ENTREVISTA Natalia Zviagina

La directora de Amnistía Internacional para Rusia: “La ley anti-LGTBI fomentará una discriminación abominable”

La directora de Amnistía Internacional para Rusia, Natalia Zviagina.

El presidente ruso, Vladímir Putin, ha firmado esta semana la polémica ley aprobada por el Parlamento que prohíbe difundir “propaganda” sobre lo que llama “relaciones sexuales no tradicionales” en publicidad, películas, libros o redes sociales, lo que podría acarrear fuertes multas a individuos y organizaciones.

La directora de Amnistía Internacional para Rusia, Natalia Zviagina, responde a las preguntas de elDiario.es sobre la nueva ley contra la “propaganda LGTBI”, que amplía las restricciones ya existentes para menores a personas de todas las edades y ha sido fuertemente criticada.

“Sin duda, fomentará una mayor homofobia y una discriminación abominable”, dice Zviagina. “Es solo una de las muchas creadas por el Gobierno de Putin en los últimos años para recortar las libertades de los rusos de a pie”.

Putin firmó el lunes la polémica ley contra la “propaganda LGTBI”. ¿Qué lectura hace?

Desde ese día ha entrado en vigor en Rusia. La mayoría de los abogados y activistas de organizaciones LGTBI están intentando explicar al público que la reforma no lo prohíbe todo. La ley no afecta al cambio de documentos, operaciones y otras cuestiones de la transición de las personas trans. No afecta a la educación de los niños. Solo regula la difusión de información. Por tanto, crea más riesgos para quienes imprimen y venden libros, proyectan películas, editan fotografías y páginas web y publican cosas en redes sociales.

Con estas enmiendas, la ley rusa restringe la libertad de expresión y discrimina a las personas LGTBI aún más que antes. En Amnistía Internacional criticamos este planteamiento. Puede llevar a prohibir la promoción de “relaciones sexuales no tradicionales” a todos los grupos de edad.

Es muy probable que esta nueva ley se utilice para cerrar ONG, bloquear páginas web de temática LGTBI, reprimir páginas de redes sociales e intimidar a los activistas con multas exorbitantes. Sin duda, fomentará una mayor homofobia y una discriminación abominable. La ley no solo ha permitido, sino que ha fomentado activamente la represión de cualquier actividad relacionada con el colectivo LGTBI en la sociedad civil. Es solo una de las muchas creadas por el Gobierno de Putin en los últimos años para recortar las libertades de los rusos de a pie. El espacio para hablar libremente y expresar la identidad individual sigue reduciéndose.

La ley es una ampliación de la que ya existe para menores. ¿Qué efectos ha tenido esta legislación?

Esta ley ha cambiado y destruido la vida de la gente corriente. Una amiga mía bibliotecaria de [la región rusa de] Voronezh, que es lesbiana, perdió su trabajo porque no había ocultado previamente su apoyo al movimiento por los derechos LGTBI. Se olvidó de su carrera en el mundo de las bibliotecas. Soñaba con implantar nuevas tecnologías en su biblioteca y llevar proyectos sociales. Se mudó a la capital, trabajó en proyectos editoriales y en una librería de Moscú. Recibió tratamiento por depresión. Los habitantes de Voronezh se convirtieron en víctimas de la ley.

La mayoría de mis amigos LGTBI han abandonado Rusia. Los activistas que ayudan a las personas LGTBI se enfrentan a acusaciones todo el tiempo. En enero de 2020, Elena Klimova fue acusada en virtud de la ley rusa contra la “propaganda gay” por dirigir Children 404, una web que ofrece apoyo a adolescentes LGTBI, les proporciona información y asesoramiento de profesionales sanitarios, junto con un foro cerrado para que los adolescentes compartan sus experiencias (muchas de ellas historias de acoso, rechazo y pensamientos suicidas) y conecten entre sí, con personas que experimentan problemas similares en un espacio donde se acepte y respete la identidad y la orientación sexual de cada individuo.

También han denunciado el caso de Yulia Tsvetkova, artista y activista LGTBI que fue acusada de “difundir pornografía” por publicar dibujos de cuerpos femeninos en Internet.

Su historia es el ejemplo más ilustrativo de persecución de activistas. Fue perseguida por un individuo anti-LGTBI de San Petersburgo. Julia vivía en la otra punta del país, a miles de kilómetros. Pero él la encontró en las redes sociales y redactó denuncias sobre sus actividades en Internet a la Policía de su ciudad, Komsomolsk-on-Amur.

Solo gracias al apoyo de personas de todo el mundo, Yulia fue absuelta y puesta en libertad. Y el hombre que la persiguió, Timur Bulatov, embistió a dos coches en la carretera el 1 de diciembre, porque estaba borracho. Y ahora está siendo procesado penalmente. 

¿Qué aspectos de la nueva ley le parecen más preocupantes?

En 2022, antes de la aprobación de la ley, según el Tribunal Supremo ruso, seis personas fueron multadas por “propaganda de relaciones sexuales no tradicionales entre menores”. Lo mismo ocurrió en todo 2021. Creo que nadie espera que la nueva ley se aplique en masa. Sin embargo, el mayor riesgo es la posibilidad de su uso selectivo e impredecible.

Activistas LGTBI experimentados como Igor Kochetkov opinan que estas enmiendas concretas no son tan temibles como parecen a primera vista. El plan del Gobierno era mostrar a la población que el Kremlin había derrotado por fin al colectivo LGTBI y a los valores occidentales. La prohibición de la propaganda LGTBI es en sí misma propaganda del poder del Kremlin. El debate sobre esta ley en los medios de comunicación distrajo a la gente de las noticias sobre las derrotas del Ejército ruso en Ucrania.

Hay quienes creen que la redacción de la ley es vaga y esto dificulta evaluar cuán restrictiva puede ser la ley.

Esta ley no cambia mucho desde el punto de vista técnico y jurídico. Sin embargo, no aclara cómo se aplicará.

Los especialistas en distintos campos toman decisiones diferentes por sí mismos. Los propietarios de editoriales creen que marcar un libro como para mayores de 18 será suficiente. Al mismo tiempo, un libro así, como las revistas porno, debe venderse sellado en plástico para que los niños no puedan hojearlo en la tienda y tropezar con información prohibida. Quizá no sea la peor noticia, dado que las librerías de Rusia empezaron a vender libros de “agentes extranjeros” envueltos en papel o en una bolsa negra.

¿Qué efectos puede tener en la cultura?

El periodista científico Alexander Panchin se quejó de que tuvo que pagar una consultoría jurídica para comprender los riesgos a los que podía enfrentarse al hablar de selección natural, de antropología. Por supuesto, muchos prefieren simplemente evitar los temas LGTBI en televisión, monólogos, teatro, etc. Así es como se extiende la autocensura.

Algunos activistas llaman a esta ley “la ley para fomentar la emigración de Rusia de los creativos”. La artista Yulia Tsvetkova ya ha abandonado el país.

La misma ley también prohíbe “la promoción de la pedofilia”. ¿Qué opina de que ambas cosas se incluyan en la misma legislación?

Prefiero no crear confusión. Al contrario, apoyo la idea de no exagerar las explicaciones de esta ley. Por desgracia, la propaganda del Kremlin difunde activamente la confusión y el miedo, equiparando a las personas LGTBI con los pedófilos. Es una pena que los científicos y los activistas de derechos humanos se vean privados de recursos para decir la verdad.

Putin defiende lo que llama “valores tradicionales”, ha arremetido contra Occidente, al que acusa de “satanismo”, por permitir cirugías de reasignación. Uno de los artífices de la ley dijo que lo LGTBI es un “elemento de guerra híbrida”. ¿Están apuntando a lo que consideran occidental y progresista?

Sí.

Amnistía Internacional dijo en abril que las autoridades rusas cerraron su oficina en Moscú, ¿cómo trabajan ahora, qué dificultades encuentran? 

Seguimos trabajando. Ya he sufrido amenazas por apoyar a activistas LGTBI. Una noche, unos desconocidos arrojaron a mi balcón un paquete con cabezas de gallos. Por alguna razón, en Rusia se compara a las personas LGTBI con los gallos. Pero Amnistía seguirá protegiendo los derechos de las personas LGTBI.

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