTAN, expulsar a España (un supuesto imposible) o retirar recursos de Alemania–, el primer dañado será el propio EEUU”, remata Núñez Villaverde.

Rusia y la dependencia de combustibles fósiles

Sin embargo, si hay una consecuencia de la política exterior que puede afectar a la defensa europea, pero tiene que ver más con la guerra contra Irán iniciada por Estados Unidos. Liana Fix, investigadora del Council on Foreign Relations, comentó que la salida de las los 5.000 soldados de Alemania “no parece amenazar el número mínimo de 76.000 soldados que el Congreso de EEUU ha ordenado estacionar en Europa”. Pero “sí se suma a una lista de cuestiones con consecuencias duraderas para la seguridad europea”, argumentó Fix que “incluye el agotamiento de las reservas estadounidenses debido a la guerra con Irán y los retrasos en las entregas de armamento a Europa, donde la posible cancelación de los misiles de crucero Tomahawk que se planeaba estacionar en Alemania en 2027 es especialmente preocupante” ante la latente amenaza de Rusia.

La dependencia de los combustibles fósiles de Rusia ha enseñado la clara lección para Europa de evitar la dependencia de esta fuente de energía, aunque la UE gasta más de 370.000 millones de euros anuales en combustibles fósiles importados.

Al mezclar una actitud de complacencia con estallidos de crítica que se revierten rápidamente bajo la presión de los arrebatos digitales del presidente, los europeos carecen de una línea política coherente. Europa no ha logrado hasta ahora encontrar una respuesta adecuada

Mediante sanciones por la invasión de Ucrania, la UE ha reducido su dependencia de los combustibles fósiles rusos, de manera que el gas ruso por gasoducto en las importaciones de la UE cayó del 40% en 2021 a aproximadamente el 6% en 2025. En el caso del gas de gasoducto y el Gas Natural Licuado combinados, Rusia representó alrededor del 12 % del total de las importaciones de gas de la UE en 2025, según el Consejo Europeo.

Aunque desde finales de 2025 la Comisión se embarcó en una extraña política para desandar la senda verde que se aprobó en la pasada legislatura europea, con rebaja de las exigencias medioambientales en la UE en pacto entre el Partido Popular europeo y las formaciones de ultraderecha, la guerra de Irán ha terminado de convencer a Europa de la necesidad de electrificar la economía y buscar la soberanía energética, a través de fuentes renovables y la energía nuclear.

Von der Leyen advirtió de que en solo 60 días de conflicto de Irán, la factura europea “por importaciones de combustibles fósiles ha aumentado en más de 27.000 millones de euros, sin una sola molécula adicional de energía. Estamos perdiendo casi 500 millones de euros al día”.

De todas maneras, algo está cambiando en las capitales europeas ante las frustrantes negociaciones para poner fin a la guerra en Ucrania lideradas por Trump. El presidente del Consejo Europeo afirmó que existe “potencial” para que la UE negocie con Putin. Estas negociaciones contarían con el respaldo del presidente de Ucrania Volodímir Zelenski.

“Estoy hablando con los 27 líderes nacionales [de la UE] para ver la mejor manera de organizarnos e identificar lo que necesitamos para discutir de forma efectiva con Rusia cuando llegue el momento adecuado”, dijo Costa. Varios países europeos como Francia, Italia o Bélgica han manifestado su posición favorable a dialogar con Putin para acabar con un conflicto que ya dura cuatro años.

Guerra comercial con China

Respecto a China, la UE está siguiendo una política de confrontación comercial ante el control de mercados estratégicos que ha conseguido el gigante oriental ante la desidia europea. Esta semana la Unión Europea elevó su guerra comercial contra China con su plan para vetar proyectos de energías renovables con fondos de la UE que contengan piezas chinas. No es una maniobra única, ya que a este movimiento hay que sumar los aranceles a los vehículos eléctricos o las trabas a la contratación pública que se recogen en la política de “made in Europe”. 

Incluso se ha llegado a hacer un acuerdo con EEUU para una asociación estratégica para profundizar en la cooperación en minerales críticos y las tierras raras. Estas materias primas se han convertido en fundamentales en el nuevo contexto geopolítico, ya que son fundamentales para la industria tecnológica y de defensa. China controla el suministro mundial de metales críticos: representa el 70% de la minería global y el 90% de la capacidad de procesamiento de estos materiales en el mundo.

En esta posición de la UE ante Estados Unidos, Rusia y China no se ha quedado parada. Europa ha puesto en marcha acuerdos comerciales con América Latina, India, Indonesia y Australia, se están incrementando las inversiones en defensa europea, mientras que en el mercado interior se trabaja para eliminar barreras y potenciar un mercado único integrado de la UE.

Ahora bien, en 2027 hay elecciones en Francia, Polonia, Italia y España que pueden ser definitivas para Europa si la ultraderecha, aliada de Trump y enemiga de la UE, consigue ganar en algunos de estos países. Como asegura Pawel Zerka, investigador del European Council of Foreign Relations, “la ventana para navegar la crisis de madurez de Europa se está cerrando rápidamente”.